Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Kilos incompletos

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Es muy clásico escuchar que en algunos negocios se expenden kilos de 900 gramos, entendiendo lo anterior como el hecho de que nos venden supuestos kilogramos, mal pesados, y que no llegan a ser lo que realmente pagamos.
Esta práctica es también usual en expendios de gasolina, donde nos dan litros de 900 mililitros, con el afán de ahorrarse un poco de recurso, claro, robando a los demás, porque esta práctica definitivamente no deja de ser un acto deshonesto por donde quiera que se le vea.
Antes, llegaba uno a la “tiendita” y nos daban kilos aparentes, porque medio pesaban y medio vendían, pero la verdad es que por ahí se quedaron varios gramos pendientes de consumo.
Nada ha cambiado.
Las tienditas son de hace más de 80 años cuando se establecieron prácticas desleales: nos hacían creer que nos vendían la mercancía y realmente nos daban, no gato por liebre, sino gramo por kilo, para ser más exactos.
Con la crisis, todo mundo está viendo la manera de que el dinero rinda más, incluidos los que se dedican al comercio o arrendamiento de bienes y servicios.
Tratamos de ganar más, o al menos, igual que antes, considerando que la crisis nos afecta.
Pero de ahí a que nos den menos mercancía, eso, llanamente y en lenguaje peculiar del pueblo, es el equivalente a “no tener madre”, como decían los abuelos.
El engaño nunca ha sido una virtud, menos de la gente que presume de honesta.
Las famosas gorditas de Victoria, sabrosas y picosas como pocas, que tienen ya representantes en diversas partes de la República Mexicana e inclusive en los Estados Unidos también han caído en la práctica poco clara. Explicamos:
Hace todavía unos 3 o 4 años, íbamos a desayunar gorditas a cualquiera de las muchas sucursales, y por lo general pedíamos 3, 4 o quizá 5 gorditas. Hoy, pedimos las mismas y como que nos queda un hueco en el estómago.
Sucede que las famosas gorditas hoy pesan menos que antes: las han reducido de su tamaño con tal de ahorrar –no sabemos cuánto- para que no se refleje la inflación en el bolsillo de quienes las elaboran y comercializan, aunque sí en el nuestro, como suele suceder con quien no ha entendido que el comercio es una actividad leal que requiere honestidad.
Si checa usted, están más pequeñas, y obviamente, llevan menos guiso, lo que se asemeja a cualquier fraude que se comete en otros ámbitos.
No es el único caso.
Una cadena de pollo industrializado y lleno de grasa oferta sus paquetes, esos que llevan pollo en tiras, piezas e inclusive las pizzas que ahí venden.
Curiosamente, los paquetes llevaban siempre pan; llaman “bisquetes” a una cosa de masa sin forma, pero no podemos negar que mucho muy sabrosa, a grado tal que cuando compramos los famosos combos familiares, en casa se suceden los “pleitos” para ver quien los consume.
Son realmente deliciosos, sin embargo, a partir del presente año, esos combos familiares que tenían 4 bisquits hoy tienen tres, es decir, han quitado el 25 por ciento del complemento.
No contentos con la medida, hoy los hacen con un peso que es la mitad de lo que era antes, o sea, micro bisquits, por decirlo de alguna otra forma.
Siempre hemos supuesto que es más honesto decir: “te voy a subir el precio por la crisis” que engañar a los consumidores dando raciones más pequeñas de todo lo que consumimos. Aplica a todo tipo de giros.
Los que llevan a cabo estas prácticas se asustan cuando ven a un funcionario declarando o transitando en una buena camioneta: “que le revisen, ha de ser bien ladrón”, emiten casi todos y al mismo tiempo.
¿Qué será más digno de un ladrón?
No se concibe que los que venden comida nos hagan lo anterior. Asimismo, vemos que en todas partes las raciones son más pequeñas, pero en ese sentido, ni PROFECO ni nadie puede hacer nada: simplemente, nos roban y tenemos que callar.
Es muy común hablar mal de los que gobiernan y bien de los que venden, exaltando sus cualidades como algo divino, sin embargo, son ellos los que nos roban a diario.
Los anteriores ejemplos son solamente una pequeña, muy pequeña muestra de lo que se hace en Victoria para sobrevivir a costillas de los demás, amparados en una función oficial.
Si no ponemos un freno a estos abusos, estaremos condenados, y condenando a nuestros hijos a ser pusilánimes, agachones, conformistas, cuando lo que se debe hacer, con el respeto necesario, es vigilar a los que hacen medias raciones y las venden con el engaño de “no hemos subido nuestros precios”. ¿Pero qué tal las ganancias?
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx

Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!

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