Difícil es la etapa de la juventud y las anteriores, sin lugar a dudas. Cuando se es niño se tienen una serie de necesidades de toda índole: afectivas, sociales, económicas, materiales y más; llega el joven a la pubertad y adolescencia y las necesidades cambian pero no desaparecen.
Quienes hemos optado por desarrollar muchas de nuestras aptitudes como padres, entendemos que cada hijo es distinto, que no hay muchas cosas en común entre los herederos de cada hogar, y que tenemos que aplicarnos muy intensamente en ellos para procurar que tengan un crecimiento armónico, adecuado y que puedan ser personas de bien, como decían los abuelos.
Entendemos este concepto como la capacidad que deben desarrollar los individuos que les permita ser capaces de adaptarse en una sociedad, en un grupo de personas sin tener que discutir o pelear, sin diferencias que puedan ser irreconciliables; en ese sentido, deberán aprender a dirimirlas, en un ambiente de diálogo y respeto hacia la parte que no está de acuerdo, algo que en definitiva, no se puede visualizar en el Congreso de la Unión, donde la diatriba, el insulto y la ofensa son pan de todos los días.
Los jóvenes deberán aprender muchas cosas antes de aprender a volar por sí mismos. No es fácil para nadie tratar de hacer una vida nueva, cuando se está acostumbrado al apoyo, mínimo, de papá y mamá, y reforzado en algunas ocasiones por hermanos, abuelos, tíos y uno que otro “agregado” de casa. El caso es que no estamos solos, y llega un momento en que debemos extender las alas y volar.
Para ello, deberemos llevar una mochila con recursos: entre éstos, no se refiere al dinero, porque éste, finalmente, va y viene todos los días, sino a los otros recursos importantes: criterio, madurez, claridad, facilidad de palabra, valoración de sentimientos y muchos otros más.
Y se supone que todo lo que lleven en esa “mochila” debió aprenderse en el hogar, con los padres como guías, aunque la verdad sea dicha, sabemos que muchos de nosotros nunca tuvimos el tiempo –o no quisimos tenerlo- para fungir como tales, y solamente nos convertimos en proveedores de recursos o en personas que les tuvimos su comida caliente y ropa limpia y planchada.
Ser padre es algo más que eso, sin duda alguna.
Y es cuando las autoridades deben aprender a valorar los esfuerzos que se hacen y ver la manera de reforzarlos con acciones que nos lleven precisamente al fomento de valores básicos que permitan que los hijos nuestros y de todos puedan ser personas de bien.
Es la parte que toca a otros, y que se refuerza con buenos maestros –en el caso que les toquen a nuestros hijos- buenas autoridades, buenos médicos y buenos orientadores, habida cuenta que la responsabilidad principal es de los padres, y no se vale que dejemos ésta en otras manos.
Sin embargo, da gusto ver que se llevará a cabo una “Semana de Promoción de la Salud de la Adolescencia”, auspiciada por la Secretaría del ramo que dirige Juan Guillermo Manzur Arzola. En la misma se visitará a distintos planteles de educación media superior en la entidad, entre el 20 y el 24 del presente mes, y se llevarán pláticas, consultas y un poco más.
Dice el secretario Manzur Arzola que la idea es sensibilizar a la población adolescente sobre los problemas de salud que representan mayor riesgo en esta etapa formativa, y para ello, habrá actividades de diversa índole.
Inicialmente, se tiene pensado arrancar simultáneamente en Tampico, Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo, Mante, San Fernando y Jaumave, así como en Victoria.
La idea es que haya talleres de salud sexual, tema que los jóvenes buscan mucho para orientarse, y muchas veces, por la terca cerrazón del hogar, encuentran otras fuentes de información que no son precisamente las más adecuadas, de ahí su importancia.
También temas como el que se refiere al VIH/SIDA en adolescentes, o los que tienen que ver con sobrepeso y obesidad, causantes de diabetes e hipertensión entre otros problemas graves y permanentes de salud.
Anorexia, bulimia y muchas cosas serán abordadas por profesionales de la Secretaría, y comenta el secretario Manzur que se quiere involucrar a los padres, para que tomen en cuenta el consejo acerca de cómo balancear el cariño y apoyo que hay que otorgar a los hijos con la disciplina propia de casa, así como también estímulos para que mejoren, sin dejar a un lado el tratamiento de temas difíciles que como dijimos antes, en ocasiones los padres rehusamos tratar.
Finalmente, entendemos que es una etapa difícil la que se aborda, pero recordemos: todos fuimos adolescentes, y recordamos algunos calificativos para esa etapa: “edad del perro” o “edad de la punzada”. Hay que apoyar a los que más queremos para que su paso por este lapso de tiempo les sea leve y puedan asimilar los cambios naturales de la mejor manera posible.
No podemos dejar de recordar que los hijos están aquí porque así lo decidimos, y si les queremos, hay que demostrarlo con acciones que les ayuden a desarrollarse de mejor manera.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!