Author
Por La Espiral Claudia Luna Palencia

Date
13 Ago 2019(14:36:18)


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A lo lejos, allá en el cosmos, todo parece tener un orden perfecto, aunque el universo está aún lleno de interrogantes que los seres humanos pretenden responder afanosamente.

La conquista del espacio no podría entenderse sin los avances de la ciencia y de la tecnología, dos binomios unidos ejes del progreso de la humanidad, tanto en la Tierra como más allá de la exósfera.

Por primera vez hace 58 años una nave espacial con un hombre abordo, Yuri Gagarin, se puso en órbita desde la URSS y realizó un vuelo de 108 minutos; efectuó una única órbita alrededor de la Tierra fue una proeza que marcó un parteaguas para la industria aeroespacial.

En ese entonces la Guerra Fría estaba en el ámbito de la geopolítica y la geoeconomía empero también tenía la mirada en el cielo, en ser capaces de llegar más allá a lo lejos y tanto como las estrellas.

Al mes siguiente de la hazaña del joven Gagarin con la Vostok, la NASA tras corregir sus errores matemáticos, lanzó con éxito una nave con el comandante Alan Shepard en un vuelo balístico suborbital.

Siguió en febrero de 1962 con otro vuelo con el comandante John Glenn que dio la vuelta a la Tierra con el Mercury Friendship 7, mientras la URSS a pesar de haber sido pionera en traspasar la órbita terrestre parecía rezagarse.

El éxtasis llegó el 16 de julio de 1969 con el lanzamiento del Apolo 11 con los tripulantes Buzz Aldrin, Michael Collins y Neil Armstrong, la ingeniería estadounidense estaba a punto de lograr lo inimaginable: conseguir un alunizaje exitoso y poner al ser humano como conquistador de la Luna.

Cuatro días después, el 20 de julio del mismo año, las imágenes en blanco y negro (a veces borrosas con cierta falta de nitidez) mostraron a Armstrong bajando de la nave y caminando sobre del suelo lunar; la bandera norteamericana evidenció la égida supremacista.

A cincuenta años de distancia de ese momento histórico que marcó para siempre a la generación del Baby Boom, la gran pregunta qué la gente se hace en la plenitud del siglo XXI y de cara al 2020, es por qué después de 1972 se pararon los viajes a la Luna frenándose en seco los programas relacionados con la vuelta del hombre al satélite natural.

“Otras cinco expediciones de la NASA llegaron allí en los años siguientes, hasta diciembre de 1972, cuando Eugene Cernan cerró el ciclo de los alunizajes. Después de él, ningún ser humano ha vuelto”.

A COLACIÓN

Medio siglo después se abre una nueva ventana de oportunidad para la conquista del espacio, y primordialmente para la vuelta del ser humano a la Luna, es uno de los objetivos focales de Donald Trump.

El mandatario estadounidense se comprometió a iniciar una era de exploración a fin de recuperar el predominio de su país en el espacio y se lo ha tomado muy en serio porque ha dicho que quiere seguir siendo presidente para “en un plazo de 4 a 5 años” atestiguar desde la NASA una misión a la Luna.

“Para honrar a aquellos que nos han precedido y para el mejoramiento futuro de toda la humanidad, nos comprometemos a iniciar una nueva era de exploración, extendiendo nuestro espíritu pionero a los confines más lejanos del cosmos”, afirmó el pelirrubio.

Tiene tantas o más ambiciones que el entonces presidente John F. Kennedy obsesionado por ganarle a los rusos en el dominio del universo y, primordialmente, ser los primeros en pisar la Luna.

Trump ya signó un decreto que instruye a la NASA para desarrollar todo el programa necesario para volver, de hecho, llega hasta el 2030 con una misión a Marte.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales
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