Author
Por La Espiral Claudia Luna Palencia

Date
15 May 2018(18:10:31)




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Donald Trump, cuya afición en el poder consiste en dinamitarlo todo, convertido en ese artificiero perverso, quiere cargarse la ardua renegociación del NAFTA-TLCAN.
El equipo del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo junto con el subsecretario Juan Carlos Baker, han instalado prácticamente una casa permanente de campaña en Washington buscando con sus contrapartes canadienses y sobre todo estadounidenses, lograr los máximos puntos de acuerdo a fin de sacar avante el nuevo texto.
Por lo menos dejarlo apalabrado, por lo menos dejarlo listo de forma tripartita antes de las elecciones presidenciales en México, del próximo 2 de julio; no obstante, a pesar de que éste sea signado por los respectivos mandatarios de los tres países, deberá pasar por el cedazo del Congreso tanto en Estados Unidos como en Canadá y obviamente en el país azteca.
¿Es salvable todavía a 48 días de las elecciones? Yo escribí hace unos días de un TLCAN in extremis y aún lo sigo creyendo sobre todo porque el presidente Enrique Peña Nieto quiere –o al menos- pretende dejarlo blindado de un posible triunfo (bastante probable) de Andrés Manuel López Obrador; y también por una especie de orgullo personal, por lo menos, Peña Nieto quiere poner el broche, el cierre, de su sexenio anotándose este tanto a su favor.
Me preguntan qué está deteniendo, al NAFTA-TLCAN. La respuesta de muy buena fuente es la siguiente: lo está paralizando una cuestión meramente técnica y otra meramente política.
La primera tiene que ver con el sector automotriz y es que la Unión Americana bajo la égida del presidente Trump (muy posiblemente por compromisos electorales asumidos y también de cara al futuro) pretende salir lo más favorecido posible en el nuevo Tratado.
La segunda es meramente política y descansa en la terquedad del magnate inmobiliario obcecado en atar el NAFTA-TLCAN a una revisión quinquenal para tener, no a Canadá sino a México, que sigue siendo el eslabón más débil de esta cadena atado a sus intereses supremacistas y supeditado a su nueva estrategia de (anti) política internacional.
Es decir, una forma directa para exigir el alineamiento completo y absoluto por parte de México al Consenso de Washington y sobre todo a las órdenes de Trump que además sí quiere la reelección.
Miente aquél que diga que Trump es un niño temeroso con un juguete nuevo que no sabe cómo usarlo, el niño que intenta subirse por vez primera a una bicicleta y ya de entrada ni lo intenta por el simple temor, asustadizo, de la inminente caída.
Trump quiere el poder por ocho años y si no empezamos a rascar como periodistas, analistas y asesores qué hay más allá del poder inmediato y visible, qué fuerzas lubrican los verdaderos cambios y transformaciones de nuestros tiempos cometeremos el grave error de creer que Trump, el Brexit y la ultraderecha sionista en Israel son meros resultados de una generación espontánea propia del investigador que deja al arbitrio de las circunstancias su experimento en una placa de Petri… y a ver qué sale.
Esto no es un experimento geopolítico. Nos equivocaremos históricamente si como analistas así lo damos por hecho, hay profundos, soterrados intereses que lubrican estas transformaciones en el mapa geopolítico.
Unos que siempre han sido dinámicos en la historia de la Humanidad y también de nuestros tiempos; de lo que estamos hablando es de preservar la hegemonía de cara a un difícil e incierto futuro.
A COLACIÓN
Evolutivamente estamos dando un paso gigante hacia otro nivel, vamos de cara a la convivencia con la inteligencia artificial, los cambios serán evidentes, inminentes y de impacto vital.
Dicha transformación traspasará todas nuestras esferas y de forma paralela corre al mismo tiempo la lucha por los recursos naturales y energéticos la disputa por ambos ha sido mucho más evidente a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La geopolítica desde entonces es dinamita pura, si es que alguna vez distendió un poco quizá efímeramente después del final de la Guerra Fría, pero hoy por hoy lo que hay son intereses supremacistas un núcleo cerrado con vasos comunicantes de intereses poderosísimos para conservar la manzana del poder a cualquier precio: a costa de las tensiones demográficas, de la escasez de recursos, del negativo impacto del cambio climático, del esperado incremento de la pobreza.
Y Trump responde a dichos intereses por eso llegó a la Casa Blanca no por generación espontánea sino porque forma parte de un minoritario y selecto grupo de poderes económicos dispuestos a perpetuarse por encima de todas las cosas: por encima de la democracia, de los intereses públicos, del bienestar común. En obvias circunstancias para que salga el NAFTA-TLCAN, México deberá ceder muchísimo…
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales
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