Tristemente, nos damos cuenta que la llamada “clase política nacional” está devaluada, conformada por un grupo de vividores del presupuesto en sus distintos niveles, pero que no dejan de ser una caterva de personajes que solamente están a la expectativa de lo que acontece para llevar, como se dice en las calles, “agua a su molino”.
Y un clarísimo ejemplo lo tenemos con aquellos que conforman la administración de ese lugar que conocimos hace 60 años como la región más transparente del mundo y que hoy se conoce, irónicamente, como la más contaminada y peligrosa de casi todo el mundo, apenas rebasada por unas cuantas q1ue sí trabajan y en las que la ciudadanía está viendo cambios.
El señor Marcelo Ebrard es una persona que insiste en ser presidente de México en cuanto Felipe Calderón termine con su gestión y con la vida de miles de mexicanos, y el perredista ocupa el dinero del Distrito Federal para “arropar” causas que no le competen.
De esta forma, financia movimientos de protesta de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, o de la mina de Cananea por igual, o patrocina a los grupos de madres afectadas por un accidente –así es: accidente- que causó la muerte a más de 40 pequeños en el norte del país, provocando que en una decisión incoherente se declarara “día de duelo nacional”, cuando ha habido desgracias mucho mayores que no fueron consideradas. Recuérdese el sismo que acabó con miles de vidas en la capital del país, cuando Ebrard no soñaba siquiera con ser ni perredista ni jefe de la ciudad.
Y como Ebrard, el senador Carlos Navarrete está entrando el juego de los del sol azteca, con declaraciones que no ayudan en nada. Así sucede, también, con representantes del Partido Acción Nacional en la ciudad de México que, como diputados federales o senadores consideran que su voz es autorizada, y descalifican una serie de medidas de los gobiernos estatales.
¡Ahora resulta que la decisión de conformar cuerpos policiacos únicos ha sido detenida por los gobernadores en el país!
En este sentido, la Secretaría de Seguridad Pública federal ha manejado ese pronunciamiento de parte de su titular de apellidos García Luna, en el sentido de que todo lo malo que acontece es consecuencia de los estados y sus gobernantes.
Y justo, cuando afirma lo anterior, revienta el problema en Ciudad Juárez, donde los miembros de la PFP denuncian la corrupción de sus mismos comandantes y jefes.
Sería como culpar a una sola persona o institución por el hecho de que nuestro país sea reconocido como uno de los que tienen más grandes niveles de corrupción.
Los problemas que vive México son causados por la inercia que hemos vivido en los últimos doscientos años, justamente desde que inician los movimientos de independencia y revolución que ahora festejamos.
Y para nada es bueno el culpar a un nivel de gobierno por lo que sucede en materia de productividad, agricultura y ganadería, lluvias, contaminación, seguridad pública, salud o educación.
Por ejemplo: Elba Esther Gordillo no es culpa de ningún partido, sino de un gremio que le ha permitido ser el monstruo voraz, corrupto y nefasto que ha acabado con la educación, pero es porque el gremio mismo se lo ha permitido. Si los profesores y sus agremiados fueran congruentes con lo que dicen y hacen, desde cuando le hubieran dado un puntapié en salva sea la parte, y ya hubieran limpiado ese sindicato tan lleno de escoria, basura y putrefacción, comenzando por sus líderes.
Y los funcionarios federales con que contamos en la entidad se llenan la boca asegurando que el gobierno estatal no trabaja y el federal sí. Dichos que no son justificados con acciones.
De todos es sabido que a consecuencia de las lluvias se han tenido que instrumentar programas emergentes en los tres niveles de gobierno. De todos es sabido quienes están colaborando, y hay un poco en cada uno de los tres niveles, por lo que tratar de desprestigiar a los demás, no es precisamente una actitud ni ética, ni honesta ni digna.
Es esta una de las muchas razones por las que la gente no cree en la mal llamada clase política, porque hemos constatado que tienen todo, menos clase.
Y como hemos dicho en anteriores colaboraciones: no todo está podrido: también hay manzanas buenas en el árbol, sin que lo anterior signifique que no podemos ver los gusanos que carcomen a otras.
Esos delegados federales, bueno fuera que salieran una vez de sus lujosas oficinas y del aire acondicionado y entendieran qué hacemos los que vivimos en las calles, quien tiene dificultad para obtener empleo o servicios de salud, o quienes padecen la falta de oportunidades para estudiar.
Deberían aprender un poco de algunos líderes sociales que conocen, palmo a palmo, su comunidad y las necesidades de ésta.
Y claro, otros servidores públicos, en lugar de estar declarando incoherencias, podrían dedicarse a gobernar. Marcelo, Carlos, Enrique… muchos más.
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