Decía “Campitos” que siempre había que dar lo mejor de cada quien en todo momento, y que, en el fútbol, hasta que el árbitro silbaba el final, se tenía que entregar uno en forma total.
“Campitos” fue un hombre magnífico: seguramente ya no se encuentra entre nosotros.
Fue entrenador del equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México donde jugamos de niños con mucha ilusión y ganas de llegar a ser figuras. Ahí, en esas canchas de “La Academia” pudimos patear una y mil veces aquellos balones de fútbol que eran de cuero y que, cuando estaban mojados, al darnos un balonazo en la cara, dolían más que cualquier golpiza que pudiéramos haber experimentado en la primaria o la secundaria.
Eran los tiempos en que compartimos muchas experiencias y bromas con gente como Efraín Herrera, el inolvidable “Cuchillo”, o con Chucho Ramírez; no podemos olvidar a Hugo, el inmortal Hugo Sánchez, el mejor futbolista que ha dado México en la historia y que, dos veces por semana en entrenamiento y una en partidos era objeto de las pesadas bromas de quienes conformamos aquella generación.
Campitos nos inculcó algo muy importante: hacer lo mejor de cada cosa con el mayor y mejor esfuerzo: tratar de entregar la calidad máxima y el esfuerzo mayúsculo en todo momento, en cada acción, siempre que pensáramos en lograr algo.
Y las enseñanzas de Campitos nos sirvieron de algo. En primera instancia, llegaron en una etapa maravillosa como es la infancia, y que por lo general sirve mucho porque captamos casi todo lo que aprendemos, sea bueno o malo, y porque nos sirve para lograr una buena disciplina. También hay otros aspectos para mejorar la calidad y la disciplina como son las actividades que tenía el movimiento scout antes de ser abrumado por una mediocre forma de existencia que busca únicamente subsistir, entretener, pero nunca lo que Baden Powell pensó: ser útiles y bastarnos a nosotros mismos.
Han cambiado muchas cosas, sin lugar a dudas, y en ellas también se plasma el quehacer cotidiano de grupos y personas.
Y vienen estas reflexiones a la mente porque leemos alguna información oficial y nos da gusto, aunque en otras, nos causa pesar. Duele, por ejemplo, ver que con un gran orgullo la Presidencia de la República presume de haber generado en este año más empleos que nunca en la historia de México.
Siempre hemos pensado que es natural, porque hoy somos más mexicanos que nunca, y obviamente, el porcentaje de empleados y desempleados puede ser el mismo, pero las cantidades cambiarán sustancialmente.
Pero también nos llena de orgullo escuchar comentarios acerca de lo que acontece en nuestra entidad: Tamaulipas sigue caminando en bien de muchos sectores que requieren apoyos.
Entendemos también que administrar un gobierno significa atender aspectos de salud, educación, productividad, seguridad, inversión y otros muchos rubros que en ocasiones no tienen lo que debieran, porque los recursos, simplemente, no alcanzan para todo.
Es como cuando los padres nos decían:; “cine o balón” porque no había para ambas cosas.
Y muchas veces, cuando se acerca el ocaso, la gente tiende a aflojar el paso. Hay equipos que van goleando a sus contrincantes y en los últimos minutos aflojan el entusiasmo y les encajan uno o dos goles, porque no mantuvieron el mismo empuje, el ímpetu del inicio.
Los gobiernos que lo hacen, merecen, sin duda alguna, el reconocimiento de todos los gobernados, aunque a veces no lleguen las obras a la casa.
Recordamos también que, por ejemplo, cuando hace falta pavimentación en el frente de nuestra casa, hay miles de hogares con la misma problemática, es decir, no somos los únicos habitantes de la entidad, y el gobierno tiene que ver por todos, o por casi todos.
No alcanza, sinceramente, el recurso para atender a todos, y lo vemos por ejemplo con los problemas derivados de inundaciones provocadas por fenómenos naturales: hay sitios donde no ha llegado el auxilio por falta de recursos, y aunque haya voluntad mayúscula, si no hay dinero, no se podrá hacer lo que falta.
Aplaudimos el hecho de tener una administración que sigue inaugurando obras como sucede en Nuevo Laredo, y esperamos, sinceramente, que hasta el último día de la administración del ingeniero Eugenio Hernández Flores haya un intenso trabajo.
Insistimos: seguramente va a faltar mucho qué hacer, porque nunca se termina de satisfacer a la población y eso lo sabemos todos, pero deseamos que se pueda avanzar en la mayoría de los rubros pendientes.
Y también, justo será que la gente sepa reconocer lo que se hace, así como exigir más para que se cristalice lo que ha quedado pendiente.
Un buen estado, como el nuestro, con sus valores tan importantes y su gente tan valiosa merece un gobierno de la misma magnitud.
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Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa*Entregar lo mejor… hasta el último
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