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Date
8 Ago 2009(13:44:36)


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Una joven musulmana se ha visto obligada a utilizar un pony porque de acuerdo con el Islam la saliva de perro es impura. Sin embargo, debe enfrentar la desaprobación de sus vecinos por tener al caballito en su jardín.

Ciudad de México.- Mona Ramuni, una musulmana invidente de 29 años utiliza un pony como lazarillo debido a que el Islam considera que la saliva de los perros es impura.

Una hembra llamada Cali, quien tiene la talla de un perro grande y pesa sólo 45 kilos se ha convertido en los “ojos” de Mona. El adiestramiento del animalito tomó cerca de 7 meses, durante los cuales la pequeña hembra de cuatro años aprendió a golpear con su pezuña el suelo para advertir sobre un obstáculo, subir y bajar de los autobuses así como reagrupar objetos desperdigados para que Mona los recoja.

El pony enano tiene la ventaja de vivir 30 años aproximadamente frente a los 12 que vive un perro. Sin embargo, los vecinos de Ramuni no están de acuerdo con que la chica tenga al caballito en su jardín.

Ambas viven en la localidad de Dearborn, e Michigan, Estados Unidos, donde existe una legislación que facilita que las personas con capacidades diferentes no sean discriminadas y que sus animales sean admitidos en hoteles, restaurantes y comercios. Aún así, es difícil conseguir la aceptación hacia el pony por parte de la comunidad.

Mona, quien proviene de una familia musulmana jordana muy devota, ha enfrentado la reticencia de sus familiares que nunca habían tenido mascotas, también sufre la desaprobación de sus vecinos por tener a un pony en lugar de un perro, incluso le han llegado cartas amenazantes y degradantes sobre su religión y la prohibición hacia los perros.

Sin embargo, Mona piensa mantener a Cali a su lado ya que gracias a ella ha podido interactuar mejor con las personas. “Antes de tener a Cali tenía miedo de desplazarme sola, incluso si se trataba de algo que estaba a mi alcance. Ahora he evolucionado hacia otro mundo. Percibo las cosas de manera diferente y tengo la impresión de tener muchas más capacidades”.

La joven, sólo espera llevar una vida normal, terminar un doctorado en psicología infantil y poner su propio consultorio. Mona enfrenta la posibilidad de que las autoridades le retiren el permiso para tener a Cali en su jardín. “Si me la quieren quitar, tendrán que arrancarme las riendas de las manos”.


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