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10 Jul 2018(18:10:56)




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El estreno el año pasado del presidente norteamericano Donald Trump en la cumbre de la OTAN (NATO, por sus siglas en inglés) dejó muchos sinsabores, no nada más por el manotazo en la espalda y el empellón propinado al brazo de Dusko Markovic, primer ministro de Montenegro; también por la forma grotesca del líder estadounidense de imponer su criterio y forma de ver el mundo.

En mayo de 2017 el reproche claro y contundente de Trump consistió en espetarles en la cara a cada uno de los mandatarios allí presentes que debían pagar más por su gasto militar porque la Unión Americana estaba “cansada” de velar, financiar y subsidiar a la defensa europea.

Los tuvo, uno a uno, formaditos en fila mientras inauguraba las nuevas y flamantes oficinas de la OTAN en Bruselas, con un monolito de las Torres Gemelas, como recordatorio del daño que puede provocar el terrorismo y de lo frágiles que somos todos.

Antes de subirse al Air Force One –ayer martes rumbo a Bruselas- el magnate ya llevaba el dedo gatillero, en su cuenta de Twitter empezó a quejarse: “Muchos países de la NATO que están bajo nuestra defensa no cumplen con el compromiso del 2% (que es bajo) sino que además, llevan años obviando sus contribuciones. ¿Le compensa a Estados Unidos?”.

También en su momento –en sus ocho años de gestión- lo reprochó con otro tono el presidente demócrata Barack Obama y es verdad, cada año en cada cumbre, el Nobel de la Paz reiteró que Europa debía aportar más de su presupuesto para Defensa.

Ahora bien, el republicano que es otra cosa menos galante y menos taciturno, no le importan las formas dice lo que piensa para él todo es cuestión de ganar o perder; de sumar o restar.

Y en esta tabula rasa, para Trump en su concepción del “America First”, su nación no necesita de sus aliados tradicionales… chantaje emocional que ante un hombre de piedra como el inquilino de la Casa Blanca le ha salido como tiro por la culata a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo.

La geopolítica en la era de Twitter: ya no hacen falta filtros, ni equipos ultra profesionales expertos en prensa, comunicación y relaciones públicas, ahora en la Era de Trump todo se avanza, se acaba, se arregla o se empeora con un simple tuit.

Ayer lo hizo Tusk, el polaco quiso abonar el terreno infértil entre las relaciones de Europa con Trump y lo empeoró a unas horas de arrancar el encuentro de 29 miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte; lo hizo tuiteando que: “Querido @realDonaldTrump, los Estados Unidos no tienen mejor aliado que Europa. Nosotros gastamos en Defensa mucho más dinero que Rusia y mucho más que China. Yo espero que tu no tengas dudas de esto porque invertimos en nuestro seguridad…”.

Malo muy malo, la psicología del líder de la Casa Blanca (ya le vamos pillando el punto) es la de llevar siempre la contraria y si le provocas el tira a aplastar porque es narcisista, prepotente y sólo respeta a los temerarios como él.

Antes de abordar el avión presidencial, desde luego que Trump se tomó la molestia de responder a Tusk por la misma vía: “La Unión Europea se lo hace imposible a nuestros agricultores y trabajadores y compañías para hacer negocios en Europa (EUA tiene un déficit de 151 billones de dólares) y además ellos quieren que felizmente nosotros los defendamos a través de la NATO y que agradablemente paguemos por ello. Así no funciona”.

Y no va a funcionar. La política internacional de Trump es agresiva, manipuladora y fundamentalmente chantajista… eso implica que con él NO funcionan los chantajes. Funcionan las amenazas y el mismo lenguaje temerario.

A COLACIÓN

A diferencia del año pasado, el mandatario estadounidense llega esta vez enemistado con los países claves de la Unión Europea (UE); con la canciller germana Angela Merkel, amiga cercana del ex presidente Obama no existe ninguna sintonía; con el delfín galo Emmanuel Macron que pretendió jugar a encantador de serpientes tampoco funciona la relación; ni siquiera con Theresa May, la primera ministra británica, que será su anfitriona después de la OTAN lo tendrá de visita oficial en Londres en medio de sendas y acaloradas protestas.

Europa quiere ser amigable pero dista mucho -a años luz- de la visión trumpista y además tiene sus propios desafíos internos y externos a los que lamentablemente se ha sumado la política hostil norteamericana.

No nada más es darle duro a China también lo ha sido constantemente contra la Unión Europea, esos tradicionales aliados herencia de la Segunda Guerra Mundial, no le gustan nada a Trump.

¿Cómo llega a la cumbre? Con la mano adentro del bolsillo de una subida de aranceles a la importación de vehículos europeos, hecho que de consumarse pondría en jaque a la industria germana, francesa, italiana y española. Yo sólo espero que esta vez el premier de Montenegro no se cruce en el camino del gatillero de la Casa Blanca.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales
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