Navegar por los portales y encontrar fotografías de políticos de cualquier partido fundidos en un abrazo es algo así como una ofensa a la inteligencia humana, al sentido común, y sobre todo, a la sociedad, misma que es la que paga y que es a la que se deben.
Ofende, por ejemplo, ver el tipo de coaliciones que se formaron en este año no para gobernar o ganar, sino para “ganar al PRI”, porque lo declararon una y mil veces: ese era el objetivo.
No podemos, por ejemplo, pensar que los militantes del PRD puedan pensar igual que los del PAN, porque la ideología política de ambos institutos políticos es distinta, completamente distinta. Es algo así como querer que protestantes y católicos se funda en una ceremonia religiosa conjunta.
Sin embargo, Jesús Ortega y “Navita” nos vendieron la idea, solapada por muchos medios, de que la coalición obedecía a otros intereses. Finalmente, confesaron que su problema es el odio al PRI y la necesidad de vencerlo.
Nos recordaron a los culés con los madridistas, o a los del Politécnico con los de la UNAM en el clásico de fútbol americano.
Pero, claro, el fútbol americano o el soccer son más serios y respetables que cualquier partido político.
Y para colmo, vemos una fotografía del dirigente del PRD en la entidad con los hermanos Chavira, aquellos que, se ha denunciado, no pagan cuotas al partido que les da de comer –y muy bien- y les ha permitido conocer buenas marcas de ropa y menús de restaurantes de lujo.
Hoy, se presentan y se abrazan cálidamente con Jorge Mario, aquel hombre que fue ofendido por el propio hermano Chavira, cuando, en una conferencia de prensa le interrumpió y reclamó muchas cosas.
Abrazado Sosa Pohl con Diana, la hermana del que le insultó y que hicieron diputada; aquella mujer que subía a la tribuna para criticar todo lo que se hace y lo que no se hace. La mujer que negó el pago de sus cuotas obligatorias.
Hoy, amorosamente, se les ve en una fotografía atípica que se publica.
Esas cosas y un poco más nos han permitido a muchos no creer en la “partidocracia” y en la necesidad de que las autoridades competentes – el término, porque les compete, no porque lo sean- retomen la figura del candidato independiente.
¿Cómo votar siendo panista, por ejemplo – solo ejemplo- por López Obrador?
¿Podría un perredista garantizar un voto para Navita, el flamante esposo de Patilú?
No es congruente que siendo blanco vaya uno por el negro.
Luego, los partidos nos regalan conferencias de prensa donde dice alguno de sus dirigentes que hay democracia, y “brinca” alguien para reclamar que no le dieron una candidatura, o que el proceso estuvo amañado.
Los que realmente tienen arrastre popular y trabajo partidista son relegados, y luego, se van en forma por demás traicionera aunque un poco entendible, a otro instituto político y ganan, haciendo ver a su ex partido que se han equivocado. Tampico es un claro ejemplo.
También vemos a dirigentes de partidos “chiquitos” cuya ambición es estar en los primeros lugares de las listas plurinominales para garantizarse un salario decente –insultante, diría un obrero- por tres años. El ejemplo claro lo tenemos en grupos políticos como el Partido del Trabajo, donde la verdad, es insultante la manera en que reparten el botín, entendiendo como tal los cargos de elección popular con salario de por medio.
Y podemos citar mil ejemplos y nos faltarían más.
No es válido traicionar de esa manera a la ciudadanía, a la militancia, a los que votamos y elegimos a nuestros gobernantes y representantes, porque, finalmente, es a quien se deben y a quien tienen que servir.
Aprovechan para servirse con el cucharón sopero, dando apenas a sus militantes con la punta de la cuchara cafetera.
Sinceramente, si el columnista fuera del PRD, que, aclaro, no pretendo afiliarme a ellos por no coincidir con mis pensamientos y formas civilizadas de pensar acerca de la manera de hacer política, pero si fuera, me estaría insultando el hecho de ver a Sosa y a los Chavira abrazados, cuando antes y durante el proceso electoral se dijeron todo lo que se podía.
No disimularon la suciedad de los trafiques que hacen en el PRD y que les han llevado a perder simpatizantes en el país por millones.
No disimularon tampoco la manera en que vendieron sus movimientos y se entregaron unos a otros, traicionando, con mayúsculas, a los que creyeron en ellos, esos que son pobres realmente y que pensaron que era en serio lo de “primero los pobres”.
Nunca pensaron en que había que extirpar el tumor, no vivir con él ni trasplantarlo a sus entrañas.
La verdad, me daría vergüenza estar en un partido político que permite traiciones como las que he mencionado. No votaría por ninguno de ellos. Ojalá se pueda elegir a un candidato independiente, porque, al menos, sería congruente con su discurso, y si tenemos suerte, podría resultar alguien también con esa cualidad perdida en los partidos: la honestidad.
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!