Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
Reynosa, Tamaulipas.- Como si le fuese heredada la férrea voluntad de luchar siempre hasta el ultimo momento, el monumento al migrante erigido en honor del activista y defensor de los derechos humanos Arturo Solís Gómez (qepd) parece evocar su terquedad de no ceder antes de dar la pelea al cauce natural del Río Bravo que poco a poco se va comiendo la ribera y avanza tierra adentro.
La cruz de concreto y cemento se alza orgullosa y desafiante por encima del cauce del Río Bravo que- hasta ahora- no ha superado ese espacio que evoca el recuerdo del primer defensor de los derechos humanos en la frontera norte de México, un cierto dejo de ironía se viene a la mente, al recordar que una voluntad de Arturo Solís al fallecer era la de ser incinerados sus restos y arrojarlos al Bravo, aunque no fue así, en esencia y recuerdo se enfrenta al río al cual dedicó buena parte de su vida en el análisis del fenómeno emigratorio.
En las tardes y noches de vigilia las charlas de los curiosos que asisten y rondan el perímetro adyacente al Bravo, se encienden con historias del pasado y la cruz ahí sigue cobijando su preocupación y desvelo, como si supiera que en ella se ha cifrado la esperanza de salvación y pasar por alto la contingencia de la madre naturaleza que no sabe de fronteras ni de limites.
Quienes llegan para dar testimonio de la crecida de aguas río adentro, testifican también que la cruz los sigue y acompaña con sus columnas horizontales extendidas como brazos ansiosos de abrazar, algunos apenas de reojo la miran, quizás guardando las plegarias al silencio interno, pero otros desbordan y la acarician con pagana ansiedad de redimirse ante los demás, confesión que se admite y proscribe al pecado terrenal.
Ese monumento en memoria de los migrantes, es sin duda alguna un catalizador de fe espontánea que se anhela por encima de la amenaza natural que representan las inundaciones del río, en estos momentos bien le hace a la ciudadanía actos de contrición, renovada feligresía de un culto que se pierde apenas cruzando las aguas rumbo al Norte.
Y es que en estos momentos de sapiencia de la contundente e incuestionable fuerza de la naturaleza y en donde los humanos somos tan solo piezas de ajedrez en la cual la suerte no juega cartas, la fe y la creencia pueden convencer a la muchedumbre que a veces, tan solo por ciertas ocasiones, los milagros existen.


