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15 Abr 2018(13:12:02)




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El telescopio espacial Tess de la NASA, diseñado para detectar miles de planetas en estrellas próximas al sistema solar, está a punto para despegar el martes a las 0.32 h (hora española) desde el Centro Espacial Kennedy en Florida (EE.UU.).

El lanzamiento abre un nuevo capítulo, que no será el último, en la larga historia de la búsqueda de planetas en otros sistemas solares. En el capítulo anterior, el telescopio espacial Kepler, también de la NASA, ha descubierto 2.600 planetas alrededor de estrellas de todo tipo que se encuentran a distancias de hasta 3.000 años luz de la Tierra. Kepler ha encontrado estos astros observando una minúscula región del firmamento que representa el 0,25% de la bóveda celeste, lo que ha demostrado que los planetas son ­extremadamente abundantes en la galaxia.

Ahora Tess centrará la búsqueda en estrellas de tamaño similar al Sol –con masas desde cinco veces más pequeñas hasta el doble de grandes– situadas a menos de 300 años luz. Y ampliará la exploración al 85% de la bóveda celeste. Se espera que descubra unos 20.000 posibles planetas en los próximos dos años, de los que más de 50 tendrán un tamaño similar a la Tierra y hasta 500 serán planetas rocosos más grandes. Tess, sin embargo, no los observará durante suficiente tiempo para demostrar que son planetas, por lo que su existencia deberá ser confirmada en observaciones posteriores.

En los capítulos siguientes, las señales más prometedoras que encuentre Tess se estudiarán tanto desde telescopios terrestres como desde el espacio. Tal como está diseñado el telescopio espacial, sólo informará sobre el tamaño de los posibles planetas y sobre la distancia a la que se encuentran de su estrella. Estos datos indicarán a los astrónomos cuáles merecen observaciones adicionales.

“Tess es una máquina para buscar los mejores planetas que merecen ser estudiados más a fondo”, declara Ignasi Ribas, director del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y especialista en exoplanetas que colabora estrechamente con el equipo de la misión Tess. “Algunos de los planetas que encontrará serán potencialmente habitables, aunque no está diseñado especialmente para este fin”.

Las observaciones futuras “permitirán deducir la masa de cada planeta”, añade Enric Pallé, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que es investigador asociado de la misión Tess. A partir de la masa, y conociendo su tamaño, se podrá deducir su densidad. A partir de la densidad, se podrán formular hipótesis sobre su composición. Y, de manera paralela, se podrán estudiar las atmósferas de los planetas potencialmente habitables para buscar indicios de actividad biológica –como la presencia simultánea de oxígeno y metano en la atmósfera terrestre–.

Pese a su importancia estratégica en la historia de la búsqueda de exoplanetas, Tess es una misión menor en el programa científico de la ­NASA. Es una nave pequeña, del tamaño de una nevera equipada con paneles solares, con un cuerpo central de 1,5 metros de longitud por 1,2 de anchura, y de sólo 362 kilos. Lleva un único instrumento de observación científica y tiene un presupuesto de 337 millones de dólares (273 millones de euros al cambio actual) para toda la misión, lo que incluye el coste del lanzamiento con un cohete Falcon 9 de la compañía Space X.

Por comparación, la misión Kepler contó con aproximadamente el doble de presupuesto (650 millones de dólares); la misión Juno, que está actualmente en Júpiter, con más del triple (1.100 millones), y el futuro telescopio espacial James Webb, con casi treinta veces más (8.800 millones).

Las observaciones futuras “permitirán deducir la masa de cada planeta”, añade Enric Pallé, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que es investigador asociado de la misión Tess. A partir de la masa, y conociendo su tamaño, se podrá deducir su densidad. A partir de la densidad, se podrán formular hipótesis sobre su composición. Y, de manera paralela, se podrán estudiar las atmósferas de los planetas potencialmente habitables para buscar indicios de actividad biológica –como la presencia simultánea de oxígeno y metano en la atmósfera terrestre–.

Pese a su importancia estratégica en la historia de la búsqueda de exoplanetas, Tess es una misión menor en el programa científico de la ­NASA. Es una nave pequeña, del tamaño de una nevera equipada con paneles solares, con un cuerpo central de 1,5 metros de longitud por 1,2 de anchura, y de sólo 362 kilos. Lleva un único instrumento de observación científica y tiene un presupuesto de 337 millones de dólares (273 millones de euros al cambio actual) para toda la misión, lo que incluye el coste del lanzamiento con un cohete Falcon 9 de la compañía Space X.

Por comparación, la misión Kepler contó con aproximadamente el doble de presupuesto (650 millones de dólares); la misión Juno, que está actualmente en Júpiter, con más del triple (1.100 millones), y el futuro telescopio espacial James Webb, con casi treinta veces más (8.800 millones).

Los datos se harán públicos para que otros equipos de investigación puedan continuar las observaciones de los planetas más interesantes identificados por Tess. Desde la superficie terrestre, el instrumento Harps instalado en el Observatorio Austral Europeo, en los Andes de Chile, estudiará estos planetas con el método de velocidad radial. El método consiste en observar cómo una estrella se acerca y aleja periódicamente de la Tierra a medida que un planeta la atrae con su gravedad a lo largo de su órbita, de modo que permite deducir la masa del planeta.

También el instrumento Cármenes, del observatorio de Calar Alto en Almería, participará en las observaciones de planetas detectados por Tess, al igual que tres telescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias, así como numerosos observatorios de otros países.

“Tess nos enviará una avalancha de datos cada dos semanas. Será un reto digerirlos para decidir en qué astros debemos concentrar los esfuerzos”, explica Enric Pallé, del IAC.

Desde el espacio, el telescopio Hubble será posiblemente el primero que estudiará astros identificados por Tess. El próximo año se le unirá el telescopio Cheops de la Agencia Espacial Europea (ESA), que debe lanzarse a finales del 2018 o principios del 2019. A lo largo de la próxima década, les acompañarán el James Webb (considerado el sucesor del Hubble, que tiene el lanzamiento previsto en el 2020); el Plato de la ESA (con lanzamiento previsto en el 2026 para estudiar exoplanetas como la Tierra); y el Ariel, también de la ESA (para el 2028, diseñado para analizar atmósferas de exoplanetas). Según destaca la NASA en el dossier de prensa de la misión, Tess “nos dará planetas para estudiar a lo largo de las próximas dos décadas”.
FUENTE
http://www.zocalo.com.mx
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