Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Dietas mortales

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Somos tan mal pensados los mexicanos, que a veces rallamos de incrédulos, ilógicos o un poco faltos de inteligencia: el hecho de ver una noticia proveniente de fuentes poco fiables nos hace elucubrar una serie de conceptos que por lo general están muy alejados de la realidad.
Hace unos días, la Secretaría de Salud a nivel federal anunció el aseguramiento de algunos productos –no medicamentos- de esos que anuncian en la televisión y que, como por arte de magia nos quitan el producto de años de ser tragones: una enorme barriga es exhibida en nuestra “pantalla chica”, y la imagen supuesta de la misma persona, pero unos días después, e inclusive, con diferencia de menos de un día, nos dicen que podemos bajar hasta 2 o 3 centímetros por día.
Habrá que ser afecto a los Santos Inocentes para creer que con una pomada se baja la “lonja” en un día, o que con unas pastillas milagrosas vamos a tener el peso ideal en unas semanas.
De ser cierto lo anterior, no tendrían razón de existir los nutriólogos que se dedican a sugerir dietas, los bariatras y muchos otros, y si alguien hubiera descubierto una pastilla que en unos días nos devuelve al peso ideal, sin lugar a dudas sería una aspirante al Premio Nobel, eso lo tenemos claro.
Pero quien no lo tiene muy claro es la Secretaría de Salud, ya que su titular, José Angel Córdoba de repente hace declaraciones o anuncia acciones poco creíbles, poco lógicas, poco congruentes.
Entre los medicamentos que les han dado el “no” para su venta se encuentran varios que contienen picoliniato de cromo, al que anuncian como una sustancia altamente tóxica.
Ahora resulta que los estudios e investigaciones de décadas, por decreto presidencial, quedaron obsoletos para su aplicación en México y el producto es malo. Sucede lo mismo que con la efedrina –con sus distancias lógicas- que es considerada como droga cuando durante años fue parte de un medicamento popular.
El picolinato de cromo es recomendado por médicos naturistas para varias acciones: baja de peso, por su acción en el organismo que ayuda a la quema de grasa; también se emplea para reafirmar la masa muscular, y eso lo hace proclive a su empleo por deportistas, quienes lo utilizan en buena cantidad.
Por otra parte, los médicos naturistas lo recomiendan como coadyuvante en el tratamiento de la diabetes mellitus, ya que el cromo incide directamente en el funcionamiento del páncreas y permite que haya mejor o mayor cantidad de insulina, lo que representa un control de glucosa adecuado.
No decimos que cure o que controle totalmente, pero los naturistas y otro tipo de doctores lo sugieren mucho. Ahora resulta que es veneno.
El columnista, diabético desde el año de 1993, recibió la sugerencia de un buen amigo, naturista, para el uso del picolinato. Éste se emplea desde hace 13 años y a la fecha no nos ha afectado neurológicamente o en otra parte del organismo como sugiere ahora la Secretaría de Salud a nivel federal.
Si tuviéramos que seleccionar sustancias prohibidas o maliciosas, tendríamos que buscar una manera de no comer nada, porque si somos así de estrictos, las verduras que comemos provienen de sembradíos que en muchas ocasiones son regados con aguas negras o que por efecto de los insecticidas tienen algo que conlleva a tener problemas en la salud.
El picolinato, según estudios en Estados Unidos, Gran Bretaña y otros sitios, se recomienda en una ingesta –o consumo- de 200 mg por día, a manera de que nos ayude a tener mejor funcionamiento pancreático. No sabemos qué tan real sea lo anterior, pero lo que sí sabemos es que su uso diario durante trece años no mata, no propicia cáncer y no nos hace más faltos de entendimiento. Lo anterior se da por efectos naturales de la edad y situaciones personales, mas no por el picolinato, o al menos así lo vemos.
A lo anterior, surge una interrogante para el doctor Córdova Villalobos: ¿Por qué, en lugar de condenar al picolinato y otras sustancias no checan la veracidad y efectividad en las fórmulas de los laboratorios que surten al Sector Salud, cuyas medicinas, a fuerza de ser sinceros, no curan igual que las llamadas “de patente”?
Esta acción la hemos considerado a nivel personal como criminal, ya que de esta forma están engañando a los que llegamos a las farmacias a comprar algo que no existe, que no es real o exacto. Sucede que el tener algún medicamento que no nos funcione, porque no tiene la cantidad de sales que dice es más criminal que cualquier otra medida.
Lejos de cuidar que si el picolinato nos pone gordos y locos, lejos de ver que las escobas digestivas no lo son, debiera el señor Córdova preocuparse por acabar con las mafias de los laboratorios que expenden medicamentos que no tienen las sales que dicen, porque de otra forma no se explicaría nadie por qué compra usted una caja de pastillas de 200 pesos y le produce efectos positivos, y cuando va por la genérica o la similar, de unos 18 o 30 pesitos, no le cura y si, por el contrario, le provoca una gastritis que Dios guarde la hora.
Esos son los asuntos que deben atajar, buscar la salud de los mexicanos, y dejar a un lado el hecho de condenar una o dos sustancias que durante décadas han sido empleadas e investigadas por científicos serios de todo el mundo, quienes consideran que el picolinato no tiene nada de malo en su empleo, siempre y cuando, como todo, no se abuse de él. Lo cierto es que no hay dietas milagrosas ni pastillas que lo pongan a uno como actor de primera en una sola toma: hay que trabajar, o como decía el doctor Daniel: la dieta del agua y ajo: Agua-ntarse con la comida, y Ajo-derse con el ejercicio. Salud!
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