Author
Entre Nos Carlos David SantamariŐĀa Ochoa

Date
19 Mar 2017(14:51:40)




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Sigo los textos de algunos colegas en forma cotidiana, y algunos marcan el pensamiento de estos momentos que se viven con a√Īoranza y realmente se suele tener siempre en mente, pero con cualquier pretexto se deja de pensar en ello, con tal de no hacernos part√≠cipes de la responsabilidad que implica vivir en una comunidad y ser uno de los actores de su historia.
Y el de Dar√≠o Vera duele, porque nos hace ver algo que se est√° perdiendo y es la escasa identidad que queda en la Victoria de anta√Īo, ese centro de la ciudad que tuvo sus lugares especiales y su gente, sus sitios concurridos y los que no deb√≠an frecuentarse, so pena de perder la integridad, que no pasaba de una golpiza o una serie de insultos.
Hoy ha cambiado todo, realmente todo, y la Victoria de nuesros padres y abuelos ha quedado en el olvido.
Ver el espacio de Facebook ‚ÄúFotos antiguas de Victoria‚ÄĚ es volver a vivir lo que √©ramos, aunque muchos de sus integrantes ni idea tienen de lo que significa el espacio y suben im√°genes que nada tienen que ver con la Victoria antigua, sino con casas hoy, viejas y derruidas, pero que no son el objetivo de la p√°gina.
De todo hay, y todo padecemos o disfrutamos.
El texto de Darío Vera nos llama a la reflexión sobre aquellos personajes que tuvimos oportunidad de conocer:
Cómo no recordar a León, aquel voceador que vendía el Mercurio por las calles, y que, con su pelo ensortijado y la sonrisa a folor de piel hacía dibujos y medio decía algunas cosas que no se entendían muy bien, o cómo olvidar a aquel hombre cuyo nombre escapa, que vendía jugos de naranja en la esquina del 15 Hidalgo: moreno, muy moreno, y siempre con una sonrisa que compartía con todos nosotros.
Chucha, la inolvidable mujer que las calles de Victoria recogieron miles de veces, y que caad jornada se le ve√≠a igual en el Dif en Tamat√°n que en Palacio de Gobierno, con la tradicional frase ‚Äúdame dinero‚ÄĚ que algunos sufrimos, porque era capaz de acercarse al gobernador para acusar a los que no la ayudaban.
Esa Victoria de los chinos o de los Medina, de las casas bonitas que se encontraban en la de Ju√°rez o Hidalgo y que hoy son suplidas por comercios, muchos de ellos, tiendas de conveniencia que afean el panorama y acaban con lo poco rescatable que alguna vez tuvimos.
Funcionarios electorales y de los gobiernos en turno que derrumbaron sus casonas, producto del trabajo de sus viejos, y mofándose de su ciudad y la autoridad, hicieron caso omiso de las placas que les ubicaban como patrimonio cultural, para acabar piedra a piedra y hacerlas negocios, no tan prósperos porque pareciera que el destino sabe a quien castigar.
Un claro ejemplo es esa burda papelería del 10 Juárez, antes, una bella casa vieja.
Y así, podemos recordar todo lo que tuvimos y lo que fuimos: los que se adelantaron en el viaje eterno y sus antecesores que acabaron con la reputación de familias enteras, dedicadas al negocio en forma por demás honorable: se convirtieron los herederos en funcionarios y robaron lo que nunca, dejando a un lado la honorabilidad de sus abuelos. Recientemente supimos del caso de una persona muy conocida, que acabó con el recuerdo de su abuelo, y de su apellido.
Pero ahora toca a la autoridad procurar un programa que nos permita recuperar lo que fuimos. No se puede obligar a alguien a mantener una casa en perfectas condiciones, pero se puede estimular el tener esos lugares que a los turistas gustan y a nosotros encantan.
Es la Victoria de anta√Īo la que podr√≠amos recuperar aunque sea un poco, porque bien que lo merecemos los que amamos a esta tierra, tan castigada por los hechos recientes, y tan olvidada por sus hijos y los hijos de sus hijos.
Es tiempo de recuperar la Victoria de todos nosotros, supongo.
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