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28 Dic 2009(18:12:14)


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- Cualquier tendajo vendía cohetones, ahora la regulación es rigurosa y pocos comercializan la mercancía

Redacción/EnLínesaDIRECTA

Victoria, Tamaulipas.- Hasta el año 2000 la venta de cuetes se realizaba en la ciudad entera, sobre todo en tiendas de la esquina, el mercado y demás, una actividad de constante riesgo; ahora su comercialización se encuentra regulada y el producto se expende en completa seguridad y bajo las normas de Sedena.

La historia moderna de la pólvora y luces pirotécnicas en Victoria se remonta a la familia Zamarrón, dedicada principalmente a la fabricación de castillos multicolor para fechas cívicas como la noche del grito de Independencia o celebraciones patronales de las distintas parroquias, cuenta la ingeniero civil María Irene Álvarez Suárez, una de las propietarias de uno de los cuatro permiso para la venta de cuetes en Victoria.

Vender este producto de la temporada, hace nueve años era como ofrecer un chicle en el tendajo de la esquina, por todas partes se comercializaban, dice le entrevistada y no había una regulación como la de ahora, a pesar del peligro que representan los explosivos domésticos.

“Todos vendían cuetes en el mercado, era la locura, nadie ponía reglas, aunque yo siempre proponía que hubiera una regulación y nos ajustáramos a un reglamento”, describe.

“Pero en el mercado era sumamente peligroso hacerlo, afortunadamente nunca pasó a mayores, nunca hubo una explosión o incidente que lamentar”, narra.

Álvarez Suárez menciona que a partir de 1996 el municipio extendió unos permisos para vender los cuetes en el boulevard, donde permanecieron por varios años.

“Estuvimos hasta el 99 en ese lugar, nos iba bien, la gente ya sabía que ahí nos encontraba, teníamos algunas normas de seguridad y las cumplíamos”.

Más adelanta, narra, cerca de 1997, se colocaron en los terrenos donde antes se ubicaba la feria, por la calzada de Tamatán, a la altura del parque.

“Ahí estuvimos, nos fue muy bien, pero yo siempre seguía pensando que debíamos tener más seguridad para la población y nosotras mismas como comerciantes”.

El tianguis para la venta de cuetes en los terrenos de la feria, fue un éxito, participaron más de 30 comerciantes y hasta ese lugar se trasladaban los compradores.


DE LA IMPROVISACIÓN A LA SEGURIDAD

Siempre expuestos al peligro por el riesgo de un incendio, buscó la forma de convencer a otros comerciantes de instalarse en un lugar apartado de la ciudad pare prevenir emergencias.

“Pero nadie tenía esa precaución, el municipio nos controlaba de cierta forma y nos daba quebrada de instalarnos, sin medidas de seguridad profesionales”.

Sola, y sin el apoyo de los demás tianguistas se abrió paso entre el burocratismo a fin de conseguir un permiso para venta de explosivos en Victoria.

“El camino no fue fácil, me tuve que ir directamente a la ciudad de México, a la Sedena, si lo hacía por conducto de la zona militar en Victoria, se iba a triangular el trámite y era más tardado hacerlo”.

Pasar por la regulación militar y cumplir con sus políticas no es sencillo, reconoce, es una labor que implica desde colocar un pararayos con valor de hasta siete mil pesos.

Un permiso para vender cuetes e instalar el polvorín tiene un costo de mil 300 pesos, aunque cada año debe revalidarse por la misma cantidad ante la Defensa Nacional y si se requiere alguna modificación el costo sube a nueve mil pesos.

El permiso debe tener la anuencia del presidente municipal, las regulaciones de Protección Civil, del Ayuntamiento y del Estado y del propio jefe del Ejecutivo Estatal.


NEGOCIO DE FAMILIA

María Irene desde que tiene uso de razón ha crecido entre la pólvora; el negocio viene de varias generaciones, que han subsistido de su comercialización.

