Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Culpa ¿de quién?

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Llama la atención el grado de desconocimiento que tienen algunos legisladores a nivel nacional y local en cuanto a la problemática de la sociedad: el asunto de la obesidad es grave, muy grave, pero, definitivamente, no se va a solucionar cuando saquemos de las escuelas las bolsas de frituras, galletas y demás “mugrero” que queremos aceptar que les dan a nuestros hijos.
Hay que ser bastante iluso para pensar que por una bolsa de papitas el hijo de alguna persona se pone gordo. En definitiva, los hábitos alimenticios que cargamos son los que propician esos kilogramos y tallas de más.
No nos hagamos los que no sabemos. En un diario nacional circula una información en la que directores culpan a los padres de que los hijos estén gordos, y obviamente, esto ha provocado una “indignación” de parte de los que estamos obligados a enseñar buenos hábitos y a alimentar a nuestros hijos.
Decir que es cosa de las autoridades resulta completamente irresponsable, sin embargo, podríamos resultar tan poco claros e faltos de inteligencia como ha propuesto Ernesto Saro, senador panista que preside la comisión de salud, quien pide que haya un reglamento para la venta de alimentos chatarra en escuelas públicas y privadas, a fin de que “implementar alimentos más sanos y nutritivos, y remontar el problema de obesidad que ya registra el sistema escolar”. Así dice la nota.
El señor Saro no tiene la más remota idea de lo que son las cooperativas, y en caso de exigir lo que ahora pide, debiera también, por ejemplo, promover una ley que prohíba la venta de alcohol y cigarrillos, dado que todos sabemos que no son nada sanos, sin embargo, existen, se fabrican y comercializan.
También debieran prohibir los alimentos enlatados, porque tienen químicos.
¡Qué bárbaro, Senador! Sus sugerencias nos deja asombrados. En ese sentido, María Teresa Ortuño, también senadora panista, dice que mientras SEP y Salud –secretarías- se echan la bolita, los padres de familia y directores deben actuar y no esperar a que esté lista la normatividad al respecto.
Imagine el lector si esperamos a que hagan una ley, tendríamos que esperar a los foros de consulta, las encuestas, las reuniones previas la conformación de la comisión para la nueva ley… y un poco más. Mientras, los hijos seguirán subiendo de peso.
Y es que si nos ponemos en ese plan, todo es malo: alimentos, bebidas y demás. No debieran existir los refrescos embotellados y todo lo que perjudica.
Se nota que los señores senadores panistas no han de conocer la problemática que implica desaparecer a las cooperativas, que también, hay que decirlo aunque haya enemigos y mal informados, que constituyen una fuente de ingresos para escuelas públicas: de ahí se pagan muchas cosas que sus hijos y los míos consumen y necesitan.
Ahora bien, si nos dedicamos a la crítica, hay que proponer algo para evitar este grave, muy grave problema, y no ubicarnos únicamente en donde están los ofendidos y espantados que no queremos ver que los pequeños mexicanos están cada día más gordos y no lo evitamos.
Claro, es más fácil culpar al secretario de Salud, cuando hay toda una estructura en la dependencia, así como también otra en Educación, pero la más importante la constituye la parte donde los hijos pasan la mayor parte del tiempo: la casa, el hogar, la familia, pues.
También es curioso leer que quieren que se “implementen” (así dice) alimentos nutritivos. En el caso de que se quiera hacer una acción de este tipo, hay que pensar que alguien los tiene que elaborar: si los preparan los padres de familia, no les podrá dar tiempo a hacer tantos paquetes o platos, dado que el alimento sano lleva mucho tiempo de preparación, o en el otro caso, saldrían carísimos al concesionar la entrega de alimentos a alguna firma comercial.
Pero también criticamos que lleguen de empresas refresqueras a ofrecer las instalaciones a cambio de exclusividad.
¿Por qué no critican eso, por ejemplo, en restaurantes o sitios públicos de esparcimiento?
Entendemos que es difícil ser legislador, pero la verdad, son esa preparación como la que han demostrado los muchachitos azules, pensamos que cualquiera puede llegar al Senado de la República.
En materia de educación en la nutrición hay mucho qué hacer aún, y si no nos ponemos la pila, difícilmente podremos avanzar, la verdad.
Habría que ocuparse un poco más de tiempo en labores que tienen que ver con el desempeño profesional, y quitarse temores del “qué dirán”. Las cosas por su nombre:
La obesidad infantil y los malos hábitos alimenticios son culpa de quien no sabe comer y de quien no le enseñó bien a hacerlo, pero nunca de un secretario o dependencia. Tienen injerencia, pero la responsabilidad total descansa en los padres, y somos los que tenemos que poner la primera piedra para cambiar el panorama que espera a México dentro de pocos años: la nación con más gordos en el mundo.
Uffff, patético “honor”.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx

Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!

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