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Princesas de medianoche
23 Jun 2008(10:24:50)

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Ellas no se duermen temprano. A sus 16 años interrumpen su vida para exponer en venta su cuerpo, sin que ninguna autoridad o institución las rescate y les restituya sus derechos
Por: Por Jesús Peña

Por las esquinas, las calles oscuras y los barrios marginales de Saltillo, se esconden historias sórdidas, que el común de la gente, y aún las autoridades, se niegan a creer.

Se trata de las vidas de menores de edad que noche tras noche, o a plena luz del día, emergen de las colonias pobres a la ciudad para vender su cuerpo.

Son adolescentes, en su mayoría mujeres de entre 16 y 17 años, que por 100 pesos, 800 pesos o mil 200 pesos, ofrecen servicios sexuales completos a clientes que gustan de rondar los sectores populares en busca de placer.

La calle de Urdiñola, a la altura de Lamadrid; la prolongación Pérez Treviño, en su intersección con la colonia Postal Cerritos, y la calle de Pedro Aranda, en la Bellavista, son el paradero de estas adolescentes cuya jornada de trabajo comienza entre 9:00 y 10:00 de la noche y concluye en la madrugada.

Taxistas, homosexuales y las páginas de avisos clasificados de los periódicos locales suelen ser el contacto en este negocio de la prostitución de menores que día con día se torna más visible.

Semanario realizó varios recorridos por estos puntos y comprobó que no solamente en zonas fronterizas como Ciudad Acuña o en destinos turísticos como Cancún, el comercio carnal de menores es cosa de todos los días.

De esquina en esquina
Cae la noche. Voy sobre la calle de Urdiñola, justo frente a la colonia Centenario, a bordo de un Tsuru, con faros de neón y placas de taxi.

“¿A donde vamos?”, pregunta el chofer, un hombre de voz chillona, vientre sietemecino y anteojos. Le digo que esta noche he salido sin rumbo fijo a buscar por la ciudad una mujer, de preferencia jovencita, para un cotorreo.

El chofer la emprende en silencio por Urdiñola, con una mano al volante y la otra en la barbilla como haciendo memoria.

Cuadras adelante acerta a decir que algunas noches ha visto por este rumbo a una jovencita de 16 ó 17 años, como esperando cliente en uno de los paraderos de camión que hay sobre la calle Urdiñola.

“Es una flaquilla, güera. A veces se pone por la iglesia de Goretti. A ver si sale ahorita la cabrona...”, comenta al tiempo que empuja en tercera la palanca de velocidades.

Al filo de la media noche llegamos al paradero de camiones que se encuentra a las afueras de la Parroquia de Santa María Goretti, pero no vemos a nadie en este tramo de Urdiñola, donde la oscuridad es espesa.

“¿Dónde estará esta vieja?”, pregunta para sí el ruletero y se retorna en vuelta de bandido para buscar a la chica cuadras atrás.

Calles después vemos a una muchacha delgada, de tez blanca, que lleva puesta una playera blanca y un pantalón de mezclilla. La chica está sentada en un tronco de árbol, como tomando el fresco de la noche.

A su lado está un hombre de cabeza rapada, que conversa con ella al tiempo que ve pasar delante de sus ojos las luces del tráfico.

“¡Esa es!”, repara el taxista y detiene el coche intempestivamente frente a un puesto de hot dogs. “Ahí está, ahí tú sabes como le llegas, dile al del puesto que te la conecte”.

Bajo del taxi. En la calle de Urdiñola se respira el olor que despiden las salchichas, las ruedas de carne molida y el pan, tostándose en el comal.

“¿Ya llegó la chica”, pregunto sin saludar al hombre de piel sonrosada, poco pelo y delantal, que mete dentro del pan con la espátula una de las ruedas de carne que crepitan sobre el comal.

“Ahí anda arriba. ¿No la viste? Está con su novio, el güey que la cuida o sabe que será de ella”, advierte.

El hombre del puesto me cuenta que la adolescente viene a esta esquina todas las noches para prostituirse, que llega a eso de las 10:00 y que su clientela es muy variada.

“Esa vieja lo que tiene es que agarra de todo. Es muy cochinota, de repente se va con taxistas, camioneros, albañiles, cualquier cabrón que pase. Si quieres te la presento, espérate, ahorita baja”, dice quedito.

Más allá varios muchachos esperan tirados en la banqueta su orden de hamburguesas.

“Ahí viene”, me dice otra vez en voz baja el cocinero y señala con la cabeza a una pareja que se aproxima. Es la misma mujer delgada y blanca y el hombre rapado, que minutos antes el taxista y yo vimos sentados en el tronco de un árbol.

