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24 Dic 2009(16:44:07)


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El término lo utilizan en varias naciones de habla hispana para referirse a nuestra mexicanísima “cruda”, que no es más que la reacción que tiene el cuerpo humano ante el abuso, generalmente, de bebidas con contenido de alcohol capaz de hacer que el hígado entre en crisis y produzca todo eso que algunos conocemos: sudoración fría, náuseas y lo que acompaña: dolor de cabeza, ganas de seguir dormido y demás.
La gente siempre recomienda que, para evitar la famosa resaca –o cruda- se vaya a comer algo picoso, aunque los que conocen saben y afirman que es lo peor que podemos hacer para el organismo. También hay quien se cura con una “cheve” bien helada, y al parecer, con eso se quitan los males.
Y algunos de los encargados de la administración o la política tienen también su resaca: ésta no perdona clases ni profesiones, hemos de aclararlo, y por mucho cargo o posición, la cruda es cruda y pega porque pega, como dijera el auténtico Filósofo de Güemes.
La resaca política la padecen algunos que se dedicaron en estos días a pronunciarse a favor de una u otra candidatura para su persona, sabedores que las posibilidades reales son mínimas.
Es natural que cada persona dedicada a la grilla quiera llegar, pero también hay que entender que no todos tienen los merecimientos para lograrlo. De esa forma, en todos los institutos políticos existen las personas que saben que pueden, los que saben que no podrán, así como los que tienen verdaderas posibilidades y son objeto de todo tipo de acciones por parte de los que quieren pero no llegarán.
Parece trabalenguas, pero el caso es que solo unos cuantos se posicionarán, en tanto, la resaca política está a todo: algunos funcionarios saben de todo esto y procuran dejar una buena impresión aunque sea difícil.
En los partidos, -todos- la gente se mueve en aras de obtener, aunque sea, una posición secundaria cobijados en la sombra de los que sí llegarán.
Y como es natural, todos hicieron su carta a Santa Claus donde piden la candidatura esperada, soñada o ganada –según ellos- con el deseo de que ahora que se den “los tiempos” se les pueda nominar.
Insistimos, pocos, muy pocos llegarán, pero es loable el saber que todos hacen el intento por estar ahí, donde las candidaturas se otorgarán.
Y en esa resaca comienza a doler al cabeza, a temblar el cuerpo y demás en cada uno de los individuos que creen merecer todo. También, algunos supieron responder a los apoyos de la gente que estuvo ahí, promoviendo, promocionando o difundiendo; otros, los más, no supieron cuál es la navideña fórmula de decir Gracias y simplemente pasaron los días de posadas y Noche Buena como si nadie los hubiera visto.
Son los momentos que se viven en cada Navidad y luego de ésta: naturales, obvios, y todos, indudablemente, con la intención de que el regalo esperado se encuentre al pie del arbolito navideño que hemos instalado en casa.
Precisamente, en eso de los regalos, muchos hemos visto en nuestro árbol que no llegó lo esperado: la postulación, el perdón por las cuentas públicas que no fueron muy honestas que digamos y otras cosas, aunque a veces la gente piensa que somos más malos de lo que verdaderamente fuimos, y nos “endilgan” milagritos, sucesos y detalles que, en la intención de cumplir con el deber asumido, son criticados por quienes no tienen idea de lo que es la ley.
Ya parecen como los llamados “abogados católicos” que, supuestamente conocedores y respetuosos de la ley, han anunciado que no acatarán la recientemente aprobada ley de convivencia del Distrito Federal.
No es la ley, sino la intención de una desobediencia, más cuando viene de los que supuestamente estudiaron las leyes, pero es parte de la resaca navideña, porque al parecer, tendremos que soportar ese tipo de declaraciones faltas de congruencia, que por lo general surgen cuando el organismo no se encuentra en sus cinco sentidos.
Hay que ser muy torpe para declararse en contra de una ley y afirmar que no se le respetará por lo que sea, y en ese tipo de actitudes, la verdad, nos movemos en un México que vive su resaca propia: aumento a la gasolina, a las tortillas, al jamón, la papa, las rentas, las tarifas de luz y teléfono, las del cable y todos esos incrementos que han disfrazado los “autores” de esta enorme cruda, para que no veamos las verdaderas acciones que nos producirán, a partir de enero 1, un gran dolor de cabeza.
Y dentro de esta resaca, duele, molesta y encorajina el saber que nuestras autoridades piensan que somos tarados o retrasados, que no pensamos y no asimilamos que nos han tendido en la resaca un cerco para no ver la enorme cantidad de desatenciones que han tenido para con nosotros los mexicanos.
De todos modos, no tome su cervecita, mejor póngase la pila y a trabajar, que buena falta nos hará en el año que viene.
Feliz Navidad.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx


Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!
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