Óptica/ Gastón Monge *¿México colombianizado?

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Hoy como nunca antes se había visto ni comentado, la incertidumbre se cierne sobre un evento tradicional que fue suspendido en decenas de municipios en el país, debido a la ola de inseguridad que crece de manera alarmante y que amenaza con irrumpir de manera abrupta en los festejos del bicentenario de nuestra Independencia.
En Tamaulipas a menos 10 municipios, aquellos que han sufrido este año la violencia como nunca antes, decidieron suspender los festejos del Grito y del Bicentenario, por razones obvias de seguridad y de tranquilidad para la población.
Los gobernantes de esos municipios, sobre todo de la llamada frontera chica, además de Tampico, Altamira y Matamoros, aplicaron la prudencia y el buen juicio, para no exponer a los ciudadanos a una agresión o para que no sean víctimas de algún evento indeseable e indeseado.
Después de todo, la vida y la seguridad de los ciudadanos es más valiosa para un gobernante que un festejo, aunque sea bicentenario o centenario.
Pero en Nuevo Laredo el edil Ramón Garza decidió continuar con los festejos, muy a pesar de que las provocaciones irrumpieron de manera violenta cinco días antes de los festejos, y a pesar de que rumores perversos surgieron de nueva cuenta en las redes sociales y entre ciudadanos que fueron objeto de propagar el rumor.
Aunque existe temor e incertidumbre por lo que pudiera ocurrir el 15 de septiembre y durante el desfile del 16, las autoridades sugieren a la población cautela y mesura tanto en su manera de comportarse como de decir las cosas, para que reine la tranquilidad durante los festejos, que por cierto, serán los más austeros desde hace muchos años.
Lo bueno es que habrá vigilancia extrema por parte de elementos de los tres niveles de gobierno, quienes acordonarán al área en donde se llevará a cabo el ‘grito’ por parte del alcalde Ramón Garza Barrios, y por la ruta donde será el desfile del día siguiente, por lo que la tranquilidad estará asegurada.
Solo falta que la gente acuda y que se divierta, porque esta es una de las fiestas gratuitas más populares del país, y porque en ellas se confirma nuestra mexicanidad y nuestra identidad nacional.
¿Entonces porqué se empeñan unos cuantos en perturbar ese sentimiento tan arraigado y tan milenario que tenemos los mexicanos?

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Aunque no quiera reconocerlo, la Secretaría de Salud dio marcha atrás de manera más que vergonzosa a la iniciativa que en febrero había dispuesto para que a partir de este ciclo escolar las escuelas no vendieran a sus estudiantes de educación básica, esa chatarra que ha hecho en pocos años que nuestros niños sean los más obesos de América latina.
Los argumentos que antepone la dependencia federal son muchos pero de nada servirán para convencer a la población, de que cedió ante la fuerza y la presión de las grandes empresas trasnacionales y nacionales, que producen esa basura llamada golosinas y refrescos y porquería y media, que han hecho en los niños de primaria, que tres de cada diez sea obeso, de acuerdo a un estudio realizado por la Secretaría de Educación Pública en Tamaulipas.
Y si es así, ¿entonces porque se empeñan en que continúe la venta indiscriminada de este tipo de alimento basura? ¿Será que los grandes empresarios de esta basura soltaron una buena lana para convencer a nuestros funcionarios para que se sigan vendiendo refrescos altos en calorías, chocolates, golosinas, frituras y demás chatarra, según dicen previamente seleccionados, a partir del uno de enero del próximo año?
Pero bueno, la explicación es muy clara, ya que esas empresas perderían millones de pesos en ganancias si se dejara de vender su basura. Y no es cierto que se perderían fuentes de empleo en caso de suprimir esa basura.
Si así piensan, ¿entonces porque no producen alimentos sanos y nutritivos bajo las mismas marcas y condiciones? Nunca lo harán porque un alimento sano, bajo el proceso que utilizan las empresas de alimentos en masa, es más caro que producir una fritura, porque habría que adicionarles las vitaminas y los minerales que la actual chatarra no contiene.
En fin, ya sabemos que en este país quien marca las directrices de la economía nacional son las grandes empresas, y sus empresarios son los que deciden que se debe vender y que no, porque ellos son lo que tienen el verdadero poder político y económico, y si no, preguntemos a Carlos Slim, a ver qué nos dice.

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Es lamentable que Hillari Clinton, la mujer más poderosa de Estados Unidos y del mundo, haya dicho una barbaridad y una estupidez tan soez como la que dijo hace unos días al haber mencionado que en México el narcotráfico es ya una insurgencia en nuestro país, y haber comparado la violencia generada por el narco, con la que provocó en la década de los años 80’s le combinación fatal entre el narcotráfico y la guerrilla en Colombia.
Nada más falso y estúpido que confundir un movimiento de violencia en México, alimentada por la ambición del dinero y el control territorial, que un movimiento armado en un país en donde se buscaba el control político del Estado.
En cuanto a la posible colombianización de México, como se ha mencionado en muchas ocasiones, ello no es posible y no se puede considerar de esa manera, debido a que en ambos países el fenómeno del narcotráfico se dio en dos contextos históricos, sociales y políticos muy diferentes.
Por ejemplo, mientras en Colombia los narcotraficantes se dedicaban y se dedican a la producción casi en exclusiva de la cocaína, con un monopolio de esta droga de origen casi rural, en México la actividad se centra principalmente en el contrabando hacia Estados Unidos, principal país consumidor de todo tipo de droga, y no en la producción.
El perfil urbano y fronterizo que rodea al narcotraficante mexicano, le da un contexto muy especial a esta actividad, debido a la alta demanda que existe en Estados Unidos, motivado por la extrema vigilancia de su frontera con México.
Además, si a ello se le agrega el que la violencia en México es eminentemente motivada por un ‘espíritu’ delincuencial, en donde no está dirigida de manera directa hacia el Estado, sino hacia grupos antagónicos que se disputan el control del territorio utilizado para el trasiego de los estupefacientes, se puede afirmar que la colombianización de México es un mito, un estereotipo motivado mas por el deseo de un control territorial que por la lucha por el poder, lo que aun no pone en riesgo la estabilidad del gobierno.
En cambio, en Colombia, la coexistencia de la guerrilla y de los narcotraficantes, cuya lucha estaba centrada más hacia el aspecto político y contra el Estado, amén de la guerra contra los paramilitares, se centraba mas en el área rural, en donde guerrilleros y narcotraficantes utilizaban y utilizan la droga para obtener recursos económicos de financiamiento de sus aspiraciones políticas.
Por lo tanto, el concepto de colombianización de México es un concepto que no puede aplicarse en estricto, porque al igual que la revolución cubana, es imposible de exportarse, y por consiguiente, las aseveraciones hechas por Hillari Clinton, no solo carecen de veracidad, sino que son una completa estupidez, y solo refleja la ignorancia de esa mujer de lo que es el contexto latinoamericano y de las motivaciones que el fenómeno del narcotráfico mantiene en México y en Colombia, por citar solo un par de ejemplo.

Hasta mañana
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