En el PRI, el hombre, lobo del hombre/Mario Andrés Aquino López

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A unas horas de la toma de decisiones sobre los precandidatos priístas de Tamaulipas, hay un ambiente de incertidumbre y rivalidad entre los aspirantes.

Esta situación ha llevado a que se escuchen rumores y ataques abiertos o disimulados de uno contra el otro.

Nada nuevo si contemplamos la historia del hombre, parece que dado el carácter congénito de la diferencia de intereses que entretejen la trama de la sociedad civil, no hay punto de coincidencia armoniosa y duradera que permita traducir en unidad política, la divergencia.

Seguimos devorándonos con ferocidad, como ya lo percibía Plauto hace 2200 años cuando dijo: Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit, que significa “lobo es el hombre para el hombre, y no (es) hombre, cuando desconoce quién es el otro.”

Thomas Hobbes afirma en el Leviatán que en el “estado de naturaleza” el hombre vive una guerra de todos contra todos. «El hombre es un lobo para el hombre.»

Parece lejos lo que dice Francis Bacon: Iustitiae debetur quod homo homini sit deus non lupus, que traducido dice: A la justicia debemos que el hombre sea un dios para el hombre y no un lobo.

Tengo la impresión que nuestros políticos olvidan que la unidad de su partido, la del pueblo y la de su gobierno, es la expresión del fin superior que la política debe alcanzar: El bienestar del pueblo.

Mientras en la sociedad los intereses estén en pugna, las opiniones y las clases no conseguirán entenderse. No existe mecanismo electoral, ni sufragio universal alguno que del caos pueda hacer surgir el acuerdo y la armonía.

Nada parece haber cambiado al respecto, mañana, cuando al fin se realice el ansiado destape, muchos habrán quedado en el camino y la magia del quehacer político mexicano habrá de darnos otros prohombres, los que sean nominados; para ellos se harán presentes la adulación excesiva y la aceptación sin crítica de su nominación.

Debemos tener presente, no obstante lo que pase, que cuando el personalismo se convierte en el factor determinante en un Estado, las rencillas personales, los complejos del gobernante, sus propias patologías, empieza a inocularse a todo el Estado.

Tales gobernantes narcisistas, suelen rodearse de un amplio comité de aplausos, y periódicamente “depuran” sus filas bajo el pretexto paranoico de estar infiltrados.

Pronto, los tamaulipecos estaremos cantando loas a los nuevos líderes como ocurrió en el pasado y, al parecer, seguirá ocurriendo en el futuro.

Sin duda el sistema político mexicano y la práctica de la política a la mexicana no son el camino ni tienen los elementos necesarios para llevarnos a la democracia y menos al fin superior que la política debe alcanzar, que es –repito- el bienestar del pueblo.

Confiamos en que tales líderes sean efímeros, que así sea.

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