La chica y su acompañante pasan de largo frente a nosotros, por abajo de la acera. El hombre del puesto ambulante pide me mantenga a distancia, llama a la muchacha e intercambia algunas palabras con ella.

“Oye, aquí te busca el chavo”, le dice por fin, la adolescente se detiene y avanza unos pasos hacia mí y las luces del puesto de hamburguesas iluminan su rostro más bien infantil.

Se llama Iris, tiene 16 años y a diario se para en esta esquina, de 10:00 de la noche a 4:00 de la mañana, para esperar clientes de un rato, antes hay que pagarle 100 pesos, me cuenta con su voz aniñada.

Le explico entonces que estoy buscando chicas como ella para un reventón, que me gustaría contratarla y que si conoce a otras jóvenes de su edad que se dediquen al trabajo sexual. Responde que no, que ella es la única del rumbo y que está disponible todas las noches en este lugar.

Sin más ni más me despido de ella, la chica da la media vuelta y su sombra se pierde entre las luces ámbar de los automóviles.

Fue en un bar
El rumor sobre la existencia de una supuesta red de prostitución de menores de edad, me ha traído otra tarde hasta las calles polvorientas de la colonia Postal Cerritos, localizada al oriente de Saltillo.

Sin ninguna pista, echo a caminar por los callejones de este sector, en el que se levantan filas de tejabanes, bodegas de muros altos y casas de block a medio construir.

Luego de andar varias cuadras dirijo mis pasos hacia un hombre de rostro campesino, que se ataja el sol picante del mediodía recargado a la sombra de una vivienda de lámina.

El hombre se incorpora y lanza una sonrisa pícara cuando le explico el motivo de mi vista a esta colonia. Le digo que he venido hasta aquí en busca de dos o tres chicas para una fiesta de cumpleaños.

“¿Te dijeron que aquí?”, pregunta como fingiendo extrañeza. “Sí, me dijeron incluso que aquí hay cuartos para este business”.

El hombre me cuenta que en este sector sabe solamente de un homosexual que regentea en una cantina del barrio a tres o cuatro muchachas “de todas las edades”.

“Si quieres déjame algún teléfono y yo te pongo en contacto con el jotillo, ahí me das pa’ las cocas”. No bien transcurre una hora, cuando recibo en mi teléfono un mensaje del homosexual, que se dedica a regentear mujeres en la colonia Postal Cerritos.

Casi de inmediato me reporto a su llamada. Una voz como de mujer se oye al otro lado del teléfono.

– Soy Rodrigo, la del bar ¿Que me anda buscando? – Sí, lo que pasa es que necesito unas chicas para una fiestecita. – Tengo cuatro.
– ¿Chiquitas?
– Mmm... la más chica es la Mary, tiene 17 años, confiesa Rodrigo y le advierto entonces que antes de iniciar cualquier transacción me gustaría platicar con él. A las 3:00 de la tarde del día siguiente, arribo en un taxi a un bar de mala muerte de aquella colonia.

Afuera de la cantina me aguardan cuatro mujeres y Rodrigo, quien lleva pelo negro hasta los hombros, gafas oscuras, top y mallón, también negros.

“Aquí las tienes”, dice como impaciente. Las chicas se dan la media vuelta y se meten al bar sin decir nada. La música norteña de la cantina inunda toda la calle.

Entonces Rodrigo hace venir a Mary, para que la conozca. Es una muchacha más bien esbelta, de piel apiñonada y estatura mediana. Lleva puesta una blusa fiucha y un jean negro ajustado. Rodrigo me advierte que esta chica tiene 17 años, trabaja nada más entre semana, que no cobra menos de 800 pesos por una hora y media de sexoservicio y que para contratarla hay que llamarle a él para negociar media hora antes.

“Lo que es sábado y domingo no trabaja, porque llegan sus papás y no puede salir”, suelta Rodrigo. Minutos después me marcho con la promesa de llamarlo para contratar a la muchacha.

Avisos de ocasión
Buscando en las páginas de avisos de ocasión de los periódicos locales que ofertan masajes eróticos y relajantes, shows, chicas guapas y “complacientes” o servicio a parejas swinger, se puede encontrar también a menores de edad, incluso de secundaria, que son subastadas por teléfono y rentadas al mejor postor.

Es la mañana de otro día. Desde un teléfono público intento comunicarme al celular de un anuncio de ocasión que promueve en letras chiquitas “Lindas colegialas”. Después de varios tonos, se escucha al otro lado de la línea la voz de un hombre, que parece modorro o desvelado.

