Author
Hugo Reyna EnLíneaDIRECTA

Date
16 May 2018(08:35:22)




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Reynosa, Tamaulipas.-Apenas me disponía a sentarme en la silla en mi oficina, me alistaba a empezar a escribir y entró la llamada de la licenciada Amelia Acosta, compañera, esposa y amiga de nuestro Arturo Solís (qepd), apenas y después de saludarnos me lanzó la premisa de la llamada: “Mañana es el aniversario de Arturo”, y casi de inmediato respondí “Sí” lo recordaba, han pasado 11 onces desde aquella mañana de mayo en que el fundador de este portal noticioso, nos dejó físicamente con el dolor de su ausencia terrenal y dejado un perene recuerdo de tristeza y alegría por haber compartido tanto en tan poco tiempo que la vida nos lo permitió.

¿Cómo se puede iniciar hablar de alguien cuya vida fue prodiga en esfuerzo, reto y amor por su familia y amigos, y que no está aquí para saberlo y leerlo?. Menudo reto me impuso la “jefa” Amelia, pero al trasladar mis recuerdos y memoria a los días de Arturo en su entorno que gravitaba entre su oficina del Cefprodach, el portal “Enlineadirecta” y la Radio, sobran muchas palabras que desearía expresar y compartir.

Difícil encomienda se me asigna, hablar de la trayectoria de Arturo Solís con quien comencé a
trabajar y colaborar a finales del año 2000. Llegué a ser parte de su equipo de trabajo a
instancias de Carlos Peña Rojas y Blanca Zumaya, gracias a ellos pasé a formar parte del selecto equipo de Arturo, recurro al término, pues para colaborar con Arturo era menester mucho más que paciencia y ganas de aceptar los desafíos, después de eso, todo podría ser posible con Arturo.

Arturo fue uno de esos hombres apasionados de todo lo que hacía, su trabajo periodístico e investigador, así como activista ciudadano, fueron motivo de muchas y grandes satisfacciones no solamente para él, sino para nosotros que compartíamos sus éxitos y logros que el gustosamente compartía, no era celoso de su obra, la compartía y enseñaba, siempre dispuesto a demostrar
su capacidad de amistad.

Quizás al iniciar el juicio de la historia de una vida que fue, sobra decir que en su grandeza humana, Arturo Solís Gómez fue generoso manjar de amigos y apoyo invaluable en aquellos que como él se identificó en su lucha por hacer de Reynosa y de México un mejor lugar para vivir.

Bien ganada su fama de estricto y exigente en el trabajo, Solís Gómez, supo de esa forma especialforjar el carácter de aquellos que un día llegamos tocando a su puerta, pidiendo el beneficio de la duda y adoptar ese perfil del periodismo que sin duda alguna tiene su mejor exponente en su legado:
“Enlineadirecta.Info” y todo un amplio sistema informativo que como era natural, se consolidó con un equipo que supo moldear y definir conforme a esa idea que durante tiempo maduró y ser su tributo personal a lo mucho que acumuló en sus experiencias y conocimiento que sin celo ni reservas otorgó.

Cierto es, fue estricto y exigente, pero también con un carisma humano y sensibilidad como pocos, se preocupaba tanto, hasta por un malentendido con algún compañero de su cercano equipo de trabajo, era para él motivo de angustia y pesar, solamente cuando todo era aclarado y resarcido el desencuentro, entonces recobraba su ánimo y luminosidad de mirada que sus lentes imposible podían ocultar.

Su oficina en CEFPRODHAC y el Noticiero de Radio, del cual fue titular por muchos años, fueron de manera alterna sus pasiones personales de trabajo, así como el Servicio Informativo en Internet y el Periódico, que ocuparon su agenda de proyectos e ideas que a cada uno de sus compañeros participo y alentó a sentir esa misma expectativa que tuvo al concretarlos.

Sus llegadas intempestivas a Radio minutos antes de iniciar la edición, verificando y corrigiendo cada detalle, perfeccionista escrupuloso, hábitos que se convirtieron en tan solo parte de la rutina de Carlitos, Anabel y un servidor, pero después con sus ausencias, esporádicas inicialmente y posteriormente frecuentes, esa alegría de esperar verlo llegar e iniciar la sesión detrás del micrófono con su repetitiva frase “Buenas Tardes, Buenas Tardes”, nos dolió y nos sigue causando tristeza a quienes a partir de hoy seguimos lidiando con la realidad de resignarnos a su ausencia física.

Generoso amigo, jefe y compañero, que cuando éramos citados en su oficina, sabíamos que en el encuentro irremediable vendría un regaño a causa del trabajo, pero después de hacer notar sus observaciones, olvidaba todo como el padre generoso que reprende y luego perdona.

Jamás en estos años de ser un colaborador de Arturo supe lo que fue la censura o la expresión informativa acotada, siempre y sé que aun con problemas y reclamos que en lo personal tuvo que enfrentar, pero fue ante todo un respetuoso del trabajo de sus compañeros, jamás censuró el trabajo de nadie y tampoco la permitía bajo ninguna concesión, fue integró en su labor como periodista y solidario ante los ataques a los periodistas.

Jamás vaciló en pararse frente a oficinas de gobierno para reclamar respeto a la integridad de reporteros, nunca hubo silencio de su parte al denunciar agresiones y acoso al ejercicio que el respetaba y le apasionaba, pero que también nunca fue motivo de exacerbar el oficio ni aceptaba coloquiales calificativos de “periodista” o “informador”, o “líder de opinión” detestaba tales conceptos y sutilmente pedían a sus compañeros y amigos abreviar y llamarlo por su nombre solamente “Arturo”.

