Cuando comenzaron las nuevas tecnologías a proliferar, algunos colegas se resistieron al cambio. Recordamos aquella gira al Distrito Federal con el gobernador Américo Villarreal Guerra donde uno de los connotados columnistas –ya fallecido también- exigió una máquina de escribir manual, dado que en el seno del Partido Revolucionario Institucional había únicamente máquinas eléctricas.
Las quejas eran mayúsculas y todos temían adaptarse al cambio. Una colega también afirmaba estar al día, y decía: “a mí que ch… me van a enseñar cómo mandar un fax”, refiriéndose a los aparatos que aún persisten, pero que nada tenían que ver con los ordenadores de hoy.
En la actualidad, cualquier colega transita por las calles de la ciudad y lleva en la mochila una computadora portátil. Las Lap Top y las pequeñas han proliferado en el mercado y el mundo donde todos tenemos algo que ver con ellas: cuentas de correo electrónico, páginas que consultar, y algunos un poco menos preparados, que solamente emplean las computadoras como “máquinas de escribir de lujo”, dado que no tienen idea del jugo que se le puede sacar a un ordenador.
Recordamos también el cambio en el diario “La Verdad”, donde hubo un tiempo en que los reporteros no aceptaban las computadoras hasta que el director ordenó quitar las máquinas manuales y eléctricas, obligando a los colegas a utilizar la tecnología de punta. Fue el primer diario en emplear esto aquí en la ciudad, para beneplácito de muchos.
El caso es que poco a poco, por las buenas o malas, nos hemos acostumbrado al empleo de las tecnologías actuales, e inclusive, algunas herramientas que consideramos probablemente inútiles, pero que tienen una razón de ser, y una razón muy de peso.
Sucede con el Facebook, donde hay perfiles de un mundo de personas y grupos de toda índole. Por este medio, el siempre recordado y muy querido amigo Rodolfo Torre Cantú plasmó parte de su exitosa campaña; de igual forma, el PRI y Miguel González Salum u Oscar Almaráz Smer, quienes hicieron del “Face” una excelente herramienta y medio de comunicación directa con los ciudadanos.
Hoy, existen páginas de casi todos los servidores públicos y artistas, aunque muchas se bloquean por mil pretextos, con tal de que la gente no acceda a ellos. Otros prefieren no tener esta herramienta porque consideran que puede ser un anzuelo para la cumplimentación de un delito.
Otra de las grandes herramientas lo ha sido el Twitter, cuya imagen del pájaro azul ha trascendido fronteras de toda índole. Todos tienen una cuenta en esta red y se dedican a comunicarse REALMENTE con la gente. El diputado Fernández Noroña está pendiente de su cuenta, al igual que cientos –o miles- de personajes que van desde artistas, comunicadores o políticos, aunque muchos de éstos hacen como que tienen, pero también pareciera que quitan el “sonido” para no escuchar lo que la gente quiere decir.
Al afirmar lo anterior queremos decir que abren una cuenta en Twitter para comunicarse con la gente, pero si usted envía un mensaje, no se preocupe, no es el único: nunca le van a contestar.
Hicimos una interesante prueba y recibimos una respuesta conocida: el total silencio.
Nos quejábamos de la situación en que se encuentran algunas calles de la ciudad que el tiempo húmedo se ha encargado de destruir, aunado a la falta de mantenimiento, pero no nos dijeron nada, ni siquiera si se recibió el mensaje.
Pensamos que estas redes sociales tienen una finalidad y no es una moda, aunque muchos lo han tomado de esa manera, dado que presumen su cuenta del Twitter pero no la atienden.
Se supone que grandes artistas están conectados, sin embargo, no se contesta o no se maneja como debiera. Son los grandes errores –y fraudes- de las cuentas.
Paris Hilton presume de estar en el Twitter todo el día, sin embargo, nunca se le ha visto en un móvil contestando o dejando un “post”, al igual que muchas figuras.
Del diputado Fernández, una persona nos mostró todo lo que contesta, así como del presidente Felipe Calderón o uno de sus colaboradores, el caso es que hay respuesta, pero a nivel local, no la encontramos.
Fue más grande el silencio que la moda “twitera”.
Entonces nos cuestionamos: ¿Para qué sirve esta herramienta?
Sin embargo, la respuesta es obvia: si no se ha logrado tener una respuesta en casi mil días, si no hemos logrado encontrar la justificación a lo acaecido, ¿por qué habríamos de esperar hoy una respuesta?
La verdad, el Twitter se convierte en algo valioso y para muestra la tragedia de este martes en Oaxaca, que a través de esta herramienta logró encontrar eco y apoyo para muchos.
Pero, cuando se hace por moda… ¿será útil siquiera, perder el tiempo “posteando”?
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!