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2 Ago 2016(05:07:19)


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Marcelo Galv√°n es un artista entregado a su oficio. Es refinado en sus movimientos, intenso en sus reflexiones y siempre con una voracidad insaciable por aprender y vivir nuevas experiencias.

De 23 a√Īos, en 1994 parti√≥ de M√©xico con el sue√Īo de formar parte de una de las compa√Ī√≠as de teatro m√°s exigentes y prestigiosas del mundo: la Odin Teatret, de Dinamarca.

Casi 22 a√Īos despu√©s de que abord√≥ su primer avi√≥n, vive entregado al arte de la interpretaci√≥n y la dramaturgia, sea con las puestas en escena experimentales y vanguardistas de las que forma parte o desde la estatua humana, el peque√Īo Atlas que le permite subsistir y recibir miles de sonrisas a diario en las calles de Madrid.

Galv√°n es un hombre delgado, moreno, de ojos intensos y larga melena rizada. Su periplo vital es un c√ļmulo de historias vibrantes, as√≠ como su profunda dedicaci√≥n a un oficio que lo cautiv√≥ a los nueve a√Īos, cuando descubri√≥ la potencia creadora de ser actor.

Cuando supo, en voz de una t√≠a, que participar√≠a en un ensayo para una pastorela por primera vez, naci√≥ algo muy fuerte dentro de √©l y ‚Äúa la hora del recreo estuve gritando por todo el patio: ‚Äė¬°Voy a ser actor, voy a ser actor...!‚Äô

Grandeza del escenario

En mi primer ensayo por la ma√Īana, mi t√≠a me hab√≠a llevado a la escuela el libreto, y ya por la tarde, a la hora de ir al teatro, me sab√≠a mi papel. Ah√≠ viv√≠ por primera vez esa sensaci√≥n de grandeza del escenario y sent√≠ que se abr√≠a algo nuevo, relata Marcelo Galv√°n a La Jornada.

Despu√©s debi√≥ dejar el teatro, por imperativo familiar y para dedicarse m√°s a sus estudios de primaria y secundaria. Sin embargo, cuando entr√≥ de lleno a la preparatoria, de 14 o 15 a√Īos, decidi√≥ retomar lo que lo hab√≠a hecho tan feliz.

Entr√© a una peque√Īa escuela-laboratorio del dramaturgo Eug√©ne Ionesco y ah√≠ descubr√≠ otra manera de hacer teatro, la antropolog√≠a teatral, el teatro f√≠sico. Descubr√≠ que el actor no es s√≥lo voz. Para m√≠ una voz sin cuerpo es radio y una voz sin cuerpo es pantomima.

Desde esa visión integral de la interpretación profundizó en el estilo Ionesco y descubrió otras formas de hacer teatro, como el que hacen desde hace décadas en los países nórdicos, como el mítico Odin Teatret.

Y por azares de la vida un día se vio viviendo en Oslo, aprendiendo el idioma del país al mismo tiempo que hacía de utilero.

‚ÄúEn 1994, cuando las cosas estaban muy dif√≠ciles en el pa√≠s ‚Äďhab√≠a estallado el movimiento zapatista y hab√≠an asesinado a Colosio‚Äď, vol√© a Oslo v√≠a Nueva York. Era la primera vez que me sub√≠a a un avi√≥n y que sal√≠a de M√©xico. Estuve tres a√Īos en Noruega y una vez ah√≠ hice mi sue√Īo realidad de ir a Dinamarca a conocer el Odin Teatret, pero no pude entrar y decid√≠ volver a M√©xico para participar en muchos proyectos de teatro, el primero un Tartufo, en el Teatro Tepeyac.‚ÄĚ

Foto
El artista mexicano en una de sus jornadas de estatua humana en la Plaza Mayor de Madrid, donde captura la atenci√≥n de los transe√ļntesFoto Paloma P√©rez Dom√≠nguez
Sin embargo, la adaptación de nuevo a México le costó mucho y decidió finalmente volver a Europa para integrarse en un proyecto de teatro en París.

Después viajó a Barcelona hasta que feneció su visa y se convirtió en un sin papeles.

Vinieron meses muy duros, de precariedad total, de dormir en la calle, de no tener a veces nada que llevarse a la boca, pero pese a todo manten√≠a vivo el entusiasmo por hacer teatro, por cumplir con ese sue√Īo de sus nueve a√Īos, y lo invitaron a participar en una pastorela.

‚ÄúEn 2000, cuando ve√≠a que no me sal√≠an m√°s papeles, decid√≠ construir un robot para hacer de estatua humana en la Plaza Mayor. Yo mismo lo hice con materiales de reciclaje; se llamaba El Reciclator y ten√≠a cabeza de bal√≥n de futbol y orejas de tapones de leche y hombreras de garrafa. Y a√Īos despu√©s, busc√°ndome la vida, se me ocurri√≥ seguir la senda del cicloteatro de Ernest Dami√°n y as√≠ surgi√≥ el personaje del Peque√Īo Atlas.

Me inspiré en un viaje que hice a Florencia, donde vi las estatuas fuera de la galería de los Uffizi. Y me acordé de la época en la que hacía mi robot y no me iba nada mal, así que decidí construir el personaje.

Marcelo Galv√°n, categ√≥rico, se√Īala: ‚ÄúConsidero que ser un personaje de calle es algo muy digno. Pero uno es el primero que tiene que convencerse. Puede ocurrir que es la sociedad la que no te deja, la que te margina, pero t√ļ no eres el primer marginado ni mucho menos.

‚ÄúMi rutina es ver el clima y beber lo √ļltimo que hay que beber la noche anterior, sobre todo agua. Por la ma√Īana desayuno seco, me pongo las lentillas, me recojo bien el pelo y con un cacharrito me hago el maquillaje ah√≠ mismo, en el lugar, porque lo considero parte del espect√°culo. Me gusta mucho irme transformando en la calle e ir entrando en esa din√°mica de silencio, de contacto, de ver a la gente que pasa y sentirte expuesto. Luego te subes al pedestal y estoy ah√≠ entre tres y ocho horas del tir√≥n, porque tengo una filosof√≠a muy m√≠a de generar una ilusi√≥n.

“A veces me tengo que mover un poco, porque si no las personas pasan y no se percatan de que ahí hay una estatua humana, sobre todo por la escenografía y porque todo el entorno invita a creer en esa figura en ese sitio en particular.

Creo que soy de las pocas personas que reciben en Madrid a diario much√≠simas sonrisas aut√©nticas, porque la sorpresa causa sonrisas, gui√Īos y cosas muy bonitas. Y dinero tambi√©n. Pero no soy de la idea de que no me muevo si no me dan dinero. Mi planteamiento es totalmente al contrario; pienso que la persona que me va a echar una moneda es porque mi trabajo merece la pena.

Fuente:
jornada.unam.mx
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