Siempre vemos esta frase y la ligamos con la legalidad; se supone que el estudio del derecho se refiere a las leyes y demás, que los abogados ven por el cumplimiento de las leyes y su profesión es precisamente relacionada con éstas. Nada haya más inexacto en la realidad.
Sabemos que en México somos especialistas en improvisar: hay un doctor en agricultura o un ingeniero en salud, al igual que un economista en educación o un profesor en tránsito: da igual, porque finalmente, los resultados son los mismos: el desencanto ciudadano, el enojo de los que vivimos a diario injusticias y falta de precisión en el trabajo, los que votamos y luego tenemos cosas que no eran las prometidas.
Cosa de todos los días.
Pero, se preguntará el lector a qué viene el título del estado de derecho. Bien, la explicación tiene que ver con una serie de reflexiones meramente personales.
Todos los días vamos a la escuela a dejar a los hijos o hijas y encontramos gente estacionada en doble y hasta triple fila con una conchudez que llama la atención: les importa un comino el estorbar, porque finalmente, son los que piensan que “un poquito” no es malo, y además, es para dejar a sus hijitos en la escuela, pensando que seguramente su pequeño heredero es el único niño del mundo.
No pensar en los demás es egoísta, estúpido… y normal en nuestros días.
No hay autoridad capaz de meter en cintura a estas personas, al igual que los que transitan llamando a celulares; es muy común ver damas con camionetas grandes y lujosas, con el niño en brazos, el celular en la mano y además, con una falta de pericia para conducir que llama la atención, por no decir que da miedo.
Luego, ver a la gente que ha pintado de azul la ciudad, en el sentido de que todo mundo, en una actitud demasiado egoísta e ilegal pintan los frentes de sus domicilios como si viviera alguien con alguna discapacidad física. Se olvidan que este “privilegio” es para apoyar a quien lo necesita, y no a quien maneja una aparente falta de capacidad intelectual y ciudadana. No somos dueños de los frentes de casa, y la ley obliga a la gente a NO estacionarse en las cocheras, pero nada más.
Todo mundo, en el centro de la ciudad, tiene pintado de amarillo o azul, como si fueran los dueños de las calles, y eso estorba, enoja, incomoda…
Por otra parte, miles transitan sin placas ni permiso: de todas edades y condiciones socioeconómicas, como si les importara menos que nada el cumplir con la ley, pero lo más grave es que se les permita hacerlo, o transitar con placas vencidas. ¿Dónde está el hecho de cumplir con la ley, o de acatarla?
Vamos a la presidencia municipal a pedir que nos condonen los recargos por no pagar predial a tiempo, y conseguimos que nos quiten ese dinero que merecemos desembolsar por incumplidos. Nadie puede pretextar no tener recursos para pagarlo: tenemos un año para juntarlo si somos precavidos, pero si lo dejamos para el último minuto, seguramente tendremos problemas.
Luego, la forma en que hacemos declaraciones fiscales, procurando evadir lo más que se pueda. En ese sentido, quizá tengamos razón en el sentido de que no vemos claro con la autoridad: los principales reclamos ciudadanos están siendo ignorados, y los servicios públicos y bienes no se encuentran a la altura de una ciudad como la nuestra.
Total, que aquí es “normal” circular sin placas, estacionarse donde sea, manejar bebiendo alcohol, o sin licencia o con el celular y el niño en la mano, y violar cuanta disposición existe, entre semáforos, lugares de aparcamiento y todo lo que se pueda.
Estamos a merced de los que gustan de incumplir la ley, pero más grave aún, que no tenemos gente que se dedique a hacerla cumplir.
¿Dónde quedó el estado de derecho?
Imaginemos qué sucedería si nos proponemos cumplir con la ley, evitando abusos y demás, quitando esos letreros de exclusividad y de discapacidad que no son reales, procurando transitar con placas, con licencia vigente, a un límite de velocidad marcado por la ley, y evitar el manejo de vehículos en estado inconveniente.
Sería otro Victoria, otro Tamaulipas y otro México, sin lugar a dudas.
Pero nos pasa de noche la necesidad de pensar en la ley y sobre todo, en los demás, porque, finalmente, la ley se hizo para que todos pudiéramos convivir en forma armónica y pacífica, que todos tengamos el respeto hacia los demás, pero sobre todo, al estado de derecho, a la ley y a la autoridad.
Cierto es que la autoridad no se da a respetar por las acciones abusivas de que somos objeto a diario y a la falta de respuesta en las necesidades de todos, pero si les mostramos el respeto que deben tener –aunque no lo merezcan-, si les exigimos cumplimiento y cumplimos, otra cosa será de nuestra muy querida capital tamaulipeca.
Merecemos un poco más que vivir dentro de tanta violación a las leyes, de tanta apatía por parte de nosotros mismos. Seamos congruentes: si exigimos a la autoridad cumplimiento, cumplamos con todas las leyes, o de lo contrario, aguantemos en silencio.
Comentarios: [email protected]
Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!