Sayonara, la vida no vale nada

-Tan siniestra cifra convierte al archipiélago nipón, que tiene una población de 127 millones de habitantes, en uno de los enclaves con la tasa de suicidios más alta del mundo. Desde hace más de una década, se vienen registrando más de 30.000 muertes voluntarias al año en la que hasta ahora era la segunda potencia económica del planeta, cuya situación social se ha visto gravemente deteriorada por la crisis.

-ABC.es/EnLineaDIRECTA.

PEKÍN.-Esta recesión global, la peor desde el «Crack del 29», se ha cebado con el imperio del Sol Naciente, que no levanta cabeza desde el estallido en los 90 de las burbujas inmobiliaria y tecnológica y la crisis asiática. A esta «década perdida» se suma ahora la debacle de los mercados occidentales por la falta de crédito, que ha hundido las exportaciones niponas y estancado su consumo doméstico.
«Empleo para toda la vida»
Con el tradicional sistema de «empleos para toda la vida» haciendo agua en las grandes corporaciones, como Toyota, Sony o Mitsubishi, la primera vez que se superaron los 3.000 suicidios al mes fue en octubre de 2008, poco después del traumático hundimiento del banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers.
Fuertemente implantado en Japón, su caída sacudió los cimientos financieros de este país y disparó el número mensual de muertes voluntarias hasta septiembre del año pasado, cuando el histórico cambio de gobierno, con la llegada de los socialdemócratas, abrió una puerta a la esperanza tras el fin de la hegemonía de medio siglo en el poder de la derecha.
A todos estos factores económicos hay que añadir la psicología o particular forma de entender la vida de los nipones, que, alejada del cristianismo e influida por el sintoísmo, el confucionismo y el budismo, ha borrado cualquier estigma social ligado al suicidio. De hecho, incluso lo ha dotado de un cierto halo romántico con las «heroicas» muertes de los pilotos «kamikazes» en la Segunda Guerra Mundial y el sacrificio del «harakiri» que imponía a los samuráis el estricto código de conducta del «bushido».
En una sociedad hipertecnológica y muy competitiva como la japonesa, donde el trabajo ocupa la mayor parte de la vida y las preocupaciones de sus ciudadanos, la afectividad ha ido perdiendo terreno y existen graves carencias emocionales, además de crecientes problemas de comunicación. Incapaces de relacionarse con los demás, se calcula que puede haber un millón de «hikikomori», denominación que el psicólogo Tamaki Saito dio a los adolescentes y jóvenes que se pasan el día encerrados en su habitación viendo películas, escuchando música o jugando con el ordenador y la videoconsola. O leyendo cómics «manga» plagados de sexo y violencia.
En internet han proliferado las páginas web donde se pactan suicidios en grupo que luego se llevan a cabo en bosques como el de Yamanashi, donde 358 personas se quitaron la vida en 2008. En estos apartados lugares, los suicidas se encierran en sus coches y sellan las ventanillas antes de tomar unas píldoras para dormir y perecer asfixiados por las inhalaciones de gas de rudimentarios hornillos de cocina.
Otro de los recursos más frecuentes es arrojarse a las vías del metro, lo que en 2008 provocó retrasos en más de 35.000 trenes por intentos de suicidio.
Campaña del Gobierno
Para detener esta sangría, el Gobierno japonés va a poner en marcha una campaña en defensa de la vida, repartiendo folletos y colocando información en los medios de comunicación y en lugares frecuentados y visibles, como los cajeros automáticos, donde los suicidas suelen acudir para sacar sus últimos ahorros.
Esta iniciativa, que pretende involucrar más a los japoneses en los problemas de sus semejantes, se une a los teléfonos de ayuda y «reuniones por la vida» que ya se organizan en algunos templos. Todo con tal de impedir que los japoneses sigan entonando aquello de «Sayonara, mundo cruel».