En la lona
“Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”
Aristóteles
Pues se acabaron las vacaciones y regresamos a la cruda y triste realidad.
Sí, cruda porque es cruel, áspera, despiadada… triste porque ocasiona pesadumbre y melancolía.
Ese es el contexto en que los mexicanos debemos retornar a nuestras labores cotidianas después de estos días de asueto durante los cuales recordamos la pasión, muerte y resurrección del Maestro.
Por un lado, muchas familias hicieron el sacrificio y aprovecharon el “puente” para vacacionar en diferentes puntos del estado y de la República Mexicana olvidándose, aunque sea por un momento, de la difícil etapa por la que estamos atravesando, y aunque ello significara quedar endeudado por el resto del año.
Se vale, porque es la única forma de dar salida a la presión que nos vemos sometidos diariamente con el cotidiano trajinar. De otra forma, la maquinaria del cuerpo humano puede tronar en cualquier momento.
Lo que no se vale, lo que resulta denigrante, es que, como luchadores insaciables, las autoridades hacendarias sin contemplación alguna el fin de semana asestaron un nuevo golpe a nuestros bolsillos al incrementar en ocho y cuatro centavos las gasolinas Magna y Premium, respectivamente, dejándonos virtualmente en la lona.
El sexto incremento en tan solo cuatro meses para ser más precisa.
Aprovecharon la distracción de este período vacacional para asegurar que no habría problema alguno.
Y pues este nuevo incremento a los costos de los hidrocarburos ya sabemos que traerá consigo aumentos a todos los productos y servicios, por lo que nos espera tiempos aun más difíciles.
Definitivamente la sociedad mexicana está sola, no cuenta con el apoyo de nadie. Por el contrario, todos quieren aprovecharse de ella sacando provecho personal.
No se puede entender de otra forma el hecho de que nuestros flamantes diputados federales no hagan nada al respecto ante las arbitrariedades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Se asustan, se desgarran las vestimentas, se hacen los ofendidos, pero no actúan y ponen un límite a la voracidad del Ejecutivo Federal que se disfraza de vil cordero.
Se olvidan que son otro de los Poderes de la Nación y que su función básicamente es mantener un equilibrio social a través de legislaciones que busquen el bienestar colectivo.
No, ellos tienen tanta culpa como quien tiene la magnífica idea de agobiar más al pueblo.
Para el gobierno federal, esa es la forma perfecta de celebrar los doscientos años de la Independencia de México, de recordar el centenario de la Revolución Mexicana.
Recordándonos que, al igual que hace cien y doscientos años, la tiranía sigue siendo una excelente definición de gobierno.
Recordándonos que la sangre que derramaron aquellos héroes en busca de la libertad, poco o nada les importa.
Recordándonos que seguimos siendo esclavos de su avaricia, egoísmo y ambición.
Recordándonos que para que nuestro país cambie se requiere que la sociedad pierda la paciencia y la cordura.
Por si fuera poco, la otrora Comisión Federal de Electricidad (CFE), siguiendo el ejemplo hacendario, sin distingo alguno más que el de sus trabajadores, continúa también acribillando a millones de familias mexicanas.
Allí no importa si se trata de horarios de verano o tarifas de invierno, de cualquier forma si se requiere se aplica un nuevo incremento como el ocurrido también la semana pasada.
Y ante tal situación, los legisladores simple y sencillamente se quedan cruzados de brazos; se sienten “frustrados” porque sus argumentos no son válidos ante aquellos que sí saben ejercer su poder.
Sólo cuando les conviene demuestran que sí saben hasta dónde llegan sus funciones.
En fin, no nos resta más que desearles un excelente inicio de semana. Hasta la próxima.
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