Maremágnum/Mario Vargas Suárez *El graffitis… de don Manuel

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La fachada de la casa ya fue pintarrajeada por alguna mano sin quehacer y seguro sintió hizo “una obra de arte” en la pared de la calle, esa que me costó la última vez que la reparé de lo mismo, una lanilla que si bien no me sobra, si me hace falta para otra cosa.

El pésimo gusto de los muchachos y muchachas que pintarrajean lo que no es propio es una práctica que se ha ido incrementando por esas líneas surrealistas que las mas de las veces pareciera carece de simbología.

Hace tiempo leí y escuché programas de TV y de radio sobre el hecho de que en algunas ciudades un tipo de graffitis era considerado por las “bandas” delincuenciales como un medio de comunicación y la PGR había aprendido ya el código al grado que siguiendo determinados signos podían llegar a lugares donde se expende droga, por ejemplo, y hasta el horario.

En otro orden también ha servido el graffitis para señalar el domicilio que se respeta o al que hay que vigilar por alguna causa, incluso el robo o hasta el homicidio.

También es justo decir que el graffitis llegó a una galería de de Nueva York y al dueño que tuvo la idea le ha ido económicamente muy bien porque no solo ha sabido promocionarlo, sino que ha obtenido ganancias exageradas.

Le comento que haciendo un esfuerzo financiero, viajé hace dos años al viejo continente y en la bella Madrid y el inolvidable Paris, me percaté son ciudades que parecieran clientes cautivas de los graffiteros y no solo las paredes –del material que me diga- sino de los vehículos de carga como las camionetas de empresas comerciales.

Tamaulipas no podía ser excepción y particularmente en la capital del estado por todos los rumbos se observan paredes pintadas, mas bien pintarrajeadas y “la polecía siempre en vigilia… o lo que es lo mismo píntale graffitero que yo no te veo” como posiblemente dijeran “Los Polivoces” en su programa de TV de hace algunos veranos.

Algunos comercios, unas casas y hasta con fachadas de residencia, así como instituciones públicas entre escuelas y guarderías infantiles, son los “lienzos” que los graffiteros han tomado para que con sus botes de pintura como pincel, plasmen sus inspiraciones o mensajes.

Llama mi atención una nota de Luz Elena Hernández cuando se refiere al graffitis de las escuelas, lo curioso de la nota no es la acción de la pintura hecha por las manos –hábiles, reconozco- del joven, sino las declaraciones de don Manuel Treviño, que en esta ocasión se “salió” o como dijeran los “chavos buena onda: Se la bañó, wey…”

Le comento que el papá de la Trevi actualmente es el director de lo que fue CAPSET, ahora es el Instituto de Infraestructura Educativa, pero el tema central es que don Manuel declaró “…la falta de higiene de los directores de las escuelas, son la causa principal de que cientos de instituciones educativas estén cubiertas de graffitis…”

¡Zaz!, duro y a la cabeza, contra los directores, ni se los rodearon, fue directo.

No es posible que un funcionario de su envergadura haga este tipo de declaraciones, sobre todo porque él mismo sabe la calidad de material de las escuelas y que por otro lado, la pintura antigraffitis que pretenden poner ahora, no es nada barata y la institución que dirige solo se aboca a construcciones nuevas y pocas o ninguna vez a reparaciones.

La pintura interior y exterior de las escuelas públicas, incluyendo salones, siempre ha corrido por cuenta de los padres de familia, pocas veces son los ayuntamientos quien se les regala a cambio de que la escuela o sus padres de familia paguen la mano de obra ¿De donde sale esa lana don Manuel Treviño? ¿Se le chispoteo?. Su declaración fuertes tienen eco y le comento que en lo personal, las veces que me han graffiteado la casade ninguna manera es porque el lugar donde esté sucio, por el contrario, si no estuviera limpio, no pintarrajean.

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