Author
Interiores Carlos López Arriaga

Date
16 Abr 2018(06:18:13)




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En tiempos de exasperación social, no puede haber discurso cómodo ni en boca de candidatos ni en proclamas de partidos, salvo que se quiera perder.

Con la sensación de hartazgo que hoy en día respira la República, resulta suicida salir a buscar el voto sin asumir de frente la injusta distribución del ingreso.

Invocar a la confianza ciudadana, sin tener a la vista el descenso brutal en la calidad de los servicios públicos, la crisis del modelo educativo y el desabasto en los sistemas de salud.

La inevitable rabia popular ante una todopoderosa delincuencia organizada que sobrevive eficientemente a todas las promesas y planes de seguridad pública.

Esa criminalidad que demuestra ser inmune a los rimbombantes operativos de corporaciones civiles y castrenses, cuyo fracaso asoma a la vuelta de la esquina.

El siguiente fin de semana, entre vehículos quemados, enemigos mutilados y daños colaterales a familias inocentes.

De aquí la problemática para quienes les toque defender la causa de un partido que se encuentre en el poder.

Los abanderados panistas en Tamaulipas y los priístas dentro del plano nacional. Más difícil todavía, quienes buscan reelegirse.

¿Cómo decirle a la gente que tu propuesta es la mejor si representas a quien tiene una responsabilidad directa en el actual estado de cosas?

A manera de reacción inmediata, un consejo elemental apunta a señalar avances donde los haya, festinar historias de éxito, aunque llegar a dicha conclusión no exige mucha ciencia. Verdad de Perogrullo.

El problema viene cuando el estrépito de las carencias ahoga con creces a la dulce melodía de los avances.

Cuando el reclamo popular les salta a la cara en cada colonia visitada.

Es tiempo entonces del “plan B”, aquel truco que el viejo PRI, en sus malabares de supervivencia, ideó como la acción de “romper para estabilizar.”

Ante la inefectividad de la música celestial, el candidato tiene que mostrarse crítico hacia el sistema que lo parió.

La estructura, el gobierno y el partido que lo patrocinan.

Y lo debe hacer, aún a costa de menoscabar sus nexos con ese poder donde, en buena medida, descansa su posibilidad de triunfo.

Tarea ingrata, ciertamente, porque lastima afectos cercanos, debilita amistades, vulnera viejas lealtades, deteriora compromisos y puede provocar efectos indeseables, acaso contrarios al propósito buscado.

Labor, por cierto, complicadísima para hombres como JOSÉ ANTONIO MEADE que (por principio) no puede desviar la culpa a regímenes anteriores ni responsabilizar de los males a gobiernos de partidos distintos.

Y la sencilla razón es que ha colaborado en los primeros planos con los últimos cuatro, sin distingo de siglas, a saber: ZEDILLO, FOX, CALDERÓN y PEÑA NIETO.

Problema similar enfrentan en el plano regional, los alcaldes que buscan ser ratificados en el cargo, como los priístas de Tampico, Victoria y Matamoros, MAGDALENA PERAZA, OSCAR ALMARAZ y CHUCHÍN DE LA GARZA.

O los panistas de Nuevo Laredo, Reynosa y Madero, ENRIQUE RIVAS CUELLAR, MAKI ORTIZ y ANDRÉS ZORRILLA.

Preguntas tan sencillas como constatar si sus respectivas áreas metropolitanas son más seguras ahora que cuando llegaron.

Si hay menos baches, mejores vías de acceso a las colonias, el camión de la basura pasa más puntual y el procesamiento de los desechos sólidos es más eficiente.

Eso y saber cuanto se avanzó en pavimentación, banquetas o luminarias, ¿se tiene (ojo) una ruta de asignación más transparente en contratos de proveedurías, obras y servicios públicos?
¿O seguimos con las mismas mañas, acaso reforzadas por la hipocritona estrategia del disimulo, aquella útil dicotomía de los vicios privados y las virtudes públicas?

Lo comenté arriba, en párrafos anteriores: el estrépito de las carencias ahoga con creces a la dulce melodía de los avances.

Pero si resulta difícil decirles que tomen distancia crítica hacia el equipo y partido de donde provienen, mire usted, en estos tiempos reeleccionistas, todavía más utópico sería exigirles la autocrítica.

¿En qué has fallado, qué te faltó por hacer, dónde quisiste y no pudiste?...

Imposibles, no, por favor. Acaso digan que para señalar sus fallas está el pueblo, aunque (como además añaden que ellos son el pueblo) pues todo lo ven perfecto y entonces no hay fallas.

Pero resulta que cualquier plan de obra se funda en un diagnóstico. ¿Cómo visualizar lo que tienen por hacer si no saben siquiera dónde están parados, a fuerza de imponer, desde sus respectivos círculos íntimos, una fantasía de terciopelo?

Mientras tanto, afuera, la realidad les grita.
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