Author
Victoria y Anexas Ambrosio Lopez Gutierrez

Date
17 Mar 2017(15:43:45)




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Haciendo un par√©ntesis en mis accidentados estudios me ofrec√≠ como voluntario para participar en una tarea pol√≠tica que, en mis a√Īos de adolescente, me pareci√≥ de lo m√°s trascendental ya que recorrer√≠amos ciudades, pueblos y rancher√≠as en los estados de Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucat√°n recolectando firmas de personas mayores de edad y apoyar el registro electoral del Partido Comunista Mexicano, venerable organizaci√≥n ya desaparecida donde aprend√≠ marxismo rudimentario y los valores socialistas cuya defensa ha provocado que algunos de mis amigos me consideren un sujeto con capacidades diferentes.

Luego de quince horas de viaje desde Reynosa, donde viv√≠a en los a√Īos setenta, llegu√© a la Ciudad de M√©xico donde tuve la suerte de conocer a Lorenzo El Magn√≠fico y a Cirilo El Salado, ambos de Guadalajara, quienes ser√≠an mis compa√Īeros de viaje de tres meses, a bordo de una combi, en la que recorrimos miles de kil√≥metros conociendo parajes paradis√≠acos del sur de la rep√ļblica, adem√°s de interactuar con decenas de personas generosas y hospitalarias que nos compart√≠an su comida, el espacio modesto que pose√≠an y su tiempo ya que, en cada localidad, muchos hombres y mujeres, principalmente j√≥venes, se sumaban a las actividades de recolecci√≥n de firmas y de afiliaci√≥n al PCM.

En la ciudad de Puebla comenzamos con el pie derecho ya que nos establecimos en la entrada de la universidad estatal, junto al Edificio Carolino, donde miles de estudiantes, profesores y empleados, hombres y mujeres firmaron las listas para impulsar legalmente la reforma pol√≠tica de gran calado que hab√≠a ofrecido el entonces presidente Jos√© L√≥pez Portillo quien, a la postre, reconocer√≠a a los comunistas, al Partido Socialista de los Trabajadores y al Partido Dem√≥crata Mexicano como entidades de inter√©s p√ļblico ya que durante aquel sexenio los partidos y las asociaciones pol√≠ticas fueron elevadas a rango constitucional.

Despu√©s de casi diez horas de actividades nos quedaban fuerzas para la convivencia y los poblanos nos instalaron en una casa del centro hist√≥rico que funcionaba como oficinas, comedor y dormitorio bajo la vigilancia autoritaria de Enedino, un indio de la regi√≥n que ten√≠a dificultades para caminar por secuelas de polio, pero tambi√©n batallaba para expresarse en espa√Īol porque s√≥lo hab√≠a hablado en su lengua original hasta la adolescencia.

Recuerdo que con las primeras cervezas que le invitamos a Enedino se disiparon sus actitudes dictatoriales y ya de madrugada entonaba canciones en su lengua materna interrumpiendo sus tristes interpretaciones art√≠sticas para contarnos su desgraciada ni√Īez y c√≥mo ‚Äúlos compa√Īeros del partido‚ÄĚ lo hab√≠an ‚Äúliberado‚ÄĚ para llevarle a la ciudad donde le hicieron responsable de la vigilancia de la casa donde despachaban algunos de los l√≠deres m√°s destacados.

Enedino se sum√≥ a nuestra brigada y nos acompa√Ī√≥ por varias localidades poblanas promoviendo la reforma pol√≠tica pero tambi√©n era incansable bebiendo cerveza y pulque que le transformaban el semblante de indio taciturno por el de un hombre despreocupado, optimista y convencido de que ‚Äúnom√°s el comunismo puede lograr la verdadera justicia para los pobres‚ÄĚ.

En Tlaxcala nos acompa√Ī√≥ Roberto El Papalotla quien era pasante de Derecho por la UAP, pero viv√≠a en el pueblo que era el origen de su apodo que presum√≠a diciendo que cuando ingres√≥ a la facultad nadie conoc√≠a su comunidad pero que, cuando dijo de donde era, Papalotla alcanz√≥ celebridad lo cual le llenaba de orgullo (varios a√Īos despu√©s se titul√≥ como abogado y fue alcalde de su municipio).

Nos encaminamos hacia Veracruz, pernoctamos en Orizaba donde nos hospedamos en casa de un matrimonio de clase media que ten√≠a un hijo peque√Īo, muy listo, que se llamaba Galileo y que se encari√Ī√≥ con los j√≥venes desli√Īados que promov√≠an la legalizaci√≥n del comunismo como opci√≥n electoral; nuestros anfitriones se empe√Īaron en que camin√°ramos hacia las faldas del volc√°n lo cual hicimos una fr√≠a ma√Īana fortaleciendo las piernas y los pulmones.

