Cuando alguien se decide a abrazar la carrera de la política, es porque tiene ambiciones personales, sin duda alguna, y miente quien diga que lo hace “únicamente” por el afán de servir.
No podría ser un buen gobernante quien no ambicione cosas, pero cuando la ambición se sale del contexto, suele ser el más peligroso de los enemigos para el ser humano y la comunidad en la que se desenvuelve.
Y quienes han tomado esa responsabilidad piensan, ya cuando están en el cargo que les ocupe, sea municipal, estatal o federal, en la forma de hacer mejor las cosas. Quien juzga sus acciones es la historia, y es una jueza muy implacable, porque no tiene miramientos ni sentimientos: cuando alguien obra mal, queda marcado por siempre y, por el contrario, cuando se hacen bien las cosas, suele haber una recompensa gratificante. Recuérdese al inolvidable Américo Villarreal Guerra, un gobernante que todos recordamos con afecto por su forma de entregarse a su pueblo. Y como él, habrá otros más.
En la frontera mexicana, desde Baja California hasta el último rincón de Tamaulipas –Matamoros, pues- hay dos formas de vida: muchos critican en forma chusca la manera de hablar inclusive de la gente. Se dice que no es correcto “parquearse” sino estacionarse y así, muchas cosas tienen influencia mexicana y norteamericana, entendiendo por este último término a la cultura –muy pobre- de los EEUU, la nación otrora más poderosa y que viene en franca decadencia.
Ahí, en la franja, en ambos lados del cruce, nacen los “pochos”, la forma de expresión que algunos cultos llaman “espanglish” porque constituye una mezcla de ambos idiomas, y así, las modas y demás.
Las hamburguesas son más comúnes en esta franja y obviamente, hay más obesidad.
En Reynosa, Matamoros o Nuevo Laredo, así como en municipios con densidad poblacional menor se llevan a cabo transacciones en pesos… y en dólares.
Recordamos de siempre que en estos sitios hay casas que se rentan en dólares cuando la moneda de curso legal es el peso mexicano.
Sin embargo, para la gente de la franja fronteriza lo más normal es llevar consigo un billete de 500 pesos acompañado de uno de 100 dólares, y pagar en una u otra moneda. El destino ha querido que sea así en toda la frontera, insistimos, desde Baja California hasta nuestro querido Tamaulipas.
También hay gente que tiene cuenta de inversión en algún banco mexicano y otro del Valle de Texas, o tienen propiedades en ambas partes, en los dos países.
Es lo más normal en la frontera con los Estados Unidos de América, e históricamente se ha manejado así.
Hoy, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores asesta un nuevo golpe a la ciudadanía y a la economía del país: a partir de ya no se puede pagar siquiera un refresco en alguna tienda de abarrotes en dólares: todo debe ser en moneda mexicana.
Los argumentos, algunos los conocemos, otros, los justifican con declaraciones fuera de contexto e inteligencia: buscan desalentar el curso ilegal de divisas de toda índole, y piensan que prohibiendo a todos gastar un dólar que tengamos en casa van a solucionar la enorme problemática del país.
Recordemos: muchos americanos vienen a nuestro país y tienen en sus carteras billetes “verdes”, y los gastan en un restaurante o tienda, en un hotel o inclusive, para pagar un taxi.
¿Qué le sucede a nuestro gobierno?
Ya nos quitaron el privilegio de hablar, de expresarnos, y ahora nos quitan el derecho a tener dólares o gastarlos en lo que nos venga en gana.
No hablamos de ir a pagar un artículo o servicio en miles o millones, pero… ¿y los mexicanos, que culpa tenemos de los temores de la Federación?
No nos queda duda que esta medida deberá afectar enormemente a la economía de la frontera mexicana, y tampoco dudamos que dentro de poco no podamos ya siquiera consumir un producto libremente.
Ya nos prohíben consumir lo que llaman productos “chatarra”, pero el gobierno sigue dándoles licencia de venderse en el país, a sabiendas, como dicen ellos, que hace mucho pero mucho daño. ¿De qué se trata?
Y lo que sigue: aparte de amenazar con que durante 2011 seguirá subiendo el gas y la gasolina, porque no se tiene la capacidad de frenar esta escalada inflacionaria, ya con el anuncio de que no se permitirá el manejo de facturas de papel, solo falta que nos prohíban leer diarios porque se hacen con papel y ecológicamente no es bueno, o que, de plano, promulguen una ley marcial y toque de queda, además de prohibir ir al cine porque está oscuro y no se ve nada claro para el Sistema mexicano.
Solamente nos falta, que en un alarde de incongruente espíritu patrio nos restrinjan todos los derechos constitucionales, porque con un gobierno con características similares a las de aquel hombre que conquistó Alemania, no podemos esperar nada bueno.
Y cuidado, porque luego hay represalias que nos hunden, tratando de acallar las voces de protesta.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!