Agenda CONFIDENCIAL/Luis Soto/¿Líderes morales?

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Elfinanciero.com:

Lunes, 20 de julio de 2009

“Seriamente preocupado por el descrédito y la pérdida de autoridad moral del Partido de la Revolución Democrática frente a la ciudadanía y a la opinión pública en general”, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano reapareció el miércoles 15 de julio, después de otra de sus acostumbradas ausencias tácticas para intentar reposicionarse en el escenario político con un documento que tituló: “A los militantes del PRD: un último llamamiento”.

En el largo texto de mil 825 palabras, uno de los fundadores del instituto político convertido en cochinero, pretende que sus compañeros enderecen el rumbo que nunca debieron abandonar, reencuentren la senda perdida y reconstruyan el partido desde sus bases.

“Tal como está el PRD”, dice el tricandidato presidencial de 1988, 1994 y 2000, “es incapaz de dar viabilidad a su proyecto democrático y progresista de nación, y sobre todo, no le es de ninguna utilidad al pueblo mexicano”.

Nomás tres tiros le dio el ingeniero a sus camaradas perredistas con los puntos que propone:

Uno. Que Jesús Ortega, actual presidente del PRD, convoque al Consejo Nacional del partido y le entregue su renuncia, así como la del Comité Ejecutivo y la de todos los órganos de dirección en pleno.

Dos. Que el Consejo designe a una dirigencia provisional y que inmediatamente después el Consejo vote su propia disolución.

Tres. Que la nueva dirigencia sancione sin contemplaciones toda violación a la legalidad interna; anuncie la pérdida de derechos partidarios de quienes hubieran contendido contra el PRD (léase AMLO), y disuelva los grupos de presión llamados corrientes (léase tribus), que han privilegiado intereses personales y de facción y han sido causa principal de las prácticas sectarias y clientelares.

En otras palabras, el viejo líder nacido en 1934 exige que el partido en el que todavía milita, y que según él “está traicionando a sus muertos”, sacrifique a sus Chuchos, expulse a sus Pejes y guillotine a sus tribus; o sea, que se practique el harakiri.

De inmediato, el principal aludido, el presidente de facto del PRD Jesús Ortega, gritó: ¡Yo no renuncio!”, y cuando le recordaron que su dimisión es la primera exigencia del líder moral de su partido, atajó: “¡En el PRD no hay líderes morales!”.

¡Cuánta razón tiene Ortega! Él y sus correligionarios conocen a la perfección -y la respetan- aquella respuesta que dio el cacique potosino Gonzalo N. Santos, El Alazán Tostado (1897-1979), cuando le preguntaron cuál era su moral revolucionaria: “¿Moral? ¡Ah, sí, es un árbol que da moras!”

El que no ha dicho ni pío es Andrés Manuel López Obrador.

Tampoco reaccionaron ante el “último llamamiento” de Cárdenas los jefes de las tribus: Ebrard, Encinas, Bejarano, Padierna, Arce, Círigo, Batres, Quintero, Fernández Noroña, et al. “¿Suicidarnos?”, habrán pensado, “¡Se volvió loco el ingeniero!”

Lo anterior significa varias cosas a la vez:

*A Cuauhtémoc Cárdenas ya nadie le hace caso, porque perdió el toque mágico que alguna vez tuvo, sobre todo en 1988, cuando fue el candidato presidencial ídolo de las multitudes, hasta que el señor licenciado don Carlos Salinas de Gortari le sacó el triunfo de la bolsa, mediante los buenos oficios del secretario de Gobernación Manuel Bartlett Díaz, a quien se le cayó el sistema electoral, y de su jefe el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, a quien entonces todavía le subía el agua a los tinacos… y con mucha presión.

*El liderazgo moral de Cárdenas se hizo añicos el lunes 19 de junio de 2006, en que aceptó que el presidente Vicente Fox lo ungiera como funcionario del régimen panista en la coordinación general de la “Comisión Organizadora de la Conmemoración del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana”. En aquel momento, cuando faltaban escasos 13 días para las elecciones presidenciales, el ingeniero aún no había podido digerir la derrota que significó para él no haber podido contender por cuarta ocasión consecutiva por la Presidencia de la República, y que Andrés Manuel López Obrador fuese el candidato de la Coalición por el Bien de Todos. “Estaba ardido”, dicen sus malquerientes.

*La mayoría de los perredistas no olvidan que Cuauhtémoc Cárdenas, dolido o ardido con AMLO, no apoyó su candidatura y no asistió a un solo mitin de campaña, lo que -de acuerdo con opiniones generalizadas entre la izquierda- le restó miles de votos al tabasqueño, que a la postre resultó vencido por el panista Felipe Calderón en unas apretadas y polémicas elecciones cuyas violentas secuelas nadie quiere recordar.

*Muchos perredistas están convencidos de que Cuauhtémoc Cárdenas no votó el domingo 2 de julio de 2006 por el candidato del partido que él ayudó a fundar, que presidió y que lo hizo candidato presidencial en tres ocasiones. Nadie quitará de la mente de miles de militantes del PRD la convicción de que el ingeniero escatimó su voto a Andrés Manuel López Obrador y que prefirió anularlo o, lo que sería peor, votar por otro candidato. Algo así como lo que hizo en ese mismo año la profesora Elba Esther Gordillo contra el priista Roberto Madrazo y a favor del panista Felipe Calderón, lo que le costó la expulsión del PRI el jueves 13 de julio de 2006, al grito de: ¡Traidora!

*Para terminar, un observador objetivo e imparcial repite convencido lo que ya dijo el jefe del cochinero: “En el PRD no hay líderes morales”. Y concluye: “Le faltó decir a Jesús Ortega que en ese partido solamente tienen líderes inmorales y los ponen a las órdenes del mejor postor”.

No satisfecho con sus reflexiones, el observador se pone solemne y recita un apotegma con amable dedicatoria al señor ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano: “Los pueblos avanzan con sus dirigentes a la cabeza… o con la cabeza de sus dirigentes.”

Dicho sea con todo respeto, pero ¡ya basta de líderes morales, que no son sino ídolos con pies de barro!

La verdad es que todos son iguales, no hay ni a cuál irle: el que no es demagogo es inepto, el que no es inepto es corrupto, el que no es corrupto es…, apuntan los observadores políticos.

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