Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Un buen padre

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Biológicamente, casi todos los hombres podemos ser padres, a menos que exista un impedimento físico o médico, que son pocos en realidad. Todos tenemos esa cualidad que muchas veces no se desarrolla como debiera.
Ser padre, un concepto que muchos o entendemos cuando lo somos o cuando vemos por vez primera aquellos ojos y ese pequeño cuerpo indefenso y lleno de ternura que significa el primer hijo.
Nadie puede olvidar esa impresión inicial, cuando le vemos y mamá nos dice. “cárgalo”: ya se nos mueve como muñeco o muñeca y no tenemos idea de lo que estamos haciendo. Pensamos que podemos lastimarlo.
Y luego, en cada una de las muchas etapas de la vida, ellos nos llenan de alegrías y preocupaciones, de tristezas y enojos, de satisfacciones y orgullo, que podemos entender que son los más importantes.
Ser padre es una experiencia hermosa, maravillosa, única, una experiencia que no cambiaría por nada, o bueno, casi por nada. Ser padre ha sido una motivación para seguir existiendo y entender que hay que trabajar muy fuertemente para merecer ese título: el trabajo de poder ser comprendido y comprender, de ser amado y amar, ser ejemplo y poder orientar.
El ser padre no es nada fácil, porque prácticamente, para los hijos, nosotros no tenemos derecho a equivocarnos, escapando esa condición humana tan natural, convirtiéndose o queriéndolo hacer, en una condición divina del ser que siempre tiene la razón, hasta que los hijos descubren que aquel ídolo, aquel gran hombre es, exactamente como todos: un ser humano.
Con sus defectos y virtudes, con sus cosas que a veces cansan o chocan, pero papá es y seguirá siendo un ser humano. ¿Qué lo hace especial?
Papá es ese ser humano que nos protege siempre, que está ahí para regalarnos el consejo o la reprimenda, la experiencia a través de la palabra y, aunque a veces es poco expresivo, papá nos ofrece su inmenso amor a cada momento.
Salir de casa al trabajo pensando en la manera de llevar más recurso para los que están ahí, en casa esperando, sea la comida o la ropa, el pago de algo o el premio, el dulce o la recompensa merecida, no es cosa que haga cualquier persona: papá lo hace todos los días por los suyos, y disfruta al máximo cuando uno de sus hijos o hijas recibe lo que ha llevado y, con una sonrisa dice: “gracias, pá”. En la mayoría de las ocasiones, con eso basta para que uno se sienta el hombre más afortunado del mundo.
Y cuando te enfrentas al mundo y ofreces un agradecimiento al creador por tener la oportunidad de vivir esta experiencia maravillosa, te das cuenta que hay algo también por ahí que tiene un valor único e indescriptible y que se asemeja a la experiencia de la paternidad: tiene mucho que ver con ella, y es precisamente el contar con una persona que reúne todos los requisitos de afecto, amor, cariño, comprensión, amistad y camaradería suficientes como para poder decirle papá.
Y volteas a ver una película de tu vida y ves que él está ahí, casi siempre, casi, porque en esos otros momentos no lo registramos porque seguramente estaría con mamá o uno de los hermanos, sosteniendo su existencia y sus afectos, sus valores y sus prioridades.
El haber disfrutado de tantos años al lado de un maravilloso amigo como lo ha sido papá es el motivo más que prioritario para agradecer al Creador por haber sido parte de esa familia que, una vez estuvo unida y que, hoy, ha visto que muchos de sus integrantes tuvieron alas y volaron, cada uno, a su destino.
Yo sí puedo decir que papá constituyó una parte fundamental en mi existencia, y sobre todo, se convirtió en el mejor amigo que alguien pudiera tener.
En aquellos momentos en que se hizo imprescindible, apareció como por arte de magia, como siempre, con su consejo vital o su compañía, su charla o su sonrisa.
Papá siempre ha estado ahí, y acá, en el corazón donde cada día hay un tributo a su existencia, a su valía dentro de la existencia propia.
Sabemos que uno es ser humano 365 días al año y no solamente el día en que la sociedad decide marcarlo, sabemos, también, que un padre es de toda la vida para los hijos, pero sabemos también que, cuando el Creador decidió mandar a este en especial, le entregó indicaciones muy precisas.
No se cumplieron: se superaron.
Y cuando uno tiene la maravillosa oportunidad de ser de los consentidos de Dios por todo lo que recibe a diario, cuando te sabes afortunado y encima de todo te mandan al mejor amigo para que, con el título de papá te ayude y apoye, no tienes más que agradecer a la vida por estas experiencias maravillosas.
Por este amigo, compañero y camarada, por ese soporte y apoyo de los días difíciles, por ese ser humano que muchas veces dejó lo que tenía para entregarlo en forma desinteresada.
Por ese hombre, hoy queremos agradecer al Creador, a la vida, a Dios, a todo lo que nos rodea, porque hoy, padre, te entregamos un reconocimiento justo, sencillo, pequeño, pero de todo corazón. Gracias por existir y ser parte de mí.
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