Interiores/Carlos López Arriaga *Justificaciones y medias verdades

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Ciudad Victoria, Tam.- Entrevistado por la periodista MARÍA ELENA SALINAS de la cadena UNIVISIÓN, el presidente FELIPE CALDERÓN aportó algunos datos reveladores sobre la problemática binacional, aunque la defensa de su gobierno resultó en muchos detalles inconsistente, pecando incluso de ingenua.
Destacan en la temática de este encuentro la guerra antinarco, la captura de EDGAR VALDEZ, la Ley Arizona, la declaración de HILLARY CLINTON donde comparó a México con Colombia y la seguridad en las fiestas bicentenarias.
Lo más rescatable de sus respuestas, el rechazo claro a la excesiva liberalidad que hoy impera en el mercado de armas norteamericano, al recordar que “cuando se derogó la Assault Weapons Ban, en el 2004, se expandió como nunca la venta de AK47 y R-15 y toda clase de rifles de asalto.”
Lo cual es enteramente cierto. La ley para limitar la venta de armas semiautomáticas expedida en 1994 por el presidente demócrata BILL CLINTON (conocida como “Public Safety and Recreational Firearms Use Protection Act”) fue revocada por el republicano GEORGE BUSH diez años después, en 2004.
El diagnóstico de CALDERON coincide con señalamientos recientes del gobernador tamaulipeco EUGENIO HERNANDEZ quien subrayó la facilidad que existe en Estados Unidos para adquirir armamento pesado.
En su charla con UNIVISION el presidente detalló que tan solo en su gobierno han decomisado “casi 85 mil armas, 50 mil de ellas rifles de asalto, más de 7 mil granadas y algo así como 9 millones de cartuchos”.
Un negocio que CALDERON aborda en el contexto del alto consumo de drogas en ese país, “exacerbado por una venta irresponsable de armas en Estados Unidos”.
Hasta aquí sus razonamientos lucen impecables y me parece que los norteamericanos nada pueden argüir en su defensa pues hasta el propio BARACK OBAMA opina igual.
Sin embargo, la credibilidad del declarante amengua al asumir de manera tajante y mecánica la defensa de su estrategia doméstica.
Cuando MARIA ELENA le pregunta sobre la probable intervención de fuerzas de la ONU (cascos azules) en apoyo a la lucha mexicana contra el narco, CALDERON no sólo niega la viabilidad de esta medida sino que fanfarronea sobre la eficacia de las fuerzas armadas, al responder que “no hay un enfrentamiento que usted me pueda citar entre las fuerzas armadas mexicanas y los criminales, que haya perdido el Ejército mexicano, uno sólo”.
Evidentemente, el mejor lugar para esconder una mentira es entre algunas verdades. Si bien es cierto que el ejército jamás ha sido derrotado en esta lucha, necesario es añadir que las bandas criminales campean con una libertad asombrosa en territorios urbanos y rurales por cuya seguridad debieran responder las fuerzas armadas.
Predecible, el rechazo de CALDERON a la comparación de México con Colombia hecha por HILLARY significó una oportunidad perdida para avanzar en el análisis mexicano.
Habría que buscar un punto intermedio, señalando coincidencias y diferencias entre ambas naciones. Optó por la negativa.
Ciertamente, no hay en México el equivalente histórico a las FARC colombianas, guerrilla comunista que nació en respuesta a un golpe de estado para derivar luego en enclave narcoterrorista.
En el territorio mexicano, ni el EPR, ni el ERPI, ni (menos) el EZLN tienen, hasta ahora, dichas características tan temidas (pero no demostradas) por la Casa Blanca.
Tampoco tenemos territorios geográficamente delimitados por organizaciones delictivas, como ocurre en las provincias orientales de aquel país.
Sin embargo CALDERON omitió que, al menos en agresividad y modales, los cárteles mexicanos están emulando claramente a sus similares de Colombia.
El empleo (por citar un ejemplo) del explosivo plástico C-4 (ciclonita) en lugar de granadas convencionales sería más que suficiente para que FELIPE asumiera posturas menos campechanas.
El reclamo presidencial sobre la “Ley Arizona” se escucha también ambiguo, al asegurar que el trato dado por la migra estadounidense a nuestros indocumentados resulta peor al que damos en México a los centroamericanos.
La pregunta es que autoridad tiene CALDERÓN para hablar así después de los hechos recientes que provocaron furor en varios países latinoamericanos.
Sobre la captura de EDGAR VALDEZ, la “Barbie”, el Presidente de México tampoco admite mayor polémica y se aferra a la versión única: fue el resultado de un amplio operativo de inteligencia.
Lo cuál no satisface a los medios que hablan de una entrega pactada y contraviene la versión (absurda) de que habría sido detenido por exceso de velocidad y sin presentar resistencia.
Desde luego, ante las fiestas del bicentenario subsiste el temor por la seguridad de la población que se reunirá masivamente en centenares de ciudades. En especial si recordamos el atentado terrorista que ocurrió en 2008, durante la madrugada del grito, en Morelia.
El mandatario asegura que medidas estrictas garantizarán la tranquilidad de estos festejos a los que calificó de “fiesta extraordinaria” y “a la altura de las mejores del mundo”.
En verdad, se antoja provinciano el argumento fácil de alcanzar la (indefinible) altura de otros festejos mundiales.
Lo deseable sería que la conmemoración esté a la altura de los mexicanos y de lo mucho que merece nuestro país en una ocasión como esta. Ello, sin importar si festejamos nuestro cumpleaños igual o mejor que algún vecino.

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