Hay cosas que no debieran proponerse por lógicas, o simplemente, porque no es posible comprobarse.
Tal es el caso de la bancada panista del Congreso del Estado de Tamaulipas, en el sentido de que ahora quieren que quienes enfrentan un proceso de divorcio estén impedidos para “descalificar” a su pareja ante sus hijos.
Los expertos en asuntos de terapia familiar y demás tienen muchas opiniones al respecto. Hay un libro –ya lo comentamos hace unos días- cuyo título es, palabras más, palabras menos, “divorciarse… o destrozarlos”, y que se refiere precisamente a una etapa en la vida conyugal que no es nada agradable, y quienes vivimos una experiencia similar lo sabemos de sobra.
Siempre pensamos que, si se llega a decidir romper el vínculo matrimonial se debe hacer sin afectar lo más importante y sagrado: los hijos, pero la realidad es otra.
Los hijos resultan afectados por el simple proceso de separación de sus padres, y es que algunos tienen más cercanía siempre con uno de los padres, lo que resulta difícil cuando quien se va de casa es precisamente esa figura que les acompaña y demás. Cuando sucede lo contrario, muchos de nosotros aprovechamos para exaltar las deficiencias de la pareja, los errores y defectos, como para justificarnos ante los vástagos. Esto, aunque muchos lo niegan, se presenta prácticamente en todos los casos.
Hoy resulta que, amparados en su trabajo legislativo, los miembros de la llamada bancada panista, es decir, parte de esos diputados que no son representantes populares porque llegaron por casualidad y amiguismo y no por la decisión de las mayorías, y que se les llama plurinominales, en un acto que pretende justificar la variedad de voces en el Congreso, sin importar que no los elija el pueblo, como reza la ley, ahora piden adiciones al código Civil de Tamaulipas para que se “prohíba” a uno hablar mal del otro.
Las ofensas no están permitidas, no son buenas, todos lo sabemos, sin embargo, cuando vamos manejando y se cruza un inexperto conductor, ya maldecimos o con el claxon le mandamos un recordatorio maternal.
Cuando los del equipo contrario toman la pelota, les gritamos hasta de qué se van a morir para “presionarlos”. Nada de ello es legal, y la ley habla de sanciones para quien ofende.
Entonces, no entendemos por qué quieren presentar la iniciativa de decreto para adicionar a los artículos 259 y 260 lo referente al divorcio y las ofensas.
Dice la iniciativa que en tanto se decrete el divorcio, los cónyuges deben evitar cualquier acto de manipulación encaminado a producir en los hijos rencor o distanciamiento hacia el otro cónyuge, lo que será valorado por el juez y considerado en su resolución.
¡No se midieron! Lo que quisieron manejar es que, cuando el padre esté con los hijos no hable mal de mamá y viceversa, aunque haya motivos de sobra para hacerlo, lo cual es comprensible, dado que nadie tiene la autoridad para descalificar al padre o la madre.
Pero los legisladores panistas decidieron que papá no hable mal de mamá, que mamá no hable mal de papá, que las tías y tíos tampoco lo hagan. Habrá que poner micrófonos en las casas.
Hay que pensar que, cuando se está casado, a veces uno dice algo así como “es que tu madre no pensó en tal o cual” y cosas que pueden llevar a los hijos a pensar que uno de sus padres ha cometido algún error. Ya nos enredamos, pero el caso es que, los legisladores por dádiva de un sistema generoso con las minorías políticas, han decidido poner todo su entusiasmo en evitar que mami ofenda a papi, cuando hay asuntos que merecen su atención inmediata.
Tenemos una ley de imprenta que data de casi cien años y no se ha actualizado, o reglamentos como el de tránsito que resultan anticonstitucionales; hay una ley de adopción pendiente y de vigilancia para el cumplimiento a los derechos de personas con discapacidad.
Y ellos, preocupados por la probable palabra soez de papá o mamá.
Es increíble en qué se entretienen los que dicen que legislan, los que tienen oficinas y todas las comodidades no ganadas en las urnas y pretenden hacer leyes.
No, señores, no se vale.
Como ciudadanos tamaulipecos les exigimos, en primera instancia, que tomen su papel dentro de la historia política y administrativa de la entidad, y en segundo lugar, que dejen de descalificar a miembros de otros partidos y atiendan la agenda personal, porque, la verdad, deja mucho que desear su trabajo.
Nos hace pensar que los muchos pesos que se llevan a su bolsillo son mal ganados, y eso, en cualquier parte del mundo, se llama fraude, robo, estafa, porque no se devenga ni se justifica su pago.
Procuren mejorar su calidad legislativa y estar a la altura de las necesidades del Tamaulipas que nos ha tocado vivir y que, a pesar de tener un código electoral donde se permite que lleguen al Congreso personas sin la validación popular, es decir, sin los votos conducentes, que se pueda dignificar su función. Dejen de subir a la tribuna a ofender y quejarse de la “aplanadora priísta”, y por favor, a nombre de los 3.5 millones de ciudadanos del estado: ¡pónganse a trabajar y desquitar su salario!
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Atentamente: Mtro. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!