Los meses siguientes al diagnóstico de su Cáncer, fueron para todos nosotros la oportunidad junto con él de explorar las fibras más sensibles de Arturo, que nos demostró que esa fama de “broncudo” y “severo” eran tan solo una fallida fachada de su real imagen, infructuosamente intentaba esconder al ser humano sensible al extremo que era, incapaz de contestar el teléfono el día de su cumpleaños, uno o dos días antes se “escapaba” se nos perdía y así evitaba ser blanco de felicitaciones y saludos, se refugiaba en su familia y en su esposa, Licenciada Amelia Acosta Morales, compañera de sus amenas noches y fiel interlocutora de las charlas en veladas disfrutando de un buen vino de mesa, vinos que Arturo disfrutaba como uno de sus placeres.

Arturo Solís Gómez, decidió a su manera enfrentar su partida con valentía, orgullo, y en ella, nuevamente nos regala un ejemplo de su amor por la vida, difícilmente forjada en su niñez al perder tempranamente a su madre.

Nuestros lectores amigos, podrán dar fe de ello, en sus últimas columnas “Bajo el Reflector”, en donde Arturo con “Su perdón”, “Mis Amigos” y “Si esos Sillones Hablaran”, representan testimonios del inicio del éxodo físico hacia otras dimensiones celestiales, en donde él sabía que por el momento no podríamos acompañarlo.

Sus palabras en cada una de esas colaboraciones, reflejan y son la reafirmación de su nobleza humana y sencillez que lo caracterizó, fueron también el grito angustioso de quien esperaba el fatal desenlace,
rebeldía y llanto rabioso ante lo inexorable, pero también la entrega total de su vida y amistad a todos sus amigos, a quienes lo acompañaron y fueron parte crucial de ella, la cual entregó esa soleada mañana de Mayo, fueron su rendimiento de cuentas público y el balance de su vida ante todos nosotros.

Si tus columnas hablaran Arturo, seguramente dirían que fueron tan solo el instrumento con el cual tú buscaste hacer de ésta inhóspita región un mejor lugar para vivir, si tus columnas pudieran hablar,
ciertamente ante el dolor que sentimos con tu ausencia, se quedarían calladas, pero nosotros que si podemos hablar, solamente podemos acertar a decir ¡GRACIAS TOTALES!, por permitirnos disfrutar y compartirnos tus proyectos profesionales a los cuales tú invertiste tu tiempo, tu esfuerzo, dedicación y empeño como nadie jamás, por eso al partir, te llevas nuestra eterna.

gratitud y la satisfacción de haber sido parte de tus sueños que hoy se elevan a la eternidad.
Su página de Internet “Enlineadirecta.Info”, aprendimos a sentir su mismo amor y pasión, aprendimos a defenderla no solamente por la fuente de empleo, más bien la escuela hecha en el camino andando que aunque breve, Arturo se dio el lujo de graduarnos y hacer de cada uno, lo que somos, reporteros comprometidos con su herencia, pero ante todo con los lectores a los cuales él tuvo deferencia y respeto siempre.

Por ello al asumir el reto de la continuidad de su obra, lo hacemos en plena consciencia de que no estaremos solos, nos avala la espontanea solidaridad de compañeros y amigos que nos han extendido los brazos afectuosos y también de los lectores que fieles han seguido atentos al trabajo y nuestro compromiso irrenunciable con ellos., Arturo se jactaba orgullo de que tenía a los mejores; “Son tan buenos cada uno que es un lío priorizar y valorizar su información, es lo malo de tener puras estrellas”, decía presumido.

Las estrellas han perdido algo de luz, pero al recordarlo, la recobramos y nuevamente la energía
tranquilizadora de sentirlo cerca, nos permite acercarnos a él.

Este esfuerzo informativo que ha perdurado por años es la esencia de Arturo Solís, su esfuerzo y su lucha por dejar como legado esta llama encendida que aun en su ausencia nos guía, motiva y anima a seguir adelante, saludando con optimismo los múltiples retos venideros y que los anteriores los hemos superado con su nobleza y unidad que nos dejó como herencia.

P..D…..Que razón tenía nuestro compañero y amigo Antonio Arratia, cuando en aquella colaboración suya “El reloj negro de Arturo” nos pedía llorarlo y recordarlo en la privacidad de la soledad y apreciar.

la inmensa dicha de haber sido parte del único equipo de trabajo con que Arturo Solís inició la aventura de un proyecto que es realidad y que en nosotros descansa el reto de prevalecer.

Cierto, Arratia, tenías mucha razón, como tú volví a buscar el reloj que Arturo nos regaló a todos hace un año y casi me sucedió como a ti, intuitivamente sabía dónde estaba lo mire y ¡seguía trabajando y
funcionando la pila!, ahora procuro tenerlo cerca y recordar unas palabras que Arturo nos dijo cuándo los entregó; “Es sencillo y modesto, pero se los entregó a ustedes que son mis amigos”.

Vaya pues este sencillo, pero de corazón tributo a la vida del extraordinario amigo y compañero y en éstas líneas mi aprecio, agradecimiento para Amelia Acosta Morales su esposa y viuda y sus hijos: Tania, Víctor Eduardo, Luis Arturo y Daniel Gerardo.

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