Author
Entre Nos Carlos David Santamari?a Ochoa

Date
18 Mar 2017(09:16:53)




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Nadie dijo que fuera fácil ser autoridad, menos, cuando se es de una comunidad acostumbrada a vivir de la apariencia, del “qué dirán” y de la medición de honorabilidad de acuerdo a la magnitud de la chequera.

La nuestra, y tenemos que reconocerlo, es una sociedad difícil, en la que hay que aparentar tener mucho para creer valer mucho y ser aceptados en determiados círculos, sin embargo, vemos que la honorabilidad y la decencia no se adquieren prestando nombres o registrando empresas fantasmas a diestra y siniestra.

Tampoco se adquieren estas virtudes a través de un decreto oficial: la decencia se adquiere en la familia, y nada más.

Y es por ello que se complica más para el alcalda Oscar Almaraz la meta de hacer cump0lir todas las leyes.

Por un lado, se le ajusta con propietarios de muchos predios que quieren condonación de su impuesto predial por el hecho de ser quienes son, olvidándose que Almaraz es alcalde para todos y de todos.

Luego, seguimos padeciendo el problema de tránsito y obstrucción, más, a la salida de las escuelas, aunque no es privativo de instituciones particulares: las escuelas oficiales están igual o peor, porque todo mundo en Victoria sentimos que tenemos derecho a hacer uso del “nomás tantito”, o el “vengo solo por mi hijo”, y eso nos autoriza a bloquear una arteria en detrimento de decenas de automovilistas que vamos a lo mismo.

Son adorables en casa, pero nuestros hijos son seres humanos como todos, con virtudes y defectos, y nada los hace intocables o divinos, o tan especiales como para detener el tráfico: no ha nacido ese victorense aún.

Y se trabaja y arduamente en evitar que la gente vaya manejando con el celular en mano, aunque los agentes todavía temen toparse con la esposa de un mal nacido influyente que llegue después a amenazar hasta con cesarlos, o con alguien que les repita que es esposa o esposo de tal figura política.

Difícil para un agente de tránsito pensar que su empleo depende de una gritona prepotente, grosera e inconsciente persona que bloquea una calle en doble, triple o cuádruple fila, porque hay casos de esos en algunos colegios, y todos lo sabemos.

Y el alcalde de Victoria Oscar Almaraz sabe que es difícil impartir justicia en forma equitativa, pero está haciendo un gran esfuerzo, pero si no apoyamos los victorenses, no tendremos cara para exigirle buenas cuentas en nada de lo que sea gobierno municipal.

El éxito de un gobierno depende, en parte, de su gestión y funcionamiento, y en la otra, de la respuesta social que pueda haber en relación a sus postulados y acciones.

De otra forma, será un rotundo fracaso.

Y es aquí donde cobra vigencia la exigencvia para todos nosotros, habitantes de la que fue ciudad tranquila, para exigir con actitudes al alcalde que se hagan bien las cosas: respetando y pagando a tiempo, observando todo lo que la ley indica, y entonces sí, vivir en una perfecta comunión con los demás, sabedores que el influyentísimo tan perjudicial está desapareciendo.

Ya no queremos a esos “juniors” hijos de “papi” que violan leyes y luego se pavonean de ser lo que no son, o de esas mujeres que, amparadas en un anillo matrimonial abusan de la ley: queremos ver que observen la línea del respeto a los demás.

No se trata de quejarse de estas personas o de ser incomprensible: se trata de que respeten los espacios y tiempos de los demás, tan iguales como ellos, porque una cosa hay que entender: no son ni bordados a mano, ni paridos por Zeus, ni la última Coca del desierto.

Son tan humanos y tan victorenses como todos nosotros, así que no hay más que una: Cumplir la ley.
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