EN ALGUNOS estados de la República Mexicana, hoy lunes 7 de junio, se celebra el Día de la Libertad de Expresión.
Por tal motivo, no resulta extraño que gobernantes (cada vez son menos) o candidatos a cargos de elección popular se reúnan con periodistas y comunicadores.
En la mayoría de los casos, ni los unos ni los otros conocen a ciencia cierta el origen de esa fecha que se hizo tradición más que festejo o conmemoración.
Por ejemplo, hoy por la mañana, el candidato del PAN a la presidencia municipal, RAMON ANTONIO SAMPAYO ORTIZ, ofrecerá un desayuno-convivencia a representantes de los distintos medios de comunicación con motivo del Día de la Libertad de Expresión.
A la misma hora pero en la ciudad de Valle Hermoso, el abanderado tricolor a la alcaldía, EFRAIN DE LEON LEON, compartirá el pan y la sal, en ocasión de la misma celebración, con los trabajadores de la información en esa pujante comunidad.
Por ello, es necesario recordar tanto a políticos como a comunicadores el origen de tal fecha célebre en el calendario mexicano, misma que, en realidad, nada tiene que ver con la libre expresión.
Resulta que allá por los años cincuentas, los periódicos influían en la vida política, social y económica del país al constituirse, en aquel entonces, como el principal medio de comunicación masivo.
En consecuencia, los grandes consorcios editoriales mantenían una estrecha relación con el mandatario en turno. En aquella época gobernaba la Nación el presidente MIGUEL ALEMAN.
Fue entonces cuando el Coronel JOSE GARCIA VALSECA, propietario de la cadena de periódicos Los Soles, en reunión con otros influyentes editores de aquellos años, decidieron instituir el día 7 de junio, como el Día de la Libertad de Expresión, como una manera de agradecer al mandatario nacional el apoyo económico, vía convenios publicitarios, que recibían de manera bastante generosa.
Es decir, no se trató de un reconocimiento gubernamental a los trabajadores de la información en base a ese derecho constitucional, sino que en realidad fue un acto de pleitesía de los editores de la época, encabezados por el coronel GARCIA VALSECA.
Como es evidente, desde sus orígenes, tal celebración o conmemoración el día 7 de junio de cada año, nada tiene que ver con la importancia que revisten las garantías plasmadas en los artículos Sexto y Séptimo Constitucionales, que refieren el Derecho a la Información y a la Libertad de Expresión de los mexicanos.
Sin embargo, como suele suceder, las tradiciones se imponen a las realidades, y es por ello que en algunos estados y municipios del territorio nacional se lleva a cabo ese tipo de celebración.
Aunque, a decir verdad, en base a los más de 100 asesinatos de periodistas desde 1,983 a la fecha, situación que se recrudeció en contra de los informadores a partir de la alternancia política en México, realmente nada hay que celebrar.
Por supuesto que es digno agradecerse cualquier tipo de manifestación que, aunque con desconocimiento de causa, lleve como objetivo recordar esa garantía consagrada en la Carta Magna.
Fecha más significativa pero poco aceptada por las nuevas camadas de comunicadores y políticos es el 3 de Mayo, instituida por la Organización de las Naciones Unidas como el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
Fue el 20 de diciembre de l,993 cuando a recomendación de la UNESCO, la Asamblea General de la ONU emitió la decisión 48/432 avalando un resolutivo tomado dos años antes.
La Conferencia General de la UNESCO reconoció que “una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.
A partir de entonces, todos los países miembros de ese organismo internacional, entre los que se encuentra México, acordaron proclamar el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
En consecuencia, existe un mar de fundamento y objetivo real entre una celebración surgida para rendir pleitesía al gobierno alemanista de los cincuentas, y la proclamación de una decisión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.
Ya en la práctica, ni el gobierno federal ni los estatales ni municipales han entendido la importancia y origen de cada fecha, ni tampoco su esencia y objetivo.
Es común escuchar discursos oficialistas en donde representantes populares se ufanan en ser respetuosos de la libertad de expresión, sin tomar en cuenta que se trata de un derecho constitucional, de esos que prometieron respetar y hacer respetar.
Y hasta la próxima.
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