Luego de recorrer algunos otros municipios llegamos al puerto de Veracruz donde nos recibi√≥ el abogado Ch√°vez quien daba clases en la universidad Veracruzana, era soltero, viv√≠a con una hermana y se sonroj√≥ cuando nos dijo que durante nuestra estancia celebrar√≠amos la navidad y el fin de a√Īo con una buena cena la cual organiz√≥ en forma generosa pues hubo pavo para todos y toda la bebida que cada quien pudiera consumir, adem√°s, salimos a las calles jarochas a la fiesta de La Rama cantando: ‚Äúuna limosna para este pobre viejo que ha dejado un hijo para el a√Īo nuevo‚ÄĚ y la gente sal√≠a de sus casas a darnos m√°s comida y bebida.

Fue un una localidad veracruzana cuyo nombre no recuerdo donde Cirilo hizo honor a su mote de El salado ya que, a pesar de que nos ten√≠an unos catres para dormir en una casa, √©l se empe√Ī√≥ en dormir en la combi donde lo encontramos a la ma√Īana siguiente con la cara hinchada por los golpes que le dieron unos v√°ndalos que robaron los espejos del veh√≠culo y, aunque nuestro camarada intent√≥ evitar el acto reclamando la conducta de los malandrines, ellos eran tres y le golpearon, se llevaron los retrovisores pero lo que m√°s le doli√≥ es que se llevaron el saco de pana caf√© que Rodolfo El Chicalli le hab√≠a regalado cuando regres√≥ de Mosc√ļ.

Pero nada nos deten√≠a, √©ramos los h√©roes socialistas de la nueva democracia mexicana y all√° vamos para Minatitl√°n y Coatzacoalcos pasando por J√°ltipan y Cosoleacaque donde nos impresion√≥ el tama√Īo de la planta de azufre que era dirigida por uno de los hijos del sindicalista Fidel Vel√°squez S√°nchez quien en aquellos a√Īos ya era viejo, pero estaba vivo y gozaba de cabal salud.

Cuando llegamos a Tabasco ya llevábamos casi dos meses de viaje por el sureste de México, estábamos algo cansados y aburridos, pero nos animamos cuando un empresario y editor a quien llamaban El Alacrán nos hospedó en las instalaciones de su periódico, nos asignó a su hermano para que nos guiara por la región de La Chontalpa donde tuvimos oportunidad, en nuestro tiempo libre, de admirar las ruinas arqueológicas que mostraban la grandeza de los indios chontales.

Luego de disfrutar de la hospitalidad de El Alacr√°n y su familia fuimos a Jalpa de M√©ndez, Puerto Para√≠so, Frontera y Villahermosa constatando en las calles y plazas la certeza de que los tabasque√Īos son una de las sociedades m√°s politizadas ya que personas de diferentes clases sociales carecen de prejuicios dando la apariencia de que todos son felices, haciendo honor al pegajoso tema musical que recomienda: ‚ÄúVen, ven, ven, vamos a Tabasco que Tabasco es un ed√©n‚ÄĚ.

En Campeche no ten√≠amos contactos, entonces s√≥lo improvisamos algunas tareas en las plazas principales de Champot√≥n y la capital estatal donde pudimos admirar los respectivos malecones donde siguen instalados los ca√Īones que en otra √©poca defend√≠an las costas mexicanas de los piratas que se convirtieron en una verdadera epidemia en las tranquilas aguas del Golfo de M√©xico.

Cruzamos Isla del Carmen y en panga llegamos al lugar conocido como Isla Aguada para tomar rumbo a M√©rida llegando por la noche con hambre y con mucho sue√Īo lo cual no impidi√≥ que recorri√©ramos las calles como si descubri√©ramos un nuevo mundo ya que, como j√≥venes casi adolescentes, era nuestro primer viaje de tantas semanas y la mayor√≠a de las localidades eran desconocidas pues nuestra √ļnica referencia sobre ellas eran los mapas.

Nos instalamos en la vivienda de una enfermera del Seguro Social quien, durante nuestra estancia en Yucat√°n, se fue a vivir con una de sus compa√Īeras y los camaradas Roger, Pinelo, Chabl√© y otros miembros del comit√© surtieron la despensa con comida suficiente pero tambi√©n con abundante bebida y nos dimos gusto con las cervezas yucatecas (Montejo, Le√≥n Negro y Carta Clara) que todas las tardes y noches apagaban nuestra casi permanente sed.

A punto de concluir el recorrido debo decir que Lorenzo El Magnífico, aparte de manejar la combi, era nuestro líder, nunca se distraía, su disciplina era casi militar y me lo expliqué después cuando me enteré que su trabajo permanente era de mesero en el restaurante de un lujoso hotel de Guadalajara; en cambio, Cirilo El Salado fue reclutado por los comunistas en el mercado de San Juan de Dios donde se ganaba el pan haciendo mandados y ambos coincidieron conmigo en uno de los viajes más placenteros y aleccionadores de mi vida; que Dios los bendiga.
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