Uno de los delitos que aún no se castiga como debiera, es, sin duda alguna, el referente al acoso sexual, que se presenta por lo general en empresas y dependencias donde algunos –y algunas- vivales se quieren aprovechar de la necesidad de la gente.
El acoso sexual ha sido comentado por legisladores y funcionarios; de hecho, curiosamente, en el Instituto de la Mujer se dice mucho al respecto: que si existe, que si se da, que si se denuncia, y en ese sentido, algunas declaraciones dejan mucho que desear, porque siempre se dice que no se denuncian los casos.
En este sentido, se argumenta que muchos de éstos son desechados porque las mismas autoridades desdeñan la queja, afirmando que las que denuncian “se lo buscan”, o “lo querían”, lo que pone en un papel difícil a las féminas que son objeto de este delito. Las ubican prácticamente como damiselas, personas que se dedican a la vida fácil y ligera y, en muchos casos, las comparan con quienes se dedican a la prostitución.
No existe una cultura de defensa de los derechos mínimos de la mujer en este caso. No hay una respuesta adecuada, y para ejemplo, permítame citar el hecho de un simple robo en un vehículo: cuando vimos que habían roto la aleta del automóvil, acudimos a las autoridades a denunciar el hecho, y recibimos como respuesta, de una agente: “pero va a salir en el periódico”, como si fuera obligación que todas las denuncias se hagan del conocimiento público.
En el caso del acoso, muchas damas no quieren denunciar porque no quieren que se ventile en todas partes su caso, sabedoras que muchos ignorantes y mal pensados dirán que ellas se lo buscan, que andan primero de coquetas y luego se arrepienten o en el peor de los casos, que lo hacen por despecho.
Todo esto es una realidad, y para ser honestos, no siempre es atinado, porque las mujeres también tienen todo el derecho a defender su dignidad como tales, al igual que los varones. Hay casos en que una persona que se ubica en cargo de poder hostiga o acosa a un varón, porque le ha llenado el ojo y quiere sostener relaciones con él. En el caso de las damas, cuando la agredida tiene la “desgracia” de ser madre soltera o divorciada, los patanes piensan que tienen todo el derecho, al fin que ya sabe la mujer a lo que se atiene, y consideran que si tuvo ya una pareja, bien puede sostener relaciones con cualquiera.
Equivocado a más no poder: la mujer tiene el derecho de elegir a su o sus parejas sin que nadie quiera o pretenda interferir en ello, más que su propia dignidad, su forma de pensar y su formación personal. Punto.
El acoso sexual se convierte en un arma para algunos infelices que ostentan cargos públicos. Recientemente, la diputada local Leonor Sarre Navarro tocó el tema porque una chica ha sido objeto de no solamente acoso sexual sino amenazas y actitudes de revanchismo por parte de un patán que tiene cargo en una institución educativa local, y que aprovechó para querer pasarse de listo.
La legisladora comenta que la mujercita está a punto de interponer la denuncia penal a nivel federal, porque, asegura, en Tamaulipas el acoso sexual no está tipificado como delito.
Esperamos que algún amigo abogado nos saque de la duda y se pueda conjurar esta situación.
Pero volviendo al delito en cuestión, no se vale que una mujer u hombre sean objeto de este tipo de actitudes por el solo hecho de que le hayan gustado al patán o a la infeliz mujer que piensa que por su cargo puede disponer del cuerpo de alguna persona sin merecerlo.
Si la persona se deja convencer, si el tipo o mujer tienen la capacidad de conquistar y hacer que la gente les acompañe, por una buena labor o actitud, cada quien sabrá su situación, pero, aprovechar el hambre y la necesidad, es peor que un delito de acoso: es una situación injusta, bárbara y que, simplemente, no tiene madre.
En ese sentido, debieran existir leyes que, en primera instancia, inhabiliten a esa bestia humana que piensa abusar sexualmente de otra persona a cambio de un trabajo, cargo o puesto o ascenso, y luego, castigar con cárcel con penas muy severas, difundir a través de todos los medios a esa persona y prevenir a la población para que nunca más tenga oportunidad de acceder a un cargo con poder que le permita seguir siendo abusador o abusadora.
Se requiere, en este rubro, legislar, buscar que las leyes castiguen estos delitos, y que se propicie el dignificar no a la mujer sino también al hombre, es decir, al ser humano.
No se trata de asumir poses feministas o machistas, sino de hacerse respetar; no compartimos actitudes de grupos de defensa de la mujer o del hombre: somos de la idea de que se debe asumir una forma de pensar universal, sin sexo ni ideología, sin partido político o religión,
Se trata de que seamos dignos ciudadanos del mundo, y todos colaboremos en esa dignificación, hombres o mujeres, y a quien no entienda, que lo refundan en una mazmorra fría y húmeda para que, en ese congelante y oscuro ambiente, se le baje la calentura y las ganas de seguir abusando. No se vale que tengan forma de dirigir, porque no tienen el mínimo respeto por los demás.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!