Author
Gastón Monge EnLíneaDIRECTA

Date
13 Feb 2020(19:16:08)


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-En su pueblo se llevan a los niños para armarlos.

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Con el miedo aún reflejado en sus rostros al recordar la pesadilla que aún se vive en su comunidad enclavada en llamada ‘Tierra caliente’ del Estado de Guerrero, José y Laura esperan desde hace 75 días que el gobierno de Estados Unidos acepte su solicitud de visa humanitaria o de asilo político, al haber sido desplazados por la delincuencia organizada.

Jóvenes ambos y con dos hijos pequeños, recuerdan que en su pueblo, ubicado en medio de la montaña baja de Guerrero, los grupos armados comenzaron desde el año pasado a llevarse a sus niños para armarlos y obligarlos a pelear con grupos rivales, con la finalidad de tener el control de esta vasta zona montañosa y seca.

En esta región hombres armados ingresan a sus domicilios para llevarse a los niños de entre 13 y 15 años para enlistarlos en sus filas, y obligarlos a combatir contra rivales igual de niños, ante el pesar de sus padres que nada pueden hacer para evitarlo.

Así vivió durante mucho tiempo José, inmerso entre el terror de ser reclutado por la fuerza al igual que muchos niños, y la incertidumbre de que se fueran a llevar a su hijo varón, si no aceptaba el trato; pero no aceptó y optó por huir y dejar su comunidad.

“Los reclutan para llevárselos a pelear, y solo se llevan a los niños de 15 años para arriba. Nos caen en nuestras casas gente armada, y nos obligan a darles a nuestros niños porque dicen que es para que cuiden nuestras tierras”, explica José con ojos llorosos, mientras Laura sentada frente a él, baja la mirada y entrelaza los dedos de sus manos con mucho nerviosismo.

Dice José que los menores que se niegan a irse con estos delincuentes, son llevados por la fuerza no sin antes ser golpeados como escarmiento, pero la mayoría ya no regresa ni a su comunidad ni con sus familias, porque mueren en absurdos enfrentamientos con grupos rivales.

Los niños armados

Estos grupos pelean el control de esta vasta región montañosa ubicada al norponiente del Estado de Guerrero, rica en maderas, ganado y cultivos como el sorgo forrajero y el maíz, aunque la mayor parte del año es muy caliente y con bajas precipitaciones, de ahí su nombre de ‘Tierra Caliente’.

Sin embargo, debido a que esta región cuenta con muchas comunidades muy cercanas entre sí, algunas en la montaña y otras cercanas al río Balsas, la actividad comercial, ganadera y agrícola es muy codiciada por estos grupos que hacen negocio cobrando derecho de piso y con la extorsión a comerciantes y ganaderos.

Para esos grupos el mayor negocio es la venta de enervantes y el cobro de piso al comercio y al ambulantaje en las diversas comunidades cercanas, razón que obligó a esta pareja a salir de su pueblo al igual que decenas de personas que dejan a sus familias, pero lo hicieron con un documento elaborado por las autoridades de la cabecera municipal, que indica las razones por las que huyen de esta región.

“Venimos para pedir asilo político en Estados Unidos por ser perseguidos por esos grupos y por la violencia que existe en nuestra región”, dice José al ser entrevistado en uno de los refugios para migrantes que hay en esta ciudad.

Él de escasos 25 años y ella un poco menor, pero con dos hijos menores que tuvieron que dejar la escuela para huir con sus padres a esta frontera en busca del mismo destino que persiguen africanos, venezolanos y centroamericanos, y que es una mejor vida de tranquilidad y paz.

Y aunque las motivaciones sean diferentes, en el fondo el origen es el mismo; violencia, persecución, racismo y muerte.

Antes de decidir dejar su hogar, una tarde de diciembre del año pasado, mientras José trabajaba su parcela, un grupo de hombres armados llegó a su casa en donde solo estaba Laura, a quien le dijeron que iban en busca de su esposo.

“Llegaron a mi casa y me dijeron que tenía 24 horas para que mi esposo se entregara, de lo contrario se llevarían a uno de mis hijos, por lo que se tenía que entregar por la buena, y sabemos bien que cuando se entregan ya nunca regresan. Les dije que estaba sola pero se metieron a la casa para buscarlo y al no encontrarlo se fueron”, explica con tono muy nervioso la joven mujer.

En su comunidad al igual que en los pequeños pueblos de Arcelia, Chilapa, La Ruana y Coyuca, muy cercanos entre sí, los niños son reclutados por la fuerza, y una vez que aprenden el manejo de las armas, los reclutan para enfrentamientos armados.

“Son grupos los que se los llevan, y los niños que han sido reclutados por la fuerza y que se han visto en la televisión y en los periódicos, son reclutados por la fuerza, pero algunas cosas que se dicen son verdad, pero otras son mentira”, explica Laura.

El trabajo de José era ‘bombero del agua potable’, un trabajo que consistía en repartir el agua del río balsas a su comunidad, como operador de la bomba y del sistema de distribución del vital líquido, y aunque no tiene estudios su trabajo es el de un técnico.

La decisión de huir la tomaron al día siguiente de que los delincuentes irrumpieron en su hogar, por lo que decididos salieron sin llevarse nada, pero antes solicitaron a las autoridades de su pueblo el documento que avala las razones de su huida.

“Dejamos todo, familia, amigos, casa y nuestras cosas, todo lo dejamos, y uno de nuestros hijos dejó la escuela porque las maestras ya no asistían por la misma inseguridad, y hay mucho miedo por lo que la gente ya no camina por las calles”, explica José mientras recuerda el terror vivido durante meses, a veces escondido, a veces huyendo.

Al igual que José y Laura, un grupo de 15 guerrerenses se encuentran en la misma situación que ellos dentro del refugio en donde fueron entrevistados, y aunque no son de la misma comunidad, las razones que los obligaron a huir sí son las mismas, ante el temor de que sus hijos sean reclutados, ya sea como guardias comunitarios, o como integrantes de un grupo criminal.

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