ORBE/Ma. Teresa Medina Marroquín*Un monopolio más

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“El movimiento no existe fuera de las cosas, pues todo lo que cambia, o cambia en el orden de la sustancia o en la cantidad, o en la calidad, o en el lugar.
Aristóteles

La administración del Presidente Felipe Calderón se ha caracterizado por su gusto en la proliferación de los monopolios en cada uno de los sectores de la iniciativa privada y, de paso, en empresas paraestatales.

Durante su gestión, hemos visto la facilidad con que se desaparecen sindicatos y compañías, como la de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) sin que nadie objete tales decisiones, salvo los trabajadores y sus familias directamente afectadas.

La industria de las telecomunicaciones, de la construcción, pesca, minería y no sé cuantas más, también han sido beneficiadas con la política calderonista de apoyar a unos cuantos.
Vaya, hasta en la delincuencia organizada existe la tendencia de crear un solo grupo.
La Real Academia de la Lengua Española define la palabra monopolio como el “ejercicio exclusivo de una actividad, con el dominio o influencia consiguientes”.

Y pues todo parece indicar que ahora toca el turno a la propia federación entrarle al negocio de los monopolios.

Con el objetivo de “lograr que, sin importar quién gobierne o a qué partido pertenezca, los mexicanos estén protegidos por una policía honesta y profesional”, la semana pasada Calderón envió al Congreso de la Unión la iniciativa para crear la Policía de Mando Único.

La idea es eliminar a las más de dos mil policías municipales que existen en nuestro país para dar paso a 32 corporaciones estatales de mando único, una propuesta que, dicho sea de paso, ha sido respaldada por los gobernadores del país, tal vez porque sea una forma de lavarse las manos ante su ineptitud para poner orden en las mismas, o tal vez para tener a quien culpar si las cosas fallan, aunque se pretende que los gobiernos estatales, de acuerdo con su contraparte federal, sean los responsables de nombrar a los mandos de cada corporación, quienes también rendirían informes a los mandatarios locales.

Felipe Calderón expresó que esta iniciativa busca poner orden en la competencia y mandos de las policías locales; establecer mayor coordinación y sistematización homologada tanto del reclutamiento, selección, controles de confianza como de los reconocimientos, ascensos, prestaciones e ingreso de las policías en todo el país.

El problema es que esta administración federal no se ha caracterizado precisamente por la competencia, la coordinación y los controles de confianza, por lo que poner en sus manos la seguridad de los mexicanos no es garantía de tranquilidad.
Más bien se antoja para que sea una nueva preocupación para la sociedad.

Desafortunadamente uno de los problemas de México es que ocupa los primeros lugares de corrupción en el orbe entero, un problema difícil de erradicar por no decir imposible.
Otra dificultad que presentaría la creación de esta policía única es que de entrada tendría un costo del orden de los dos mil 400 millones de pesos, dinero que ya está considerado en el presupuesto para el 2011, pero eso es solamente para poner en práctica la iniciativa presidencial.

Pero eso sería sólo para el próximo año.

Después los gastos tendrían que ser absorbidos por los propios gobiernos estatales y la federación se desentendería del asunto.
Sin lugar a dudas en la zozobra en que actualmente vive nuestro país esta iniciativa representa un tema controversial donde cada quien tiene su personal punto de vista, como los abogados que dicen que “sólo se le va a dar un cambio de nombre a la policía porque es una estrategia que está condenada al fracaso desde ahora”.
¿Y usted qué opina, amable lector?
En fin, pues no me resta más que desearle un excelente inicio de semana y recuerde que en familia siempre se vive mejor.
Hasta la próxima.
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