Le digo que le estoy llamando porque deseo contratar los servicios de una de sus chicas. El hombre responde que tiene a varias disponibles toda la noche: Johana de 19 y Zafira de 20, pero que su “catálogo” incluye también a dos niñas de secundaria, una de 13 y la otra de 14 años.

La voz masculina explica luego que puede mandarme vía correo electrónico las fotos de las dos niñas.

“Me interesa la de 14”, resuelvo. Me cuenta que la chica se llama Daniela, que cobra mil 200 pesos por una relación vaginal y que puede trasladarse sin problema a hotel o casa prestada. – ¿Mil 200 pesos la relación vaginal?
– Ajá
–¿Cuánto por hora?
– No, no, ella no da ese servicio.

No hay reportes
Entrevistado sobre el fenómeno de la prostitución de niños y adolescentes en Saltillo, Ricardo Turrubiates Vargas, director de Prevención del Delito y Atención a Víctimas, señala que hasta el momento la dependencia no ha recibido reportes de este tipo.

Y aclara que sólo en ciudades fronterizas como Acuña se ha observado presencia de comercio sexual infantil o de adolescentes.

“En nuestro estado, casi podría asegurar que estamos muy lejos de esta situación”.

Se deslinda la Procuradora de la Familia El Ministerio Público es la instancia indicada para recibir e investigar denuncias sobre prostitución de menores de edad, así lo declara María Teresa Araiza Llaguno, procuradora de la Familia en el Estado.

Y explica que de comprobarse algún caso de comercio sexual infantil en Saltillo, la oficina a su cargo está obligada a brindar asesoría de tipo psicológico y jurídico a las víctimas. Revela además que el año pasado, y en lo que va de 2008, la Procuraduría de la Familia ha recibido cinco denuncias por delitos de explotación sexual infantil, provenientes de las regiones Centro, Laguna y Carbonífera.

“Son menores de 16 y 17 años. Muchos de los que se dedican a esto, son hijos de madres que ejercieron o ejercen la prostitución”. Es una realidad

La prostitución adolescente en Coahuila es una realidad, advierte Victoria Ramos del Bosque, directora de la Casa de los Niños de Saltillo. Y agrega que se trata generalmente de menores de 14 años y más, provenientes de sectores marginados de la ciudad.

“Muchas de ellas tienen ya un bebé, no encuentran empleo, porque ni terminaron la secundaria, son jovencitas a las que se les cierran todas las puertas, la única alternativa que les queda es la prostitución para salir adelante, ella y su bebé”.

“Ellas siempre están con la ilusión de decir ´yo voy a estar un tiempo, dos años, hago dinero, pongo un salón de belleza`, no es cierto, no pueden, las va absorbiendo el medio, las va atrapando el medio”.

Comenta que en la mayoría de los casos, las adolescentes que dedican a esta actividad se vuelven blanco fácil del abuso y la explotación, incluso, por parte de los encargados de cuidar el orden público.

“Ellas son explotadas por todos los que están alrededor, sea económicamente, o sea en servicios gratis. Como me decían algunas muchachas: ´no, pues a veces los mismos policías nos piden servicio gratis`. Les pide el que les renta el cuarto, el que las cuida, la propia familia....”.

Nadie los atiende
Por su parte Martha Romero Martínez, presidenta de una asociación civil que lleva su nombre y está dedicada a brindar albergue a mujeres e infantes víctimas de violencia, lamenta el hecho de que en Coahuila no existan las instancias ni la atención adecuada para los niños o adolescentes que son presas de la prostitución.

“No hay instancias que atiendan a estos niños y niñas, no lo que ellos esperan, por eso salen a buscar lo mismo. No hay quién los apoye”.

Y agrega que a su paso por esta institución, ha conocido y visto de cerca los casos de niñas que son abusadas sexualmente, prostituidas, inducidas a las drogas y que acaban por vivir en amasiato con personas adultas.

“Hay y mucha prostitución, sobre todo porque somos una ciudad de paso, pero no nos damos cuenta, las mamás no se dan cuenta, se da cuenta primero la gente y luego los padres”. Que denuncien

Raúl Rodríguez Cervantes, encargado del Centro Comunitario Ejército de Salvación, exhorta a la población en general a denunciar ante las autoridades los casos de explotación sexual de menores. “Estos casos no se dan a la luz pública, porque no se interpone una demanda, no se conocen. Deberíamos de denunciar para evitar este problema”.

Agrega que desde hace cinco años el personal que presta servicio voluntario en el Ejército de Salvación, ha recibido un curso intensivo sobre “Tráfico Ilegal de Personas”, que pretende ofrecer las herramientas para la detección y combate del comercio sexual infantil y de adolescentes. “Nos han enseñado a trabajar con ellos, a identificarlos...”.

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