Independientemente de la gran alegría que debemos tener prácticamente todos los mexicanos, gracias a los dos goles con que la selección derrotó a la de Francia, las campañas políticas en la entidad siguen su curso; como resultó natural, la mayoría de candidatos a alcalde, diputado y gobernador hicieron un alto en sus actividades proselitistas para disfrutar el encuentro de fútbol.
Qué bueno que jugó nuestro equipo como lo hizo, ya era justo tener una alegría de esta naturaleza.
Dentro de las campañas ha habido un poco de todo y, desgraciadamente, los golpes bajos no han dejado de presentarse: difamaciones, chismes, calumnias y otro tipo de estrategias de mucha gente, cayendo inclusive en el auto-ataque para luego acusar a los de otros institutos políticos.
Es una estrategia que se presenta comúnmente en quienes ven que sus posibilidades, a medida que avanza el tiempo, se reducen: tienen prácticamente perdida la elección e inventan ataques y comienzan a ver, como se dice popularmente: “moros con tranchetes”.
Esa declaración de que una camioneta blanca, sin placas, está destruyendo la propaganda de un candidato del Partido Acción Nacional suena así como el querer responsabilizar al partido que hoy gobierna en la entidad porque existen grafiteros o delincuentes que gustan de destrozar todo lo que encuentran a su paso.
Cierto, en todos los partidos existe gente buena y no tanto, y hay personas que gustan de hacer cosas no tan claras con tal de ganar adeptos; el hecho es que quienes llevan a cabo la dirección de estos esfuerzos tengan la capacidad y autoridad para evitar que se presenten estos casos, aunque, insistimos, mucho de lo que se dice es producto de la alucinación de dirigentes partidistas, como ocurre periódicamente con el novio de Patilú, aquel hombre que gusta de pensar que todo el mundo está en su contra y ataca sin fundamento, critica sin saber y acusa con una irresponsable manera de decir las cosas que insulta a los inteligentes y a los que no lo son tanto y ocupan puestos de dirigentes en su propio instituto, pero en los estados o municipios.
Ya la gente se ha cansado de escuchar que se critica a los demás y no se tiene una base. Los que tenemos interés por los procesos electorales, por participar ya sea como observadores, cumplir como funcionarios de casilla o de alguna otra manera, nos cansamos también de escuchar lamentos estériles.
Recordamos aún cuando Tomás Yarrington y Eugenio Hernández Flores lograron contundentes victorias, no hubo reclamos porque no cabían: que tal la abrumadora victoria del PRI que los más recalcitrantes panistas no tuvieron oportunidad de gritar que fue elección de estado o que hubo fraude: no les quedó más que reconocer su derrota, y de esa manera, nos dejamos de reclamos como los que acostumbran militantes de la llamada “izquierda” que siempre tienen el complejo de persecución y aseguran, cuando pierden, que les robaron, pero cuando llegan a ganar, hablan de un ejemplo de civilidad.
Nada hay tan desagradable que estar escuchando esos lloriqueos que no llevan fundamento para poder ser tomados en cuenta.
También, cansados estamos de que se descalifique a la autoridad electoral por lo que sucede, y de que mucha gente se va con la idea que nos venden algunos malos políticos y refuerzan las teorías de la conspiración, la del fraude y otras más, que lo único que tienen es que provocan un tremendo daño a la certidumbre electoral.
Estamos seguros que el voto se respeta: lo vivimos muy de cerca y lo hemos constatado en cada ocasión que se presenta la oportunidad de manifestar la opinión a través del voto.
En este sentido, vemos la manera en que un candidato como Rodolfo Torre Cantú se perfila a ganar sin problemas, la elección para gobernador, y también la forma en que muchos priístas más están amarrando prácticamente su cargo en el congreso local o el ayuntamiento de donde son originarios o radican.
A fuerza de ser sinceros, no vemos por donde puedan los partidos opositores ganar alguna posición en el estado. Se pueden dar estos resultados, y quienes confían en que ya tienen ganada la elección deben ponerse a trabajar como si llevaran una considerable desventaja.
No cejar en su empeño para poder ganar, será la base para que puedan entregar buenas cuentas.
Y es importante entender que las acusaciones que se presentan en conferencias de prensa no dejan de ser esfuerzos mediáticos para ganar la atención, porque adeptos, difícilmente podrán alcanzar a convencer con estas ideologías de queja, de sufrimiento y de promoción del fraude.
Una cosa es que se considere a alguien de un instituto político, y otra muy diferente la de cerrar los ojos a la realidad de Tamaulipas: aquí, a fuerza de ser sinceros, no se ve un mínimo camino por el cual pueda ganar un PAN o un PRD capaces de provocar que la población pueda apoyarles.
El caso es que procuremos todos participar dentro de la legalidad y limpieza electoral, y que el resultado sea producto de la voluntad popular, que el próximo gobernador pueda asegurar que fue la población la que lo llevó a ese triunfo, y entonces, gobernar para que todos podamos mejorar, para que podamos estar mejor, pues.
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