Diversas actividades en nuestro país han tenido una reacción adversa en el sentido de que se han visto disminuidas sus utilidades o ganancias. El dinero ya no está donde estaba antes, y ahora es más difícil hacernos llegar un buen recurso.
El turismo es una clara muestra de ello.
Inicio el problema cuando la Influenza AH1N1, pandemia que todos recordamos y que tuvimos que aguantar en muchos sentidos: quienes tuvimos oportunidad –o necesidad- de salir al extranjero fuimos objeto de las más ilógicas acciones de discriminación como estuvo documentado en varios medios nacionales y extranjeros.
Quienes no pudimos salir, vimos que los destinos tradicionales disminuyeron su número de paseantes, lo que, necesariamente, tuvo repercusión en la economía regional de cada sitio. No podemos imaginar, por ejemplo, en Can Cún, un destino nacional, cómo la hayan pasado cuando en lugar de 20 millones de visitantes recibieron 10 o 12. Una disminución que, traducida en pesos y centavos fue muy significativa y dolorosa.
En el caso de Tamaulipas, no permanecimos ajenos, porque somos parte de un todo nacional, y porque también nos han afectado diversos factores. “Alex” también dejó una estela de destrucción que repercutió en la economía.
Sin embargo, llama la atención y hasta molesta la actitud que toman empresarios del ramo hotelero. Recientemente, Antonio Carcur declaró que el gobierno poco o nada hace para promover el turismo. Tiene parte de razón, sin embargo, no está “papá gobierno” para mantener empresarios que, en el caso de Victoria, viven prácticamente de los eventos que organizan las autoridades en todos los niveles, y en la ocupación que manejan a través de las distintas dependencias, cuyos visitantes llegan con vales que posteriormente el gobierno hace buenos.
Se quejan, pues, de nada, porque los mantiene literalmente el gobierno.
Y para colmo, hay por ahí un impuesto hotelero del 2 por ciento que se aplica a todos los cuartos en el país y se destina a promoción turística.
Nada hay más ajeno que ello.
Los hoteleros se dedicaron con ese dinero a hacer algunos folletos y revistas en los que, obviamente, promocionaron sus hoteles y no la entidad; se han dedicado a echarse encima estos recursos sin destinar al menos una parte para promover Victoria y sus alrededores. En el caso de Tampico, el impuesto está bien destinado así como en otros lugares. Victoria no, y lo sabemos todos.
La Asociación de Hoteleros tiene décadas con la misma dirigencia, y ahora que se tiene el impuesto de referencia, menos habrá cambios porque ello significa promoción gratis para ellos, a costa de todos nosotros, los que en alguna o algunas ocasiones alquilamos un cuarto.
Y encima de todo, ponen de manifiesto que el gobierno no les apoya. Eso es no tener memoria ni decoro, porque viven gracias al gobierno, y perdone el lector que repita el concepto.
Si bien es cierto que el secretario del ramo Javier Villarreal Terán se dedicó durante mucho tiempo a promover a la entidad, en los últimos meses se ha preocupado más por asegurar una “jubilación” o fondo para ello que en promover los sitios que tenemos para ofrecer al paseante.
Sin embargo, en descargo del mantense Villarreal Terán, no todo debe salir de turismo estatal: hay instancias federales, estatales y municipales, las tres, con recurso para promoción, y además, entendemos que quienes viven del turismo como restauranteros, hoteleros, prestadores de servicios, fabricantes de souvenirs y tarjetas postales, dueños de antros, cabarets y discotecas y todos los que están en la actividad, también debieran meter un poquito de su “lana” para ganar.
O qué, ¿Quieren que el gobierno les promueva gratis y solamente ganar?
Los empresarios honestos y verdaderos tienen sus empresas y fábricas en corredores industriales, y si bien es cierto que buscan apoyos, invierten en publicidad y demás para promover sus productos, de forma tal que ganen mucho dinero, que es justo además, porque para ello tienen su inversión millonaria.
Pero los hoteleros locales… ¡Vaya que si lloran por todo!
No se vale que pidan al gobierno que les proporcione todo y no repartan sus utilidades.
No se vale, tampoco, que critiquen cuando son los que administran un recurso para promoción y no lo emplean bien.
Y menos se vale que salgan con que turismo no tiene nada que informar, porque entonces, habría que hacer un balance completo y ver en qué gastan nuestro dinero.
No es posible que critiquen de una forma tan ácida. Desde que tenemos memoria, don Antonio se ha quejado, porque no hay ocupación, porque no es negocio. Imagine el lector, si el hombre tiene más de 30 años de hotelero, si sigue abriendo hoteles y adjudicándose créditos, si cada vez tiene más propiedades para esta actividad y no deja, ¿no será falta de inteligencia invertir en lo que genera únicamente pérdidas?
Yo ya habría dejado el negocio, porque trabajar más de 3 décadas poniendo dinero, como que no es precisamente una buena decisión. Algo hace falta para ser más inteligente.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!