ANECDOTARIO/JAVIER ROSALES ORTIZ *LAGRIMAS Y RISAS.

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Unos se quejan de que es eterna, pero muchos le agradecen que el perpetuarse en el liderazgo abone lo que se requiere para que un gobierno estatal camine de la mano de los burócratas y que le garantice la estabilidad y la fuerza que le da un valor indicado a la palabra sindicalismo.
Ella, sin querer queriendo, se llevo de calle la tarde con un evento sencillo, pero muy cálido, muy emotivo, que a todas vistas fue del agrado del Gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, cuyo semblante transitaba rápidamente entre la alegría y la tristeza, porque lo que sucedió en ese lugar le caló no solo a él, sino también a los cientos de burócratas he invitados especiales que estuvieron presentes.
Fue una tarde de chascarrillos, de recuerdos, de escasas poses falsas y de una entrega total, porque los trabajadores del estado no regatearon en sus muestras de agradecimiento y de solidaridad a su gobernante y a su dirigente sindical.
Visiblemente agripado, pero sonriente, Eugenio llego al Polyforum de Ciudad Victoria y de inmediato una ama de casa se le acerco y dialogo con él. Al despedirse la señora le dijo: “Gracias señor diputado”, lo que sorprendió al mandatario, para después lanzar una sonora carcajada.
Ya en el interior, Blanca Guadalupe Valles Rodríguez, lideresa del SUTSPET, al hacer la presentación de los invitados especiales, se refirió a uno al que le agradeció que conserve sus medidas 90-60-90 y fue el motivo por el cual algunos voltearan para buscar entre el público a un dietólogo, entre los muchos médicos que estaban presentes. Blanca noto la reacción y de inmediato menciono el nombre de Miguel González Salum, presidente electo de la capital tamaulipeca. “Si, a él le debo estas medidas, porque fueron intensas las caminatas que hicimos en los meses de campaña”.
Luego, ante el micrófono al rendir su informe de labores, Blanca se dirigió al gobernador y le dijo que afuera lo llamaron diputado. Eugenio estiro los brazos y toco madera.
Evidente, fue la química que se creo entre los trabajadores y sus autoridades, al grado de lanzarles palabras cariñosas con las que trataban de abrigarlos, de que asimilaran que ni ayer, ni hoy, ni mañana estarán solos, que contaran con su respaldo.
La lideresa prosiguió con la lectura de un informe que detalló los beneficios que se han ganado a pulso los burócratas durante la actual administración estatal, pero hubo un momento que impregnó de nostalgia, de tristeza al local.
Fue cuando micrófono en mano hizo un reconocimiento al malogrado doctor Rodolfo Torre Cantú, a quién recordó con respeto, con cariño y con gratitud, por su visión humanista. Primero fue el silencio, luego el gobernador y todos se pusieron de pie y posteriormente se escucho un estruendo de aplausos por tres minutos que pusieron chinita la piel.
Al pronunciar su nombre con voz entrecortada Blanca lloro y muchos de los burócratas bajaron la cabeza he hicieron lo mismo.
Es, Blanca, una mujer que le da continuidad a los 42 años que lleva de vida la organización sindical y que con su habilidad, carácter y don de persona le ha sabido arrancar pedacitos y pedazotes a cada administración en turno para favorecer a quienes la conservan en ese lugar, que son los burócratas.
Por eso se llevo la tarde, porque lo espontáneo se impuso.
Frente a la desagradable pose.
Y la nefasta falsedad.

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