Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Infracciones a quien las merezca

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Una de las muchas peticiones que recibió el próximo presidente municipal de Victoria, Miguel González Salum, se refiere al hecho de que las multas de tránsito son demasiado elevadas, y se ha solicitado al personaje que influya en la decisión del Cabildo 2011 – 2013 para que éstas sean disminuidas, ya que se considera que la gente no gana para pagarlas.
Si y no tienen razón, con el debido respeto a cada opinión.
Cuando inició la actual administración, se llevó a cabo una reestructuración –incompleta- del problema que significa la administración de Tránsito como parte de la administración municipal, y como necesidad social, dado que es básico que todos tengamos un aspecto positivo de convivencia, donde estemos a gusto, gozando de todas nuestras libertades, pero sin agredir al vecino.
En el caso del automovilista, vemos con profunda tristeza que impera en nuestra ciudad un ambiente de egoísmo total para manejar: no nos importa un comino el pararnos en doble fila, y todavía, con un cinismo enorme, accionamos las luces intermitentes, pensando que con eso ya tenemos derecho a obstruir el paso de decenas o cientos de personas que, como nosotros, tienen LOS MISMOS derechos para manejar.
Es estúpido pensar que somos los únicos del pueblo, como decía un buen amigo. El hecho de obstruir afecta a cientos, y lo vemos todos los días en todas las escuelas de la localidad: una sarta de holgazanes arriba del carro, obstruyendo el tráfico por estar en la puerta exacta, sin permitir que sus obesos pequeños caminen siquiera unos cuantos metros. Es una de las grandes problemáticas, sin embargo, nunca hay quien oriente o con autoridad gobierne esos sitios pequeños, olvidados de toda legalidad existente.
Por otra parte, quien maneja en estado de ebriedad tiene muchos conflictos, siendo quizá el más importante el que el alcohol en exceso dentro del torrente sanguíneo ocasiona que nuestros reflejos no sean los mismos: en otras palabras: el alcohol nos idiotiza y podemos tener un accidente que, aparte de perjudicar nuestra existencia o integridad, puede ser la causa de la muerte de inocentes con quienes chocamos.
Siempre hemos manejado la idea de que la ley es la ley y debe aplicarse con todo rigor.
En ese sentido, quien maneja borracho, que pague mucho dinero por su irresponsabilidad. A ver si así le duele perder dinero y deja de cometer tonterías que ponen en peligro a todos los demás.
Nos hemos manifestado porque las multas por manejar ebrio fueran del orden de 10 mil o más pesos, de forma tal que nadie vuelva a hacerlo una vez que pague esa fortuna por concepto de infracción.
Uno de esos “defensores” de las clases humildes nos reclamó la postura, argumentando que los pobres no tienen tanto dinero para pagar esas multas. Vamos por partes.
Un pobre no maneja, y cuando lo hace, tiene que tener cuidado al igual que un rico o uno medio y medio, porque la cultura vial no respeta carteras o cuentas bancarias ni estratos socioculturales existentes.
Si en manos del columnista estuviera la representación popular, pediría, en bien de la gran mayoría, al flamante alcalde que entrará en funciones el 1 de enero próximo, que NO disminuya el importe de las infracciones, pero que se garantice que se aplican en forma adecuada y no conforme al criterio de un agente que muchas veces lo que hace es ensañarse con el automovilista sin considerar las verdaderas causas de la infracción.
Le pediría, también, que no dieran más comisiones a los agentes de tránsito, porque esta medida ha propiciado, lejos de permitir un mayor control y flujo adecuado de vehículos, el que se aposten en cruceros con sus “pistolitas” cazando a cuanto automovilista pasa, porque cada infracción significa dinerito para ellos, o sea, no se vale que se les pague un salario y comisión por infracción.
En todo caso, que les quiten el sueldo y vivan como comisionistas, pues.
Quien viene a ocupar la silla del 17 Hidalgo es una persona mucho muy inteligente, con experiencia en la administración pública y una persona proveniente de familias con educación, o como dijera la abuela: decentes por donde se vea; de esta forma, no necesitará hacer topillos para evitar responder al gobierno y la gente que lo llevó al cargo.
Don Miguel es un hombre decente, pues, y no puede pensar en castigar con menos severidad a ese grupo de “intocables” e irresponsables que manejan ebrios, o aquellos salvajes –léase, peseros- que manejan a una velocidad peligrosísima.
Le pediríamos a Miguel que vigilara que los agentes cumplan con esa función preventiva, porque la verdad, da miedo ver cómo pasan los conductores, así como la velocidad en que lo hacen.
Insistimos: Miguel sí es un hombre bueno, inteligente y bien intencionado, por lo que hacemos votos porque pueda gobernar y meter en cintura a esos que mencionamos antes, así como a los que no utilizan placas de circulación o a los que se sienten intocables.
Entonces, podremos gritar a los cuatro vientos: “No nos equivocamos”, y Miguel seguirá siendo el gran alcalde que espera la capital del estado.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!

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