Victoria y Anexas/Ambrocio López Gutiérrez *EL GENERAL MINA LLEGÓ A SOTO LA MARINA.

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Martín Xavier Mina, comúnmente conocido como Francisco Javier Mina, nació en Otano, Navarra el primero de julio de 1789. En 1808 se unió al ejército insurgente español que luchaba contra la invasión francesa. Al lado de su tío, Francisco Espoz y Mina, ganó renombre como excelente soldado y talentoso dirigente militar. En 1810 fue aprehendido por los franceses y pasó los siguientes cuatro años en una prisión en el castillo de Vincennes, Francia. En este tiempo se hizo amigo del general francés, Víctor de Lahorie, de quien aprendió francés, el arte militar y la historia clásica.
Al mismo tiempo, le inculcó una gran pasión por el liberalismo político. Regresó a España en 1814 donde muy pronto se unió con los enemigos de Fernando VII. En septiembre de aquel año, junto con su tío Espoz y Mina organizó una rebelión a favor de la Constitución de Cádiz. Cuando la revuelta fracasó, ambos huyeron a Inglaterra. En Londres, Mina se relacionó con otros exiliados liberales españoles como Blanco White y varios hispanoamericanos que favorecían la independencia de los territorios de América, incluyendo al regiomontano Fray Servando Teresa de Mier.
La destacada historiadora Catherine Jane Andrews escribe un texto brillante donde explica: Como resultado de la convivencia con esta gente, se convenció de que la mejor manera de enfrentar al despotismo de Fernando VII era apoyando la lucha insurgente en Hispanoamérica. Con la ayuda financiera de comerciantes e inversionistas ingleses organizó una expedición de mercenarios españoles, franceses, ingleses e italianos para venir a Nueva España a apoyar a José María Morelos.
La expedición zarpó de Liverpool rumbo a Estados Unidos en mayo de 1816. A su llegada en Norfolk, Virginia dos meses más tarde, Mina buscó más apoyo económico financiero y militar y logró reclutar nuevos soldados. También visitó Haití y las bases del cosario francés Luis Aury en Galveston, Texas, con el fin de conseguir la mayor ayuda posible para su expedición. En abril de 1817, su expedición ancló en el río Santander, cerca del poblado de Soto la Marina en Nuevo Santander.
La investigadora de la UAT agrega: Traía una fuerza de 320 hombres, todos oficiales o soldados especialistas. Al llegar, entabló comunicaciones con el militar que comandaba la zona, el capitán Felipe de la Garza, primo hermano de Servando Teresa de Mier, para invitarle a que se uniera a su tropa. No obtuvo respuesta favorable. En cambio, cien pobladores de Soto la Marina accedieron a enlistarse. Es de notar que la población de esta villa oscilaba alrededor de unas mil personas en aquel entonces.
Las familias más acaudaladas se habían trasladado a la villa de Aguayo, de modo que sólo permanecieron en el pueblo las gentes más humildes, la mayoría de las cuales debieron haber sido mujeres y niños. En otras palabras, es probable que los cien pobladores que se enlistaron con Mina representaran a la mayoría de los hombres adultos que quedaron en el pueblo.
El objetivo de Mina al arribar a la Nueva España era reunirse con las fuerzas insurgentes, así que marchó de inmediato hacia San Luis Potosí, dejando un pequeño fuerte en Soto la Marina en manos de los pobladores y algunos de sus oficiales extranjeros. Mina inicialmente tuvo muchos éxitos frente a las fuerzas realistas en su recorrido por San Luis Potosí y Guanajuato.
No obstante, su expedición fracasó al no poder establecer una alianza estable con los insurgentes. Cayó en manos de las fuerzas realistas en noviembre de 1817 y fue fusilado el día 11 de aquel mes. Anteriormente, el pequeño fuerte de Soto la Marina fue capturado por el Comandante Militar de las Provincias Internas de Oriente, Joaquín de Arredondo, en junio de 1817. Los prisioneros extranjeros fueron mandados a prisiones en México y Veracruz, mientras que los nativos fueron pasados por las armas.
La también docente de la licenciatura en Historia, destaca: La captura y fusilamiento de Mina fue un gran alivio para las autoridades virreinales. Desde su llegada a Soto la Marina, Mina y su ejército expedicionario de poco más de 300 hombres había puesto en jaque la seguridad de la Nueva España. Sus victorias fáciles y la libertad para marchar del Nuevo Santander hacia Guanajuato avergonzaron al ejército realista y sus oficiales.
Por otra parte, la naturaleza multinacional de los integrantes de la misión sugería un apoyo más o menos extendido para los insurgentes novohispanos en Estados Unidos y Europa. Las autoridades realistas temían que la expedición de Mina pudiera ser el primer paso de un esfuerzo extranjero a favor de la insurgencia. Además les preocupaba que alentara de manera significativa a los insurgentes.
Vale la pena anotar que la doctora Andrews, cuyo texto ha sido reseñado aquí, trabaja para el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y forma pare del claustro docente de la licenciatura en Historia que se imparte en la Unidad Académica Multidisciplinaria de Ciencias, Educación y Humanidades.
Correo: [email protected]

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