Cd. Victoria, Tam.- El mediodía del régimen calderonista llega en condiciones trágicas para el país, bajo una secuela de calamidades no siempre atribuibles al ejercicio de gobierno, aunque todas, sin excepción, afecten su capacidad de maniobra y representen una merma sustantiva en los resultados finales.
Con la entrega del tercer informe de gobierno y la instalación de la nueva legislatura inicia formalmente la segunda mitad de la administración federal, en condiciones difíciles para el partido de FELIPE CALDERON, hoy reducido a segunda fuerza política.
La ceremonia de hoy se restringe a cumplir de manera literal la obligación que tiene el Ejecutivo de informar, señalada en el artículo 69 constitucional.
En representación de FELIPE, el titular de Gobernación FERNANDO GOMEZ MONT hará entrega del documento respectivo a la comisión correspondiente, sin preámbulos ni aspavientos mayores.
El mensaje político deberá esperar hasta el miércoles 2 de septiembre, a las 9 horas en Palacio Nacional, cuando el mandatario en funciones haga un balance de lo logrado y, previsiblemente, algunos anuncios de importancia.
Entre ellos el esperado ajuste en su equipo de gobierno, particularmente en lo que se refiere al gabinete económico y (esperamos, sin demasiadas ilusiones) en los mandos de seguridad y justicia.
En cuanto a la mecánica del informe, el presidencialismo mexicano sigue sin encontrar un modelo que satisfaga las exigencias de los tiempos actuales.
El discurso del día 2 será tan unilateral como fueron los informes durante la época dorada priísta, sin posibilidad alguna de interacción productiva.
Un monólogo que sólo busca el aplauso como respuesta.
Tricolores o blanquiazules, los mandatarios mexicanos se han mostrado francamente reacios a experimentar con métodos observados en otras latitudes.
Comparecer y someterse al escrutinio legislativo les asusta, aunque ello sea práctica común en las democracias de Europa.
El monólogo es más cómodo porque a nada compromete, salvo a la obligación de leer con corrección, de principio a fin.
Máxime cuando quien presenta el discurso funge al mismo tiempo como anfitrión y está perfectamente dotado de las facultades suficientes para mantener el orden y acallar cualquier protesta o conato de interpelación.
Antaño, cuando estos mensajes tenían lugar en Palacio Legislativo, aunque el formato rígido impidiera cualquier interactividad, al menos quedaba a los disidentes la opción del pataleo, el reproche feroz que busca un lugar en la primera plana del día siguiente.
Pancartas, mantas y recordatorios maternos aderezaban la función, ilustrando con ello la dicotomía que como un abismo profundo separa a los “dos Méxicos”.
Arriba, el discurso feliz del poder, abajo el grito lastimero.
Ya no ocurre así. Ciertamente, el ritual de entrega que hoy encabeza el abogado GOMEZ MONT le ahorra al erario y al contribuyente aquel gigantesco gasto en oropel y confeti que el viejo sistema político dilapidaba en el llamado “Día del Presidente”.
Sin embargo, la ceremonia de mañana donde CALDERON dirá lo que le venga en gana y sin contrapeso alguno, reincide en uno de los vicios más arraigados del poder político mexicano como es el monopolio de la palabra.
Afuera, en las callejuelas cercanas al zócalo, sonarán las ocarinas del lopezobradorismo, entre escupitajos y letanías admonitorias.
Incluso más tarde, la oposición leal desplegará ante los medios la crítica comedida y propia del caso. Lo que no gustó, lo que no se ha hecho, errores de forma por aquí, buenos deseos por allá…
Pero ninguna crítica “a posteriori” cambiará el hecho de que CALDERON (como FOX y todos los mandatarios priístas anteriores) planea informar ante una masa de interlocutores mudos.
Una audiencia controlada cuya única manifestación sonora será el aplauso.
Luego vendrá la glosa. Los diputados tardarán jornadas enteras antes de digerir el documento central y sus apéndices estadísticos que en plena era digital llegan almacenados en un disco óptico.
Recuerde usted que entre las primeras erogaciones del presupuesto conferido a la nueva cámara está el dotar a los 500 representantes de una flamante laptop (sepan o no usarla).
¿Esto es informar a la República, en sentido estricto?, ¿Al Poder Legislativo acaso?…
¿Un discurso de dicho talante deviene (per se) en material informativo?
¿Se darán por satisfechos los mexicanos, se percibirán lo suficientemente enterados del estado que guarda la nación al concluir el mensaje del Presidente?
Nadie en su sano juicio respondería positivamente.
El vacío queda, las dudas se multiplican y la molestia aflora.
Por encima de todo, subsiste la sensación de que la autoridad nacional le queda demasiado chica al huracán financiero que hoy nos sacude.
Y también que en la batalla que se libra contra la delincuencia, el parte de guerra reporta más bajas del lado nuestro que en la trinchera enemiga.
La verticalidad del discurso permanece incólume.
BUZON: [email protected]
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