ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *LIO DE COMADRES

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En aquella lujosa casa de campaña había reinado siempre la armonía y se sentía la buena vibra, porque así lo ordeno el señor.

El, estricto y exigente al extremo, les pidió a sus colaboradores que evitaran hasta el más mínimo incidente que empañe su ambicioso proyecto y, ellos, aceptaron.

Parecían hermanos y casi agarraditos de la mano compartían el pan y la sal, sonrisas sinceras y un visible optimismo, al tiempo que visualizaban ya al señor posado en la primera silla de palacio del gobierno de Tamaulipas distribuyendo suculentos nombramientos.

Como si fueran chiquillos, a veces hasta se jugaban bromillas entre si y, luego, en coro gritaban fuerte que “los azules” son los campeones, como si fueran los aficionados de un partido de futbol.

Muy propios, porque así lo exigen las reglas, procuraban conservar la cordura aunque en ocasiones el celo y la desconfianza se percibían en el ambiente, pero pudo más aquel llamado que hizo el señor.

Y todo iba bien hasta que el agua derramo el vaso y la placentera relación de hermanitos se redujo a insultos de cantina barata y a empujones propios solo de una vulgar riña callejera.

Y no es para menos, porque Julio Meade Perales, polémico personaje del rancio panismo de Ciudad Victoria, fue expulsado gachamente de la casa de campaña del aspirante a la gubernatura de Tamaulipas, Francisco Javier Cabeza de Vaca, ubicada en la avenida del Valle 1218 aquí en Ciudad Victoria, no obstante de que es un hombre que no se queda callado.

El motivo de su expulsión se desconoce con certeza, pero una versión indica que sorprendió a varios delegados federales del PAN en Tamaulipas en ese lugar y en horas de trabajo, lo que lo obligo a fruncir el seño.

Julio, escrupuloso como es, no es amante de que se violen las reglas del juego en la víspera de los comicios en Tamaulipas, por eso puso los puntos sobre la mesa y, eso, a alguien de la casa de campaña, no le agrado.

Como se recordara, fue él, Julio, quién le puso la soga al cuello a Oscar Torre Gómez, cuando fue elegido candidato del PAN a la diputación federal porque lo calificó de “golondrino”, por lo que se le ubicó como uno de los autores de su debacle.

Julio, hizo, demasiado ruido con su inconformidad, un hecho que su contrincante priísta y el mismo tricolor bien, muy bien, capitalizaron.

La expulsión de Julio de ese lugar trajo consecuencias porque junto con él se declararon en total rebeldía contra Panchito Javier, Aristeo Avalos, Guadalupe Espinosa, Leticia Navarro y algunos otros que le besaron la mano al aspirante a candidato azul y que se habían comprometido con su proyecto.

Ahora, flacos, ojerosos, cansados, sin ilusiones y desprotegidos, se dice que le dieron vida a un grupo rebelde hacia el interior del PAN local que denominaron “Todos Unidos Contra Cabeza”, “El Tuca”, para que mejor se comprenda.

Mediante ese grupo pretenden abrir en canal al polémico soñador fronterizo, porque lo que le hicieron a Julio es una afrenta que no perdonan.

Inexplicable, es, que Pancho Javier, con los antecedentes revolucionarios que tiene Julio, lo haya aceptado en sus filas.

Si sabe bien que es un panista que no tiene pelos en la lengua y que las declaraciones que ofrece a los medios son como un regalo que coronan las páginas principales de los rotativos locales.

Ingenuo, novato o no se que será, pero Cabeza de Vaca pasara un trago amargo, porque otra vez tiene al enemigo en casa.

No puede controlar ni a sus camaradas que comparten sus ilusiones.

Y eso le da valor a aquella consigna popular que dice.

Que cuando la perra es brava, hasta los de la casa muerde.

Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com

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