Author
Juanita del Ángel EnLíneaDIRECTA

Date
7 Abr 2020(20:05:27)


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-En un hecho inédito la ceremonia religiosa se realizó a puerta cerrada

Tampico, Tamaulipas.-En un hecho inédito este día se llevó a cabo a puerta cerrada la Misa Crismal y la renovación de las promesas sacerdotales, presidida por el Obispo de la Diócesis de Tampico, José Armando Álvarez Cano, con la asistencia de 40 sacerdotes, que respetaron la sana distancia como medida de prevención contra el COVID-19, en donde se oró por el cese de esta enfermedad que mantiene al pueblo aislado.

“La Misa del Santo Crisma y la renovación de las promesas sacerdotales nos invita a recrear aquel ambiente de intimidad y de amistad de Jesús con sus discípulos, un ambiente cargado ya de despedida por parte del maestro sabiendo que del padre había salido y al padre volvía, un ambiente de solemnidad por los momentos decisivos que se avecinan por entregar su vida por la salvación de todos, y de profundo dolor interior, todo este contexto da a Jesús la oportunidad de sacar de su corazón el más profundo sentimientos y de entregar a los suyos sus más sagrados mandatos”.

Afirmó que este día representaron ese momento profundo y crucial, “no pensemos en una obra teatral que recree de alguna forma aquellos personajes y acontecimientos sino en el sentido más auténtico de la palabra, representar, es decir, volver a hacer presente aquel hecho de salvación y de amistad que Jesús realizó con sus discípulos, reunidos aquí como un memorial en una situación tan especial y dramática para la humanidad, desde donde queremos vivir con intensidad ese momento de encuentro con Jesús y unido a todo el pueblo creyente y aislado en sus hogares, pero unidos en la fe y en la esperanza. Esta celebración es muy especial para toda la comunidad cristiana porque forma parte de los misterios centrales de nuestra fe que celebramos en esta semana mayor”.

Hizo hincapié en qué de manera especial para los pastores de la iglesia y sacerdotes, la Misa Crismal es importante para ellos porque les recuerda el origen de su ministerio y nace su sacerdocio en el contexto de la última cena, ahí nace las exigencias fundamentales como ministros del evangelio.

“Es en este evangelio de la noche de pascua donde recibimos el tesoro que Dios ha depositado en nuestras manos y la identidad propia de nuestra misión, un primer aspecto de esta hermosa celebración es vivir hoy en carne propia y de manera particular la cercanía y el cariño tan especial de Jesús con sus discípulos, con aquellos que no llama ya siervos sino amigos en un ambiente de intimidad y amistad está unido con ellos…estos momentos que se prolongan en la vida de cada día para el sacerdote en sus momentos de situación personal, especialmente en estos momentos de soledad y aislamiento donde unidos a todo el pueblo de Dios experimentamos la fuerza de su presencia que nos congrega desde el cenáculo”.

Destacó que la vocación sacerdotal no se mide de manera aislada sino unida a un grupo de seguidores y como lo ha señalado el Papa Francisco al frente para señalar el rumbo, en medio de la comunidad para sentirse parte del rebaño y atrás para animar a los que se queden.

“Recordamos este día el encargo más sagrado y maravilloso de nuestra misión sacerdotal la eucaristía, fuente incume de la vida cristiana, sin la cual nuestro servicio sacerdotal al pueblo de Dios y nuestra vocación no tendría sentido…están estrechamente unidos…cuanto nos ha costado en estos días no poder alimentar al pueblo de Dios en esta contingencia de manera adecuada y oportuna con este deber sagrado”.

Dio gracias a Dios porque ha visto a sacerdotes y ministros en su sufrimiento por hacer un esfuerzo sagrado para hacer llegar el alimento sagrado a la comunidad de creyentes.

“Además en este día con toda la comunidad cristiana recibimos también el mandamiento del señor que guía la vida del creyente, el mandamiento del amor…ámense los unos a los otros…un camino que en estos momentos cruciales que estamos viviendo nos da la oportunidad de vivir más plena y creativa este mandamiento sacando lo mejor de nosotros como personas, como cristianos y como pastores, permaneciendo firmes en la fe y la esperanza en medio de esta tempestad…finalmente en esta solemnidad todos los sacerdotes renovamos nuestras promesas sacerdotales, ya sea desde nuestras parroquias por la imposibilidad de estar aquí presentes pero representados hoy por estos hermanos nuestros. Deseamos nuevamente recordar aquel día de nuestra consagración al señor”.

Elevó a Dios la oración desde ese recinto sagrado para pedir por el cese de esta pandemia, por los que han muerto a causa de esta enfermedad, por todos los que sirven y acompañan a todos los infectados, por las autoridades, para que el espíritu santo los ilumine en estos momentos de prueba y por todo el pueblo santo atemorizado por este dolor. “Para que a todos los haga experimental su fuerza y su gracia”​ ​ ​ ​ ​ ​
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