“Vengo de familia cuetera, desde mi papá hasta nosotros nos hemos dedicado a esto, de aquí ha salido para loes estudios, y lo que uno necesita”.

En el negocio trabaja la familia entera, y en temporada de diciembre contratan personal, comúnmente amigos de sus hijos de la universidad que buscan un empleo en vacaciones.

Todo el personal recibe capacitación y hasta disponen de un cuerpo de seguridad privada, plenamente actualizado en el manejo de la pólvora, más la colaboración de instituciones de seguridad y protección civil.

El negocio de cuetes, al menos en Victoria, apunta, solo se reactiva en navidad y año nuevo, el resto de la temporada, las ventas son mínimas y solo viven de la fabricación de juegos pirotécnicos para celebraciones de iglesias, y otro tipo de festividades.

“No tenemos una cultura de los cuetes, son más bien en estas fechas cuando se venden, o en fiestas patronales, ya hay contactos con las iglesias y nos hacen los pedidos de juegos pirotécnicos”.

Desde enero hasta agosto, no hay venta de cuetes, ya para septiembre comienza la actividad que culmina el diciembre con la celebración de navidad y año nuevo.


DE LAS PALOMAS A LAS LUCES FRÍAS

Los primeros cuetes que se vendieron en la ciudad, solo eran palomas, cerillos y rollos, ahora existe una gama de 67 productos de estruendos y luces.

Entre leas novedades, se encuentran el “hormiguero” una luz que truena al ser encendido con pequeños efectos; el “flash”, que simula el colorido de una discoteca.

Otras de las opciones de la temporada, son el “volcancito”, una flama que se levanta hasta tres metros de altura e ilumina en la noche de navidad o año nuevo.

Para los menores de edad, dice, llegaron cuetes con luz fría, un producto nuevo que no quema la piel, mientras desprende una luz, de los más costosos en el mercado.

Los precios de los cuetes van de los 50 centavos hasta los 80 o cien pesos. Respecto a las ventas en esta temporada, indica que comenzaron flojas.

“Pero ya están repuntando, esta semana a partir del martes, lo que pasa que el mal clima y las condiciones ambientales afectan en la compra, la gente dice para qué compramos si ni vamos a poder salir a tronarlos, porque puede llover, pero ha estado mejorando el clima y esperamos que siga así”, comenta.


EXTREMA SEGURIDAD

Su negocio se ubica sobre la carretera interejidal, a unos minutos de la ciudad, antes se ubicó a más de media hora, pero tuvo que acercarlo a los clientes.

“La gente se quejaba que estaba lejos, pero es por motivos de seguridad, debemos cumplir ciertos lineamiento, y no se trata solo de vender, sino de proteger a la población y evitar daños, por eso nos movimos más cerca de la ciudad, pero a la ves en las afueras”.

Instalar un polvorín, (espacio donde almacenan los cuetes), requiere de infinidad de medidas de seguridad primero para cumplir con los requerimientos legales y prevenir accidentes o conflagraciones.

“Tenemos que cuidar todo, no podemos instalarnos así de forma improvisada, es toda una industria, aunque sea solo en temporadas, pero necesita de máxima seguridad”.

Un polvorín, explica la comerciante, requiere de instalar pararayos, donde se encuentran colocaron cuatro de estos dispositivos en sitios estratégicos.

“Disponemos de todas las medidas de seguridad que nos pide protección civil y personal de la Sedena, son rigurosos, pero es por seguridad de todos por lo que se maneja”, indica.

Por cliente de acuerdo a la norma, solo pueden vender hasta diez kilos del producto, en caso de no cumplir la disposición, se hacen acreedores a multas y sanciones.


Sobre las ventas, esperan que el clima hasta ahora benévolo contribuya a mejorar los ingresos, porque en caso de llover en navidad o año nuevo el negocio pierde y el cielo no se ilumina y los estruendos callan.

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