Sobre el término se han escrito miles de cuartillas –folios, dicen los españoles- que nos explican mucho de lo que puede suceder cuando se es amigo.
Alberto Cortés decía en una hermosísima melodía que “cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo” y más cosas especiales.
Versos, pensamientos y tratados sobre amistad que se rompen por cualquier aspecto meramente humano y que en la mayoría de las ocasiones se debilita por aspectos que no valen la pena, es decir, se traiciona la esencia del ser humano.
Los gobernadores de cualquier estado, en cualquier sexenio, se rodean de sus más cercanos amigos: es más natural hacer un equipo con la gente cercana, y además, no tiene nada de criticable si entre el grupo de amistades se cuenta con gente que puede hacer el trabajo eficientemente, es decir, si tiene el perfil.
Lo que no se vale, sin lugar a dudas, es la traición, en ninguno de los casos, y con los amigos es algo que no se puede permitir, pero que nunca se debiera presentar.
Y cuando un amigo traiciona, duele más que cualquier cosa, porque a los amigos se les permite de todo: reproches, felicitaciones, consejos, regaños y demás. El concepto es bastante amplio, pero siempre tiene la misma esencia.
Decíamos de los gobernadores, porque tristemente cuando concluyen su mandato muchos de éstos, supuestos “amigos”, como las ratas en los puertos, son los primeros en abandonar el barco. No se debe extrañar, por ejemplo, el gobernador que se encuentra a punto de concluir su mandato por el hecho de que algunos ya estén con la bandera del siguiente mandatario: es, desgraciadamente, normal, clásico y además, cotidiano.
Eugenio Hernández Flores se ha significado a lo largo de su administración por hacer de su grupo de gente cercana un buen equipo de trabajo. Muestras, tenemos muchas: José Manuel Assad Montelongo o Manuel Muñoz Cano, que son claro ejemplo de lo que puede hacerse cuando los amigos son de toda la confianza y toda la capacidad. Gente cercana como Mario Ruiz Pachuca o Alberto Berlanga también dan una clara idea de lo que puede hacerse cuando los amigos saben responder a la confianza depositada. Oscar Almaráz es otro de los hombres que han tenido una destacada función como servidores públicos al lado de Hernández Flores y eso lo sabemos los tamaulipecos.
También, cuando uno es amigo no puede pedir cosas que no esté en situación de cumplir. Es como si uno fuera pésimo administrador y pidiera al amigo que lo hiciera tesorero. El resultado: un rotundo fracaso.
Ser amigo es responder y saber entender que los que están arriba tienen muchas cosas en qué ocuparse, no únicamente en el hecho de que “tienen” que dar trabajo a los que son amigos.
Un amigo que no sirve laboralmente no debe pedir nunca la oportunidad de desempeñarse en donde no dejará huella. Esa es una máxima de la amistad: no pedir lo que uno no puede tener la capacidad de responder.
Otros, desgraciadamente, piensan que al conocido hay que llamarlo “amigo” durante su sexenio, y cuando ya comienza el término de la administración, traicionar, irse, largarse como sirvienta mal pagada o como uno de esos gatos que son famosos porque nunca tienen el sentido de la gratitud de un can.
Esos no son amigos, y de esos hay que cuidarse, aunque, cuando se descubren sus debilidades y traiciones, aunque duela, felicitarse de habernos dado cuenta a tiempo, aunque haya por ahí una que otra huella de las heridas que ocasiona una traición.
Hemos sostenido firmemente en todos los foros que la entidad ha contado con un excelente gobernador, y que no se vale hacer una negativa crítica porque le ha tocado vivir una situación extraordinaria o porque no se contaba con ciertos inconvenientes.
Un ejemplo claro es que nadie llama a los huracanes, y cuando llegan y muestran su fuerza, no hay poder humano ni gobierno que los haga debilitarse: llegan y punto, y no es culpa de nadie.
Ya se habla de los que viven fuera, de los que han optado por dejar a Geño a su suerte, y para esos, el juicio de los seres humanos no podría ser benévolo, porque quien traiciona a quien le ha permitido desarrollarse, quien depositó la confianza en él y no fue correspondido, no merece de ninguna manera cualquier tipo de consideración.
A esos, se les llama traidores y otros calificativos similares, porque no se vale, honestamente, que haya este tipo de actitudes. No con quien ha sabido ser un buen amigo, un buen ciudadano, un buen gobernador.
Quienes consideramos que la amistad es el valor principal del ser humano pensamos que debe haber palabras de gratitud, de agradecimiento, palabras que nos permitan plasmar el sentir de cada uno por haber tenido la oportunidad de conocer a un buen amigo, y en algunos casos, de trabajar a su lado. Los que no lo hicimos, reconocemos al hombre, al amigo. Los traidores, esos no tienen idea de lo que estamos hablando. Esos no merecen comentario alguno.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!