Author
Por La Espiral Claudia Luna Palencia

Date
14 Mar 2019(16:32:20)


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La parálisis en Westminster al respecto de qué tipo de acuerdo buscan los británicos negociar y lograr con las autoridades de la Unión Europea (UE) se ha convertido en un escollo insalvable.

El laberinto del Brexit tiene atrapado a Reino Unido desde hace 24 meses con el Minotauro instalado en Downing Street: Theresa May es incapaz de lograr un consenso plausible y creíble siquiera entre sus propias filas conservadoras.

Los políticos tories han dejado de arroparla en su salto al vacío convencida de su deber mesiánico de ser la primera ministra del Brexit, y en esa obcecación ha ido minando su credibilidad, la fortaleza para gobernar e incluso, para aglutinar a sus correligionarios; desde luego para entenderse con los líderes de la UE, de hecho, ha perdido ministros en diversas carteras de su gabinete… y hasta perdió la voz, desgastada por tanto hablar y recurrir a una retórica cansina.

A lo largo de estos días, Reino Unido fue la imagen viva de toda esa vorágine entremezclada con las emociones a flor de piel entre los ciudadanos atemorizados por ir de mal en peor y por otros que creen, convencidos fervorosos, que serán más fuertes lejos del club europeo.

Nunca antes ese sentimiento se sintió más fuerte en Westminster que en la pasada votación del miércoles 13 de marzo, cita en que la Cámara de los Comunes deliberó y votó la moción que proponía irse ya de la UE en la fecha previamente pactada del 29 de marzo a las 23 horas, y hacerlo sin ningún acuerdo sobre de la mesa signado. Una ruptura salvaje.

El resultado de la votación entre los parlamentarios fue fiel reflejo del momento de crispación y polarización generalizada entre los británicos: 308 votos a favor de irse así sin nada, contra 312 en pro de hacerlo pero con un acuerdo nuevamente negociado por las partes involucradas. Ha sentado muy mal en Bruselas que la propia May votara a favor de irse sin un acuerdo.

Solo cuatro votos salvaron al país insular de caer al precipicio del limbo, de una escisión en la que prácticamente quedaría al aire todo el amplísimo conjunto de relaciones no nada más económicas, financieras sino también humanas, educativas y culturales entre Reino Unido y la UE; para el flujo comercial en última instancia, se mantendrían las condiciones marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A COLACIÓN

En otra votación, el jueves 14 de marzo, los Comunes rechazaron por 334 votos en contra y 85 a favor una propuesta de la legisladora Sarah Wollaston por la convocatoria de un segundo referendo.

Lo que sí obtuvo respaldo por 412 votos contra 202 fue la moción en pro de extender el plazo de salida del Brexit, es decir, adiós a la ruptura del 29 de marzo. Se amplía el horizonte de incertidumbre.

La nueva fecha para el inicio del Brexit será el 30 de junio, siempre y cuando, May logre que en Westminster el día 20 de marzo le voten a favor el mismo texto del acuerdo negociado con Bruselas y que ya ha sido dos veces duramente rechazado por la Cámara de los Comunes; si no prospera, como se anticipa, entonces la solicitud pasará por pedir todavía más tiempo.

Los británicos están que se van, que se van y no acaban de irse. ¿Para qué pedir más tiempo prolongando una extensión del artículo 50 del Tratado de Lisboa? Cuestionó aireado Michel Barnier, jefe de la UE para el Brexit, para el mediador se ha hecho todo lo posible, técnicamente hablando, por alcanzar el mejor acuerdo entre ambas partes.

“El acuerdo está allí. Este tratado lo hemos negociado durante año y medio con el gobierno de Theresa May es y seguirá siendo el único disponible", advirtió convencido en rueda de prensa desde Estrasburgo.

Lo reiteró más tarde en su cuenta de Twitter @MichelBarnier para dejar claro que: “La UE ha hecho todo lo posible por ayudar a obtener un acuerdo negociado sobre de la mesa. El impasse solo puede ser resuelto en #UK. Nuestros preparativos para un “no acuerdo” son más importantes que nuca antes”.

¿Ganar tiempo? ¿Y con qué finalidad? Si también la Comisión Europea, en voz de su presidente Jean Claude Juncker, ha dicho una y otra vez, que el documento consensuado por ambas partes (Reino Unido, las autoridades europeas y signado por todos los 27 gobiernos miembros) es bastante ventajoso para la nación que se va y logra minimizar el daño del divorcio.

No puedo más que añadir que, no hay tema de mayor hartazgo entre los europeos que este agrio e inentendible divorcio planteado por Reino Unido desde hace poco más de dos años. Y la incertidumbre se palpa en el ambiente.
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