No precisamente llama la atención, sin alarma el informe de la OCDE -Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico- en el sentido de que México, nuestra querida nación, tiene el índice mayor de personas obesas y con sobrepeso en el mundo.
Leyó bien: pese a que cuando visitamos los Estados Unidos vemos en cada tienda infinidad de personas con una circunferencia impresionante, nuestro país ya superó el promedio de gente que no tiene el cuidado mínimo para conservar la salud.
El 30 por ciento de los mexicanos, según el informe de referencia, tiene problemas de obesidad, y el 69.7 por ciento presenta sobrepeso. Si Pitágoras no falla, estamos hablando de casi el 100 por ciento, -al menos, así lo han manejado estos datos- que tiene problemas con la forma de comer, pero sobre todo, con los hábitos perdidos y que nos llevan a tener esta condición.
Recordará el lector si sobrepasa la cuarta o quinta década de existencia, y si no, puede preguntar a los padres o abuelos, la forma en que nos divertíamos cuando niños: salíamos a la calle a jugar fútbol, y en ocasiones, no teníamos un balón –sintético, como ahora- para hacerlo, así que conformábamos con bolsas de plástico lo que podríamos patear.
En otras ocasiones, armábamos un carro con tablas y baleros, para salir a jugar y dar derrapones en el pavimento. Los quemados y las escondidas, la roña y otros juegos eran parte de nuestra vida cotidiana.
Hoy, tenemos a un grupo de niños que están todo el día en casa, con los juegos de consola o el Messenger, con la computadora a todo y las páginas del Facebook o el Twiter. Esa es la realidad que nos ha llevado a tener los problemas de salud que tenemos.
Vemos chicos y chicas delgados pero flácidos: resulta inverosímil encontrar muchachos delgados con su “pancita” floja, es decir, los músculos relajados, o como se suele decir en algunas partes: “guangos”, y las piernas, no se diga, porque también tienen sus partes distintas muy aguadas, para hablar con c claridad.
¿Por qué? Porque ahora no hacemos ejercicio: los muchachos tienen flojera de ir a comprar un kilogramo de tortillas porque se encuentra a media cuadra o a la vuelta de casa. Hoy no queremos hacer ningún esfuerzo.
Hoy, también, van a las reuniones y fiestas pero hay que llevarles y recogerles, o buscar a los amigos que tienen vehículo para que no batallen.
Tenemos que encontrar un deporte pero irlos a llevar a las canchas, porque no pueden ir caminando.
Cierto, hay muchos problemas en las calles que nos orillan a muchos padres a ser más cuidadosos, pero, ¿qué pasa con la obesidad?
Ese dato alarmante de la OCDE se refuerza con datos del Distrito Federal, donde consignan que 3 de cada 4 hospitalizados tienen relación con problemas que surgen de la obesidad y el sobrepeso.
¡El 75 por ciento de los casos tienen que ver con formas de la estética y la alimentación!
¿Qué estamos construyendo para los hijos?
Es la hora en que saquemos toda la fuerza de voluntad y demostremos que hay un enorme amor para ellos de parte de nosotros, y procuremos un estado saludable. No podemos asegurar que les amamos si no les atendemos, y la obesidad, el sobrepeso y la flacidez de los niños no son precisamente muestras de amor.
Dicen que no se puede cuidar lo que no se ama, así que, si no hay el cuidado necesario, no podemos asegurar lo anterior.
No es el amor el que se demuestra con el nuevo aparato reproductor de música, una lap top nueva o un videojuego de moda: el amor se demuestra de otras maneras, y qué mejor que se refleje en las costumbres de ellos mismos.
La OCDE ha puesto la señal de alerta, una más, porque ya la Secretaría de Salud en el país lo ha hecho. En Tamaulipas, nuestras autoridades de salud instrumentaron programas especiales para evitar que el problema siga, como los estómagos y abdómenes: creciendo desmedidamente.
Es realmente urgente tomar cartas en el asunto. En las universidades, preparatorias, secundarias, primarias y centros de desarrollo infantil estamos “invadidos” de gorditos y gorditas, de gente obesa, de personas que no cuidan sus hábitos fundamentales.
No pretendemos condenar a quien tiene sobrepeso, pero es menester sacar a relucir todo el amor que les podamos tener, para, entonces, remediar la problemática tan grave que vivimos.
México reclama atención para sus hijos, nuestros hijos, y si no hacemos lo que debemos, no hay razón para criticar y hacer de ello un problema. Si no atendemos las recomendaciones de la autoridad en salud, no nos quejemos de tener gordos y enfermos a nuestros hijos.
Hay que actuar a la brevedad posible, y predicar con el ejemplo.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!