Las indagatorias sobre el caso ‘Diego’ no muestran avances significativos sobre su paradero, y la renuente actitud del dirigente nacional de ese partido, Cesar Nava, de modernizar al PAN mediante un proceso de democratización interna, y de ciudadanización de sus procesos de selección de candidatos, son hasta el momento elementos vitales que han desnudado la fragilidad de ese partido.
Si a ello se suma la debilidad del gobierno federal para dar solución a la enorme inseguridad que priva en el país, y el fracaso que el PAN está teniendo en entidades en donde en procesos electorales anteriores había avanzado, puedo suponer que en Tamaulipas las cosas no serán tan fáciles como las vaticina el dirigente nacional, el próximo 4 de julio, tamaulipecos tengamos que acudir a las urnas a emitir nuestro sufragio.
Y si digo que no será nada fácil, lo sostengo por la escalada de renuncias que en el PAN se han presentado en las últimas semanas, de personajes importantes que se pasan a las filas de otros partidos, o simplemente para declinar su apoyo hacia ese partido.
Ya había hablado del caso Tampico, en donde Magdalena Peraza es duramente cuestionada por la forma en que arribo a ese partido. También había dicho que en Nuevo Laredo varios importantes militantes renunciaron a su filiación para irse a otros partidos, y hacerle desde esas trincheras, la guerra a los candidatos del PAN.
El caso más reciente ocurrió apenas el miércoles en Reynosa, en donde Carlos Dávila, dirigente municipal del PAN, hizo a un lado la camiseta que tanto había defendido, y aunque no renuncio al partido, declara que no apoyara a sus candidatos.
Caso similar ocurrió en Nuevo Laredo, cuando el dirigente municipal de ese partido, Carlos Bulas, acompaño a su hija Samantha ante las autoridades electorales, para solicitar su renuncia a la candidatura por una regiduría que se le había otorgado.
Tal vez este tipo de acontecimientos aparezca como normal en tiempos electorales, por la forma en que el proceso de selección de los candidatos en Tamaulipas, los llevo a cabo el Comité Ejecutivo Nacional.
Y en efecto, tal situación pareciera de lo más normal y hasta trivial para el ciudadano, pero todo parece indicar que no lo es, ya que al estar el PAN en la presidencia de la Republica y en las gubernaturas de algunas entidades, requiere fortalecer su permanencia en el poder mediante la renovación natural de cuadros, y la creación de una estructura política basada quizas no en sectores ni organizaciones como el PRI, sino en cuadros políticos lo suficientemente homogéneos y confiables que le permitan asegurar su permanencia como partido dominante en el país.
¿Cómo es que puede ocurrir esto? Todo proceso histórico y político tienen un principio y un final, y esto ha sido comprobado de manera fehaciente por la misma historia a través de épocas y períodos, porque la evolución misma obliga a ello.
De este modo, los partidos políticos tienen que evolucionar hacia estadios políticos más congruentes con las necesidades propias del partido y con las necesidades de sus militancias y de la sociedad misma, por lo que quienes no se adecuen a ellas, o sientan que están siendo desfasados y desplazados, es porque se niegan al cambio y a la evolución partidista.
El PRI ya lo vivió en su propia estructura política, le funciono y le ha funcionado hasta el momento, al haber cambiado en casi 80 años de permanencia su nombre, su manera de hacer política y su imagen, aunque en la práctica continúe cometiendo los mismos errores que en el año dos mil le costaron la presidencia de la Republica.
La necesidad de cambiar y de modernizarse obligo al viejo Partido Nacional Revolucionario (PNR), creado por el presidente Calles en 1929, para llevar a la tranquilidad a un país surgido de una reciente guerra civil, a transformase en 1938, bajo la tutela del general Cárdenas, en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), hasta que en 1946, la necesidad de crear un gobierno de leyes y de instituciones, surge el PRI.
En el PAN este proceso de cambio y de transformación necesarios, no ha ocurrido, y por el contrario, se ha mantenido idéntico e invariable a través del tiempo, por lo que pienso que lo que ocurre a su interior debe ser parte de ese proceso.
Creo que es necesario un cambio en el PAN, si es que desea seguir ostentado el poder político en el país. Por ello es que las renuncias, las fracturas, las divisiones y todo lo que ocurre a nivel nacional dentro de ese partido, puede ser parte de ese proceso de transformación histórica que todo partido debe experimentar. Ojala que asi sea, por el bien del PAN, de su militancia y de la misma democracia en el país.
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Algo que me llamo la atención y que no ha tenido eco porque no se ha insistido en ello, es la convocatoria que el candidato el PAN a la presidencia municipal, Everardo Quiroz, hizo hace unos días durante una conferencia de prensa, y que se refiere a un posible debate entre los candidatos de los diferentes partidos que participan en esta inverosímil contienda electoral.
No entiendo cómo es que Quiroz no ha insistido en ello, ya que resultaría harto interesante observar como presentan sus propuestas de partido los candidatos a la alcaldía, por lo que si lo dijo al viento, muy malo, ya que tiene la oportunidad de empoderarse más aun, y de posesionarse del espacio que aun no toca en su campaña.
Sería interesante que alguno de los otros candidatos tomara el reto, pero lo dudo, porque un debate siempre dejara mal al candidato menos preparado para un intercambio de ideas, por lo que dudo que el PRI y el PAN acepten dicho reto.
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En la conferencia de prensa que el PRI organizó la mañana de ayer, todo estuvo bien al estilo del dirigente municipal de ese partido, Ramiro Ramos, ya que se trato de hablar bien y mejor de lo realizado por sus candidatos en la ciudad, Benjamín Galván Gómez, Héctor Canales, Rosa María Alvarado y Aurelio Uvalle.
Solo que, como suele ocurrir, siempre existe un individuo que todo lo echa a perder, y en la ocasión de ayer fue Jorge Pérez, enlace del candidato Rodolfo Torre Cantú en la ciudad, quien con su excesiva zalamería y chocante actitud de barberismo ante el candidato a gobernador, hizo que algunos de los comunicadores que estábamos en el recinto de la conferencia, nos hastiáramos de tanta miel que derramo esa persona, todo para supuestamente quedar bien.
La vanidad hacia un político, cuando es fingida y excesiva, hace más daño hacia quien va dirigida, que una crítica bien fundamentada, por lo que aun no comprendo cómo es que gente así, mediante actitudes y acciones que no son propias, intentan ganarse la simpatía de un político. No lo entiendo.
Hasta mañana